Pequeña...Laura non c´e... |
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Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2008. Resumen
Todo pasa y nada quedaSeptiembre. Sí, duele tener que afirmarlo pero todos mis septiembres son jodidos. Recuerdo tres especialmente. En uno de ellos, se volvió a alejar de mí la persona que siempre me ha acompañado, la persona que siempre ha estado al cuidado de mí, la persona que sembró mi vida de cariño, de libros en forma de regalo y me despertaba a medianoche para enseñarme un pequeño Donald que había conseguido en la feria, para mí. (Echo de menos esos tiempos). En el segundo de esos jodidos septiembres, descubro una verdad absoluta, una verdadera putada, una de esas cosas que se te quedan grabadas en el alma y no se te sueltan. Como un pellizo prolongado que te deja un par de lágrimas en los ojos, y se vuelven escarcha, y te acompañan todo el invierno. Un invierno que pasas igual de jodido que el mes de septiembre. Intentas resurgir, salir a flote, aunque sea a través de la respiración de las personas que te acompañan, te dan una palmada en la espalda y te dicen que estarán ahí. El tercero de los septiembres, las cosas siguen cambiando. La rueda gira, pero esta vez, hacia el otro lado. Dejo de creer en la persona que aportaba su parte de sentido a mi vida. Dejo de confiar, de querer, dejan de apetecerme cosas, dejo de pensar. Lloro, sí, pero por la rabia de descubrir algo que no quería, de ver algo que no pensaba que vería en su ser, en su alma, y en su forma de actuar y tratar. Si es cierto que nadie somos perfectos, de hecho yo adoro la imperfección, pero creo que es innato tratar bien a alguien cuando le quieres, al menos cuando existe una mínima porción de cariño, que siempre ha estado ahí, y que nunca se borró del todo. Ni siquiera se empañó. O sí, en cuestión de poco tiempo, los pensamientos cambian, y los sentimientos también. Cuesta creerlo, pero he aprendido a ver esos cambios que duran horas a través de las personas. De las que me han rodeado. Ahora, si me quedo aquí sentadita, con las manos frías y el corazón caliente, pienso que sólo me duele recordar el primero de esos septiembres. Que el segundo y tercer septiembre me resbalan, que no me importan lo más mínimo. No me aporta nada pensar en las personas que se han encargado de hacerme sentir más pequeña de lo que ya soy, en robarme porciones de mí, en sacar lo mejor de mí y dejarme sin nada, o al menos, con lo que me hacía falta. Lo bueno de pasar esta clase de septiembres, es que maduras como nadie, que aprendes como nadie, que no hace falta acudir a ningún tipo de clase especial o a algún tipo de terapia para que te expliquen en qué consiste la vida. porque ya lo estás experimentando. Y resulta que incluso a esas dos personas les debería dar las gracias. Han conseguido que deje de confiar en estupideces, en palabras disfrazadas de buenas mentiras, o penosas excusas. No, nunca se me dio bien eso de recibir excusas a tiempo. Porque ni a tiempo soy capaz de aceptarlas, ni justificarlas, claro. Es penoso también tratar de buscar alguna excusa para alguien que formó parte de ti ¿no? para alguien que te amó, en su justa o no medida. Supongo que yo misma me busco estos septiembres, por diversas razones que todavía siguen conmigo. Pero ya no lloro, ya pasó esa etapa. A veces los septiembres se alargan y la mitad de octubre también es jodida, pero entonces y de repente, encuentras motivos por los que sentirte llena de vida. Dejas de empapar la almohada, dejas de necesitar llamadas, dejas de leer palabras que tampoco te dirían nada, dejas de querer la presencia de esa persona que antes siempre estaba a tu alrededor (en tu entorno), ahora todo es diferente. Ya no quieres a esas personas en tu entorno, no te aportan nada, nada que te merezca la pena, nada que quieras contigo. Ni ahora, ni después. Y sentir esto, después de dolor y decepción, mola. Simplemente sonrío porque la etapa de asimilación llegó, y posteriormente, la de acomodación, me hizo sentir segura. Aprendí a vivir con cambios, y a partir de esos cambios empecé a tratar y a vivir. Y vivir es lo más bello y apetecible que tiene la vida. Sólo hace falta un par de sonrisas por las mañanas, tener las cosas claras, y echar pestillo a la puerta. También una mirilla, para ver quién está detrás, y decidir quien pasa, y quien no. Ahora todo está claro, clarísimo. Sé quien quiero que pase y arañe mi alma y rasque en las paredes de mi cuerpo para saber cada secreto, y descubrir cada uno de mis pensamientos con tan sólo rozarme, y dedicarme una bonita palabra. Una sola. Olvido los jodidos septiembres, y me quedo con diciembre. Sí, hacía tanto tiempo que quería decir esto, y éste era el momento. Feliz Diciembre a todos! Viernes, 12 de Diciembre de 2008 14:11 Autor: scarlett. Hay 1 comentario. Días tranquilos![]() Como los días tranquilos en los que sientes que nada puede estropearse, como los días que te agarras a tu madre y llueve, sí, pero sólo un poco. Abres el paraguas, lo cierras. Te tirita la piel de los brazos y a tu pelo se le antoja jugar con el viento. Miras hacia cualquier lado, porque cualquier lado sirve. Cualquier ola merece ser contemplada, aunque estén algo enfadadas, aunque se enojen con la arena que les espera a la orilla... Pero este fue un día tranquilo, lo recuerdo, (me) recuerdo y sonrío, fue un día en el que la vida merecía muchísimo la pena. Porque entonces tenía cuanto necesitaba en ese momento. Las palabras, compañía y risas de una madre, y a la vez, la persona que más me ha sabido querer en mi v ida, y la que más me quiere a estas alturas de mi vida. La que me ofrece porciones de cariño hasta en los consejos y en los breves y continuados enfados desencadenados por motivos muy tontos, de los que terminamos riendonos, o de los que ni siuqiera nos acordamos cuando ella dice "vale", y yo "pues vale". Como los días tranquilos caminando por una ciudad que acabas de conocer, y sientes que quieres quedarte, que no quieres volver porque sabes qué va a pasar. Qué vas a sentir. Te quedarías con los ojos cerrados y las manos abiertas, el corazón atento y el alma sellado a dedos desconocidos, de momento. Ese día fue así, bonito, alegre, perfecto. Pies cansados que querían seguir andando. Ojos brillando que querían seguir mirando. Manos frías que querían seguir calentando(se). Pasos firmes y sonrisa permanente. Nada mejor que eso. Nada mejor que vivir tu propia vida, obviando cosas que dejaron de importar hacía 1 día, 5 minutos o tres segundos. Y te olvidas de todo lo que te ha hecho daño, porque ni siquiera merece la pena recordarlo. Como los días tranquilos, sentada sobre una roca, sintiendo, viviendo... Como ese día que volvería a vivir un día tras otro... donde todo lo banal queda lejos, y lo más importante, permanece cogido a tus tobillos, a tus manos y a tus brazos. Tu boca se abre para regalar sonrisas al mundo. Tus ojos llevan otro color y el día parece ser distinto. Porque es distinto. Y escapas de la vida que llevabas teniendo durante tanto tiempo... te desprendes de personas que ya no te apetece tener, te quedas con la persona que te vio nacer, y te ayuda a vivir, paso a paso. Y no , algo como eso, y como los días tranquilos, no hay nada. Sábado, 13 de Diciembre de 2008 10:34 Autor: scarlett. Hay 1 comentario. Órdenes de preferenciaMe pregunté si prefería perder(te) a olvidar(te). Me pregunté al cabo de diez segundos, si ambas cosas no terminarían por significar lo mismo. Tampoco me importó. Dejé de pensar, pero no de preguntarme. Ilógico, tal vez. Pero tampoco me importa (ya). Me pregunté si prefería quedarme al margen o seguir contando en tu vida. Me pregunté si era mejor mirar para atrás con el fin de coger impulso, o de mirar hacia delante ignorando la cantidad de hostias que podrían esperarme si avanzaba. Me pregunté si era eso lo que yo quería, o retroceder y pedirte que cambiaras. Me pregunté si eras de verdad así, o era la vida. Que todo lo jode,deforma,cambia,mueve de sitio y transforma de una manera alucinante. Me pregunté si era aquello lo que tenía que pasar para mirar a la vida con otros ojos, o si simplemente eras tú, viviendo otra vida, preocupándote por ti, por ti, después por ti. Me pregunté si era eso lo que más me dolía, o si era la ausencia de tus ojos en mis ojos. Me pregunté si yo me lo merecía, o si lo que debía hacer era salir corriendo. Y de alguna manera, lo he hecho. No estoy demasiado lejos, ya sabes, físicamente. Pero en realidad, estamos a años luz. No ya sólo de entendernos, como me gritaba en silencio hace meses. Sino que estamos a años luz de todo, de volver a saber mirarnos a los ojos sin dolernos, de volver a creernos cuando lancemos cualquier palabra, aunque estúpida, al aire que juntamente respiramos. A años luz de oxigenarnos. A años luz de querer aprender de nuevo cómo podemos recomponer(nos), como volver a constuir el muro. A años luz de volver a ser quienes éramos, si es que aquellas dos personas valían demasiado la pena como para compartir tanto tiempo juntos. A años luz de sentarte a diez cm de mí, en la misma alfombra que siempre para sacarme de quicio diciendome que esa no era la película que querías ver. A años luz de volver a compartir las tardes de los domingos. A años luz de marcar nuestro número de teléfono y escucharnos. A años luz de rozarnos la mano o mantenernos en silencio, diciéndonos todo a la vez. A años luz de que seamos personajes importantes, con un deseable guión y un bonito escenario. Y quizá yo esté todavía a más distancia. Supongo que es así y no me da miedo admitirlo. Tampoco rabia. Podría ser diferente, sí, pero yo estoy bien así, y mentiría si dijera que no me ha costado aprender a no tenerte. Y sobre todo, aprender a restarle importancia al hecho de no poder confiar en ti. Siempre imaginé que no llegaría este momento, en el de tenerte a mi lado y no querer contarte mis problemas, porque no puedo depositar en ti la confianza que antes me sobraba (y a raudales). Pero es así. Creo que tú también lo has admitido, y estarás de acuerdo conmigo en que no hay nada mejor que eso. Bueno, igual mejor que eso sería que todo fuera más o menos como antes, pero yo ya no quiero eso. Sinceramente, no me apetece, no tengo ganas, y más que ganas, no tengo fuerzas. No puedo volver a empezar de 0, no puedo empezar de nuevo otra casa y comenzarla por el tejado no nos saldría rentable. Por lo tanto, sólo puedo dejarte palabras. Ya no suenan a cariño, tampoco a necesidad, ni a bienestar. Pero tranquilo, yo estoy bien, y seguiré estando bien porque todo está casi en calma. Mi vida no toca la tuya, y es así como quería que estuvieran las cosas. No he tardado demasiado ¿verdad? Nunca quise estorbar, nunca quise estar donde no me tocaba, y menos, donde no me apetecía. Y entre mis órdenes de preferencia, se encuentra, y en los primeros puntos de la lista, el respeto. Es lo más preciado, lo más importante. Lo que debemos guardarnos aunque los años pasen y no sepamos (re)encontrarnos. Y en otro de los puntos, el esfuerzo mutuo de no volver a recordarnos reproches, ni a mencionar ciertas palabras que escuecen, a pesar de no sentir ya nada. Que el tiempo te cuide. Yo estaré bien. Martes, 16 de Diciembre de 2008 12:56 Autor: scarlett. Hay 1 comentario. Que me apetecesNo entiendo por qué la vida nos ha puesto tan lejanos. Ni siquiera comprendo por qué mi vida tuvo que separarnos. Justo cuando estábamos conociéndonos y todo podía empezar a ir bien. Sí, pude cegarme por razones que en aquel entonces eran más que estúpidas, pero tú siempre estuviste ahí. Paciente, tranquilo, pero sobre todo, sonriente. ¿Y sabes una cosa? Creo que las tres cuartas partes de mi vida las he pasado sonriendo. No sé si eso significará algo, no sé si algunas sonrisas me sacaron de algún apuro o si todas ellas me hicieron realmente feliz, pero ahora creo que puedo serlo. Porque has aparecido, de nuevo y supongo que no hay nada mejor que eso. No concibo que tú seas el peón negro y yo el alfil blanco, y no nos podamos cruzar, ahora, ahora mismo. Ni tocar(nos). Pero existe todo lo demás, que prepondera a cualquier otro obstáculo en el que ya no pienso porque sé que no es suficiente para alejarnos (más y de nuevo). Te siento cerca y eso me hace sentir bien conmigo misma. Te oigo y se me acumulan las sonrisas, unas detrás de otras. Te leo, y me muevo rapido porque tengo ansias de ti. Eso, eso y más. Y a veces no puedo expresarme y no sé como hacerte entender... ...que podemos conseguir que no volvamos a estar tan lejos, si tú me esperas. Si sigues siendo paciente y si sigues pensando que esto vale la pena, que puede ser real. Y sigo sonriendo, porque ya no me hace falta abrir los ojos para saber que esto está en mi vida, y que tú la has cambiado. Que me apeteces, que yo también te espero. Pañuelo![]() Hoy me duelen las piernas, las rodillas, y si cabe, también los pies. No sé si es de andar, sólo sé que, ahora, puedo decir en voz alta que no es de tropezar. Al menos, no, no ahora. No me duele el corazón, al menos no tanto como en años pasados. Y el alma, se mantiene intacta. Deja sentirse, deja que se avalancen sobre ella pero con suavidad y cariño. Con restos de amor descafeinado. Con retales de dulzura interminable. Con cosas por decir y por dar. Por recibir. Hoy no me duelen los ojos de llorar ni la boca de no sonreír. Quizá hasta tenga calor en esta mañana de diciembre y me apetezca desnudarme el cuello, y que entres en mis entrañas. Y que te quedes, si quieres. Invitado, estás. Puedes pasar, quedarte, acariciarme. Puedes hacer eso y contarme qué has soñado esta noche, y si pasée a tu lado, o si escuchaste mi voz. Puedes acariciarme el pelo, desordenármelo, quitarme los pendientes y hacerme otro nudo al pañuelo que me puse para ti. Quizá hasta te quiera y no sepa decírtelo. Quizá hasta te tenga, y no sepa verlo. Jueves, 18 de Diciembre de 2008 10:53 Autor: scarlett. Hay 3 comentarios. Saber volverEs bueno volver a tu lugar de origen, aunque sea para comprobar con tus propios ojos que las cosas no han cambiado tanto. También es gratificante prometerse algo a sí misma, ilusionarse y llevar a cabo un propósito, sí, paradójicamente un propósito que llega antes de finalizar este año y comenzar uno nuevo que está a la vuelta de la esquina, con los ojos medio cerrados y los dedos cruzados. Proponerse, por ejemplo, reencontrarse con la amiga de la infancia, y poder compartir tiempo, charlas, confidencias...pero sobre todo tiempo. También es bueno volver a ver a personas que hace casi una década que no ves, y la intriga te inunda por saber cómo estará, cuánto habrá cambiado, o en definitiva, cómo se encuentra su vida. Es bueno ilusionarse, comprar un par de billetes y escaparse. Difícil que ciertas personas no comprendan por qué te marchas, difícil que tu madre ponga una bonita sonrisa mientras te marchas cuando es casi Navidad y probablemente te quiera para sí misma. Pero ella siempre me tiene, quizá debería comprender que necesitaba esto. Que es algo que me debía hace mucho tiempo, y éste era el momento. Nunca lo hubiera imaginado, pero ha llegado así sin más y debo seguir caminando, sin miedo a nada. Sin miedo a cualquier bache que pueda aparecer, y sin miedo, también, a los días soleados que de tanto brillo, puedan hasta asustar. De los bellos que son, y de la belleza que nos aporta a nuestros días. A nuestros días de diciembre, casi de invierno. Es bueno recordar, pero es todavía mejor intentar revivirlos, o crear otros mejores a base de abrazos nuevos, palabras de antaño y miradas sentidas. Es bueno querer y sentirse querido, sentirse cerca de quien se alejó y acariciar a quien se quedó a un margen porque la vida nos separó. Es bonito saber volver. Y retener las lágrimas e intentar controlar nuestras manos, que tiemblan, de ilusión, tal vez, de nervios y a la vez de tanto amor. Amor que siempre se quedó por dar, en cualquier escondite que no supimos encontrar, o que los demás nos habían hecho olvidar, por egoísmo, o quizá por amor también. Saber volver. Me gustan estas dos palabras. Y todavía más saber que puedo acortar distancias y volver a querer.
...Y en cierta manera... sé que vuelvo a casa por Navidad... Viernes, 19 de Diciembre de 2008 11:05 Autor: scarlett. Hay 3 comentarios. |
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