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Descubriendo

Descubriendo

Descubre que por momentos, es tonta. O le hacen creer que lo es. Descubre la realidad y la contempla en primera línea. En primer plano. Ya no se asusta, porque no le sorprende, tampoco. Simplemente le gustaría pensar que esto no ha llegado, tal y como lo ha hecho, y que ahora, sus mundos, están a años luz de mezclarse. Ya no hay encuentros, ni palabras, ni mucho menos hueco para un poco de tiempo, y honestidad. Le hubiera gustado descubrir parte de si mismo meses antes. Solo asi hubiera podido acostumbrarse a cosas que han llegado y que, en cambio, segun que personas, son mas y mejores. En otras circustancias, aunque en mismos lugares. Ella descubre que esto no merece la pena, que tampoco debe lastimarse, porque cuando no queda nada, tampoco queda nada perder. Y entonces, si mira a través de la ventana y le deslumbra el sol, sonríe, y se siente más afortunada. Se agarra fuertemente a si misma porque siente que solamente se tiene a si misma. No quiere provocar mas preocupacion en su madre, que le mira de cerca cada mañana y cada noche cuando ella regresa de la facultad, para ver, tal vez... si está bien...tal vez, si está sonriendo...tal vez, si es feliz... No se lo pregunta, porque sabe que tiene el 90% de posibilidad de escuchar la respuesta que no quiere escuchar. Tal vez...se muera por dentro al ver a su hija con esos ojos y esa boca cerrada con la comisura de los labios apuntando hacia abajo. Y la esperanza arañando el alma para no desgastarse, y dejar de existir, así, y vaciar un poco mas su vida. La de ella. Claro. En su mundo. En sus días. En sus cosas.

Descubre que la amargura tiene diferentes sabores, dependiendo de las etapas por las que se esté pasando. Le gustaría pensar que en su vida, al menos, uno de todos los hombres que han pasado a su lado, ha valido la pena, y le han querido de verdad, hasta tal punto de seguir queriendo que ella sea feliz, o, al menos, que no pierda parte de la sonrisa con la que, ella cree recordar...enamoró a alguno de ellos. Diferentes sabores, y sinsabores, también. Porque hay días que siente, y otros que no siente nada. Y hasta anoche pensaba que era mejor sentir que no sentir nada...hasta que llegó él, y le dijo al oído bajo luces de colores parpadeantes y música pop en inglés saliendo de bafles que ocupaban una cuarta parte de ese local; que era mejor no sentir. Que quizá compensaba mejor no sentir nada, para no sentir tampoco dolor cuando algo se acababa, o se estropeaba, o se mandaba a la mierda. Al fin y al cabo, dolor es dolor. Piensa ella.

Descubre que ya nada tiene valor porque se han encargado de ir robándolo a grandes pasos. Se queda bailando con los brazos agitados y la mirada perdida, pero, sonriendo, esta vez. Se sorprende. Le duelen los pies, pero ya no tanto el corazón. Ya no moja la almohada azul cada tres noches. Ya no siente que se equivocó algún día, tampoco que fastidió algo que era demasiado bonito. Piensa mucho y deja de dudar. Porque cada vez lo ve todo más claro... y le hubiera gustado que no fuera así, pero es lo que tiene la vida...que a veces te ofrece verdades como puños, a través de gestos, acciones y palabras (o a través de la ausencia de alguna de estas cosas). Y le hubiera gustado otro tipo de final, o de principio... sí, tal vez sea principio.

Descubre... sigue descubriendo. Y cierra los ojos. Porque ya todo se ha acabado. Y parece triste, pero no lo está. Hoy no. Hoy siente cosas, y echa el candado a su alma, y llave a su corazón. Pone un cartel de "ausente" en las entrañas y "ocupado" en el inconsciente. Y vuelve a saborear la vida.

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1 comentario

Maria -

Este texto vuelve a sacar lo mejor de ti escribiendo. Excepcional, sin duda. Y tambien por el significado. Ya contaras.

Voy a volverlo a leer :)
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