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Pequeña

No puedo irme

Me resulta casi imposible mirarte y no pensar en otros tiempos. Me resulta difícil quedarme a tu lado y no sentirte. No poder sentirte. Me resulta irónica la situación de tenernos frente a frente, y no decirnos nada, como si todo estuviera dicho, como si no quedaran cosas por decir, como si mis ojos o tu boca no dijeran nada. Me resulta especial acostarme y pensar, por largos momentos, en ti, y en lo que podrías ser, si dejaras que te cuidara, que te llevara lejos... Es difícil conseguir que todos los días sean diferentes, pero siempre se puede intentar. Soy cabezota, lo sé. Pero de nada sirve la cabezonería cuando las señales, las pequeñas palabras, los gestos recién nacidos...comienzan a extinguirse. De este modo sólo tengo la posibilidad de dirigirme a la tienda de zapatillas, comprarme unas nuevas, unas que parezcan que van a durar mucho, mucho tiempo... Y comenzar a correr. Como aquel hombre incansable, y sensible, y real, de aquella preciosa película, en la que no dejaba de correr, aún, sin ningún motivo aparente. Le creció el pelo, la barba, desgastó su cuerpo, crecieron sus músculos y apareció en la televisión, en los periódicos... sin pensar que la mujer de su vida le vería desde el trabajo. Así vuelven las personas a la vida de los demás, de la manera más inesperada. Sin embargo, yo todavía no me he marchado, pero te juro que me encantaría irme, aunque sólo fuera por unos meses, y volver, y para cuando así sea, que tuvieras ganas de verme, de sonreírme, y sobre todo, de estrecharme entre tus brazos, y tardar más de cinco minutos en soltarme. Y después...mirarme de nuevo a los ojos y decirme que me has echado de menos. Mucho.

Pero...yo no me he marchado, y dudo que siguiendo en este mismo punto puedas empezar a echarme de menos, o quieras abrazarme, o sientas la necesidad de decirme que me quieres, aunque sólo un poco.  Y no, no me he marchado, y no puedo estar un año corriendo por las diferentes ciudades... no puedo huir, no puedo escaparme, no puedo volar, no puedo desprenderme de cosas que tengo que atender porque ya son una parte rutinaria de mi vida. No me he marchado y siento que me gustaría tanto que volviéramos a ser desconocidos, y así, tuvieras el deseo de comenzar a conocerme... pero ya no hay secretos entre ambos, ya no hay incógnitas, ya no hay datos que no conozcamos el uno del otro. Recuerdos. Sólo puedo tirar de eso.

Tú tampoco te has ido, pero..existe una diferencia... Y es que yo sí te echo de menos.

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