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Pequeña

Cambio de decisiones

 

Me gustaría que estuvieras aquí, pero no estás, y sé que, probablemente, estas palabras no te lleguen, y si lo hacen, ya no cambiarán nada en ti. Ojalá las despedidas nunca fueran tristes, pero te rompen el alma y te dejan un cielo gris al que te ves obligada a mirar. Es difícil vivir meses otra realidad que no te corresponde. Al final siempre te toca mirar la tuya propia.

Me gustaría que supieras que nunca me importó que estrujaras el dentífrico cada noche, o que dejaras media decena de vasos sucios en la mesa del salón, o la tele encendida sin querer. Tampoco me importaba que te dejaras la alfombrilla del baño sin recoger cada mañana o que arrojaras café sobre el mármol de la cocina y te marcharas (como siempre) con prisas y sin limpiarlo.

Me gustaría que nos encontrásemos, y ya tranquilamente, decirnos lo que nunca nos dijimos, y plantarnos todas las verdades a la cara, aunque algunas de ellas hagan daño, me gustaría que te sinceraras de verdad, y tuvieras el valor de decir que te vas porque no me quieres. No te he oído decir eso nunca, y la última vez que te fuiste tampoco lo dijiste. Es lógico que me muera de pena con tantas preguntas que me hago, y tú no quieres darme un respiro, y se me acaban las salidas. No encuentro ninguna que a priori me seduzca.

Me gustaría que pensases en mí, y en ti, en los dos, por separado y juntos. Quizá así, dedicando tiempo a esta historia que tanto te dio y te hizo crecer, significara algo para ti, al menos lo suficiente como para no acabar así, de esta forma. Si no quieres que te odie, todavía estás a tiempo. Me gustaría perdonarte, y sé que todas tus virtudes pueden sobreponerse sobre todos tus defectos. Pero se está haciendo tarde... y ahora mi vida es diferente.

Todo está limpio, ordenado, organizado, el dentífrico está como estaba antes de tu llegada, el café está íntegramente en la cafetera, y también los vasos están en el lavavajillas.

Estoy limpiando mi vida, limpiándola de grandes mentiras que fueron para ti, simplemente, excusas. O maneras de intentar pintarme más bonitos los últimos días en tu compañía.

Estoy limpiando mi vida de recuerdos inútiles, inservibles, que no me pueden decir mucho más que tu boca, que se cierra cuando algo de ti te empuja a decirme qué es lo que piensas sobre esto que un día con ilusión montamos.

Ahora estoy desmontando tus complementos en mi vida, y desechando ilusiones sin sentido. 

Tal vez ahora no piense lo mismo, tal vez ya no quiera verte, tal vez sea mejor quedarme con la sensación de que podrías haber valido la cuarta parte de lo que quisiste aparentar, pero creo que ya no voy a luchar por intentar cambiar las cosas, o eliminar mi sentimiento de culpa por dejarte estar conmigo.

Me gustaría que hubieras sido más real. Siempre supiste que la fantasía me enrabietaba, hasta en los libros que me leía de pequeña.

Y, al igual que de pequeña, enfrento esto con parte de fuerza y con lágrimas procedentes de la sin razón. Porque a lo mejor sigo mirando con el corazón y deseando con el corazón, y a lo mejor deba aprender a cambiar esto.

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