Pequeña...Laura non c´e... |
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FracturasSu imagen quedaba difuminada y su recuerdo vago. Ella quería olvidar por completo muchas de las cosas que tantas veces extrañó para comenzar a vivir. Quería hacerlo, quería obligarse a sí misma para poder hacer todas las cosas que hasta entonces había hecho. Todas sus acciones habían perdido mucha intensidad. Y seguía odiando y a la vez, temiendo, ese momento del día que acababa llegando, y dedicaba para pensar en lo que le faltaba. Demasiadas fracturas provocadas dentro de sí misma. Fracturas que no podrían recomponerse tan fácilmente. Ella quería alcanzar otro estado de ánimo, quería no salir a la calle con una sonrisa puesta que únicamente escondía tristeza. Quería dejar de jugar al escondite y elevar su ánimo. Encontrar un estado de paz. Pero era tarde para que lo encontrara. Había confiado en demasiadas cosas, y se había quedado esperando, sentada, también, muchas cosas, todas las cosas que ella hubiera hecho por él. Porque ella le quería. No había dejado de hacerlo nunca, sí le habían inundado algunas dudas a causa de las circunstancias que tenía que sobrellevar, pero jamás le había dejado de querer. Finalmente pensó que de nada le servía seguir queriéndole, había perdido las ganas de seguir amándole porque él no estaba respondiéndole de la misma forma. Porque las pocas palabras que le llegaron y que ella leyó al despertarse, no cambiaron nada. Al contrario, fueron palabras que apenas le hacían sentir bien. Él, y su propia vida, sus cosas, sus cambios. Ella y su espera. Sus sensaciones idiotas. Sus fracturas que le descomponían por dentro y le iban consumiendo cada vez, más y más. Pequeña. De nuevo sentirse pequeña y casi invisible. Pero de entre todas las cosas que habían provocado esas fracturas en su cuerpo, a ella le dolía enormemente que él ni siquiera dedicara parte de su propio tiempo a pensar en ella, en lo que ella estaría pensando o sintiendo. Él ni siquiera se preocupó por hacerle saber de él cuando era el momento indicado, y no después de tantos días en los que él había vivido, y ella, como de costumbre, había intentado vivir. Sueño eternoEn su sueño él le visitaba, le abría los ojos, provocaba el nacimiento de una nueva y bella sonrisa en su rostro. Sus ojos quedaban iluminados y sus labios desprendían vida. Sus brazos parecían flotar en aquella ciudad marcada por tanta humedad y sus pies dejaron de notar la dureza del suelo agrietado que componía la acera en la que ambos se encontraban amándose. Él estaba como siempre, con su pelo castaño y sus ojos castaños también. Con sus labios finos y su vitalidad primando por encima de todo. Él aparecía vivaz, más vivaz que nunca; ella sabía que eso sólo podía estar formando parte de un sueño. Ella sonreía, y contenía sus nervios y su felicidad. Era una extraña pero lógica reunión de sentimientos guardados pero a punto de salir por los poros de su piel. Esos sentimientos, mezclados, tenían también una especie de conformación: su felicidad lo ocupaba todo. Absolutamente todo. Sus nervios quedaron un poco más aplacados, detrás de esa felicidad, impulsándole a acariciarle con las dos manos su rostro dorado. Él siempre había sido así, vivaz. Esa era la única palabra que ella utilizaba para definirle. Ella amaba la capacidad que él tenía para vivir la vida, para aprovechar cada segundo, para dominar al tiempo... Ella moldeaba en pensamientos su cuerpo, sus piernas, su torso y su cara. Sus cabellos rebeldes, sus ojos rasgados y sus pequeñas orejas. Se acordaba perfectamente, aún cuando estaba 9 largos meses sin verle, en cada facción suya, y cada parte de su cuerpo. En este sueño ella debía marcharse, él se adelantaba a frenar sus pasos y sellarle los labios con su dedo índice y al mismo tiempo, hablarle, y anticiparle a decirle que había una cosa que debía escuchar. Ambos se quedaron en silencio. Él esbozó una preciosa sonrisa. Una melodía comenzó a sonar, comenzó a oirse en toda la ciudad. El sonido parecía llegar de lejos, pero se escuchaba a la perfección. Él había conseguido que en la ciudad colocaran altavoces enormes, y había conseguido que sonara la melodía que quería hacerle escuchar. No era concretamente la canción que años atrás habían bailado, pero era una melodía que en cuestión de segundos les había transportado al máximo punto del amor. Su beso pareció eterno. Y su felicidad también. Diseñadora de sonrisasSin pedirte nada a cambio diseñaste una sonrisa para mí. Una sonrisa única e irrepetible compatible a su vez con mi boca y mi garganta como tú dijiste. Planeaste el croquis, el boceto perfecto. Nunca obviaste la amplitud de mi boca y mi posible sonrisa. Sí. Mi sonrisa te importó. Sigue importándote que se extinga, por ello tú las creas. Las mías. Mis sonrisas. Y yo me acostumbraré y comenzaré a temblar si te marchas, al ser, yo, incapaz de crearme una para mí. Sin pedirte nada eres mi diseñadora perfecta de sonrisas aparentemente infinitas. Sin esperarlo, ya han nacido hoyuelos en mis pómulos, ya me has oído reir. Lunes, 01 de Octubre de 2007 14:52 Autor: scarlett. Hay 3 comentarios. Lo eras todoEras el dueño de muchos de mis sentimientos. Eras el liberador de mi miedo. Eras el soñador más optimista. Eras el libro de respuestas referente a mi libro de preguntas. Eras un gran idealista. Eras un perfecto diseñador de viajes. Eras la persona más plena de ilusión que he llegado a conocer. Eras un par de palabras. Eras el principio y el final. Eras emoción. Eras pura y extrema expresión. Eras capaz de cualquier cosa, eras capaz de todo y de nada. Eras alguien dispuesto a escuchar, a estar, a quedarte, a esperar. Eras paciente. Eras alguien pendiente de cumplir parte de tus sueños, eras alguien que pedía hechos. Eras alguien que amaba. Eras tú. Eras casi perfecto.Lo eras todo; y todo lo estropeaste con los ojos abiertos y las manos cerradas. Con tu vida distante a la mía, con tu voluntad. Lo eras todo. Y te encargaste de dejarme con nada. Lunes, 01 de Octubre de 2007 15:33 Autor: scarlett. Hay 2 comentarios. EmpujonesMe falta tiempo y me sobran ojeras. Me duele toda mi espalda, me duelen hasta los párpados. Me odio por confiar, por volver a levantarme sabiendo que al próximo empujón, caeré. Me dejaré caer y volveré a herirme. Volverás a herirme. Lo sé. Sé que lo harás, aunque no quieras. Aunque no te des cuenta. Aunque no quieras darte cuenta o aunque ni siquiera te importe que yo necesite vivir. Como antes. Me dejaré caer antes de que tú me proporciones ese empujón que ya me has dado y me ha hecho caer. Me falta mucha paz y me sobra mucha tristeza. Me odio por volver a dejar abierta la puerta. Por pensar que todo esto es una espiral, que va enredándose y que, en estos momentos, me toca vivir con la línea más estrecha. Pero se está alargando demasiado. Demasiados días. Creo que puedo tener fuerza si me lo propongo, y creo que debería desdibujar tu sonrisa de mi mente, sólo así puedo entornar la puerta un poco, y pasar, yo, a respirar. Profundamente. Con tiempo y algo de silencio. Con los dos pulmones. Con ganas de vida. Creo que el hecho de haber formado parte de ti me obliga a querer nunca perderte, pero sé que ahora, de esta manera también me estoy haciendo daño. Me atrapas. Sabes hacerlo. Pero hoy digo no, hoy sí consigo cerrar la puerta y desconectar. Hoy sigo teniendo palabras para ti, pero tú no lo sabes. Algún día. Y algún día cuando quieras abrir los ojos ampliamente y ver lo que has ido formando tan rápidamente, piensa, piensa todo cuanto quieras y en todo lo que quieras, pero dedica unos minutos a este mundo, al real. Y echa un vistazo a lo lejano que ha quedado el que tu creaste, con parte de mi ayuda. ¿Lo ves? Solo pedazos. A raíz de tus empujones, a raíz de mis caídas. Lunes, 01 de Octubre de 2007 22:39 Autor: scarlett. Hay 4 comentarios. ConformistaSiempre fui alguien conformista. Siempre. Cuando te conocí, dejé de serlo poco a poco, a medida que tú me exigías hechos, y yo te exigía palabras. Ahora he vuelto a abandonar a ese conformismo. O quizás tú me has obligado a conformarme con lo que ahora existe, con lo que ahora hay. Aunque no sé si es bueno o malo ser conformista, de todas formas, no creo que ahora deba o tenga que importarme. Sólo quiero tener días en los que sonreír no me parezca cuesta arriba. Estoy harta de esas cuestas, después, cuando pasa demasiado tiempo y ya tu piel está llena de heridas innecesarias; te encuentras repentinamente con una cuesta abajo que tú sabías que existía pero que la habías olvidado, y tienes que recorrerla, como la que has recorrido muy poco a poco anteriormente. La cuesta abajo es diferente, vas muy deprisa, apenas captas los detalles de cada cm del camino que te destina a cualquier lugar. Tú siempre esperas que sea el mejor, el más bonito, el más cálido. Lo único cierto es que ese camino dura apenas segundos, y si en ese camino disfrutas de la felicidad, no puedes enterarte de ello al 100%. Pero me quedaría siempre con esa cuesta abajo, mil veces, la recorrería mil veces, antes que subir una cuesta arriba durante toda mi vida. Cuando ésta la recorres, te quedas sin aliento, sin la respiración que te hace sentir viva, sin ganas de dar un paso más: renunciando a la vida, a nuevos caminos. Te conformas con haber llegado al punto culmen, y entonces te desvaneces. Yo no quiero desvanecerme, no quiero esas subidas aparentemente interminables, no quiero pérdida de tiempo, no quiero sufrir Martes, 02 de Octubre de 2007 10:49 Autor: scarlett. Hay 4 comentarios. De memoriaLejos. Muy lejos. Tan lejos que apenas me ves. Y pequeña. Mi sombra quiere dejar de existir. Mis brazos no quieres moverse. Mis manos quieren quedarse quietas pero mis dedos quieren tener vida propia. Quiero palabras, pero no sé cuáles exactamente. No sé cuáles son las que mejor me hacen sentir: compañía, calor, abrazo, sol... No sé qué es lo que necesito ahora. Tampoco sé lo que necesita mi vida en estos momentos. Vuelvo a estar lejos. Vuelves a no querer encontrarme, pero he estado delante tuya. Y pequeña, hoy más pequeña que ayer. No sé si más que mañana. No sé si quiero saberlo. Si me hace falta. Mi cuerpo descansa y mis sueños me acompañan esta vez. No me escapo de mi vida, sueño con ella y con las cosas que la componen todos los días. Y todas las noches quiero conciliar temprano el sueño. No quiero minutos para pensar. No quiero minutos para recordar. No quiero imágenes, no las quiero. Quiero tiempo libre, quiero mis palabras, dejé pasar demasiado tiempo para leer las tuyas y las tuyas no llegaron. Y el tiempo ha seguido pasando y tú has provocado los cambios, los cambios de los estados... No quiero quedarme aquí. Quiero volar lejos. No puedo. Nunca puedo. Me lleno de impotencia y vuelvo a estar lejos. Tan lejos que ni siquiera yo quiero verme. Me sé de memoria donde existen todos y cada uno de los lunares que pueblan mi cuerpo. Me sé de memoria como son mis labios, y mi nariz, y mi frente. Me sé de memoria cuanto miden mis piernas, y mis pies. Me sé de memoria el tamaño de mis tobillos y mis muñecas. Tú también lo sabías. Al menos te aferraste a mí más de una vez para hacerme tuya. Ahora creo que te equivocaste. Que yo no te hacía falta. De lo contrario, no hubieras dado todo por acabado. O no hubieras establecido esta pausa estúpida. Idiota. Es así también como me he ido sintiendo y siento (todavía). Sí, todavía. Y me sé de memoria este sentimiento porque lleva conviviendo conmigo muchas semanas. Semanas que no se me olvidan porque se han convertido en eternas. Siempre me acompañarán. Pesarán más que todas las semanas anteriores. Y tu silencio pesará más que tu voz. Y dentro de poco se me olvidará como era. No quiero esforzarme en recordar porque de nada Tristeza. Pena. Amargura. Decepción. Desolación. Rabia. Impotencia. Más tristeza. Y más pena. Me sé también, de memoria, estos sentimientos; y creo que ni siquiera puedo cambiar esto. Poco a poco. Tal vez. Sin ti. Porque no apareces, y no puedo dibujarte enfrente mío. No quiero imaginarte. No quiero pensar como llevarás hoy el pelo o qué sonrisa llevarás puesta. No quiero porque hasta eso me hace daño y más daño me hago al pensar que tú no piensas en mí. No quiero ya intentar manejar tus pensamientos, y hacer que pienses en mí. Con un pensamiento no puedo reconstruir ese mundo que hace tiempo quedó roto. Con un pensamiento más, en tu vida, hacia mí, tampoco puedo cambiar estas sensaciones que me inundan ininterrupidamente. No puedo cambiarte, ni quiero. No puedo con un pensamiento más, creer que me has amado tan férreamente como un día, cualquiera, pero feliz...me hiciste creer. Martes, 02 de Octubre de 2007 15:10 Autor: scarlett. Hay 2 comentarios. Odio y aprecioTengo un sentimiento contradictorio: odio y a la vez, aprecio al silencio. Me ayuda a pensar, reflexionar y decidir. Me alarga las noches y me roba tiempo. Me empuja a gritar, a abrir las ventana y a hacer ruido con mis pies descalzos. Me infunde gramos de miedo y a la vez nostalgia y tensión. Es un sentimiento puro, pero contradictorio. Y casi todos los días intento hacerlo desaparecer con cualquier canción que me llegue tan tan adentro, que en cuestión de segundos mi mente ya está volando hacia ese recuerdo que sí logré vivir. Sí, te hace recordar, el silencio, las canciones, el aire y las paredes de tu cuarto. Las fotografías, una palabra y un gesto particular. Todo eso te hace pensar en lo que has tenido y ya no tienes, pero con suerte, al final, después de tanto recordar, nace en ti una sonrisa. Sólo tú has vivido ese momento que irremediablemente se iba a convertir en un recuerdo más de tu propia vida. Pero es tu vida, y sólo por eso merece la pena recordar. Y merece respeto el silencio, a veces, sólo a veces. Y siento que a veces las contradicciones son buenas. Miércoles, 03 de Octubre de 2007 00:01 Autor: scarlett. Hay 1 comentario. Sé![]()
...Porque sé que puedo volver a sonreír de esta manera... Miércoles, 03 de Octubre de 2007 00:13 Autor: scarlett. Hay 9 comentarios. Mi vida sin mí![]() Te quiero. Me he enamorado de ti. Y sé que el mundo es menos malo porque existes. Cuando llorasEs una canción de Despistaos. La recomiendo. Quizá porque son palabras que me gustaría oir cuando lloro, o mejor dicho, porque siempre es mejor que haya ALGUIEN cuando lloras, y no sentirte tan sola, y no hundirte más de lo debido, para después, poder (con o ayuda o sin ell) salir de nuevo a la superficie, y volver al mundo, y volver, sobre todo, a la vida que dejaste antes de salir de ella. Con una nueva sonrisa. Cuando lloras se para el mundo y nunca sé qué decir,cuando lloras me derrumbo y no me sale fingir,cuando lloras las horas le da la vuelta al reloj,cuando lloras a solas me muerdes el corazón.Piensa en lo que piensas cuando llorascuando me dices que no,piensa lo que quieras pero ahora... Cuando lloras se tuerce el rumbo y no tengo adonde ir,cuando lloras yo me hundo y tardo en volver a salir;cuando lloras las horas le da la vuelta al reloj,cuando lloras a solas me muerdes el corazón.Piensa es lo que piensas cuando lloras. Cuando me dices que no,piensa lo que quieras pero ahorael que llora soy yo.... Jueves, 04 de Octubre de 2007 09:41 Autor: scarlett. Hay 2 comentarios. Algo que nunca (me) llegaráPalabras que me hubiera gustado recibir, que no llegaron, que no llegarán. Palabras que escribo para pensar que todo ocurre por algo. Hasta lo más doloroso. “Hola, hace tiempo que no hablo contigo. Bastante tiempo, y creo que te merecías saber de mí. Ante todo debo decirte que me sigues importando, aunque no lo parezca, aunque no te lo haya demostrado, aunque no te lo haya querido demostrar, es así. Y se me acumulan las frases de “lo siento” y “perdón”. He dejado de lado todo mi cariño y me he acostumbrado a vivir sin ti. Sin tu voz, sin tus palabras, sin tu risa y sin tu amor cada día. No deberías quererme. No. No me merezco tu amor, ni tu espera ni tus esperanzas. Siento que nuestras vidas están ya muy lejanas. Pero también siento que cuando sentí tu mano pude cogerte, decirte mil verdades, llevarte a cualquier sitio y hacerte promesas que sí podría cumplir. Ahora todo está tan diferente. Mi cabeza ha comenzado a dar vueltas, por eso hoy he empezado a escribirte. Te deseo. Lo sigo haciendo porque nunca he besado a unos labios como los tuyos. Son perfectos. Me faltó decírtelo. Decirte que amo tus labios, tu textura, o, por ejemplo, que también amo tu nariz. Casi desapercibida, inadvertida...Pequeña y recta. Como toda tú. Tampoco nunca he visto una espalda similar a la tuya. Es lo más parecido a un alto tobogán. Está compuesta por una sinuosa y ondulada curva que te hace ser preciosa. Lunares. Tú posees lunares claros y oscuros. Redondeados, perfectos. Los amo también, pero nunca te lo he dicho. Nunca te lo digo. Y creo, creo que ahora es tarde, porque has necesitado mi amor y no lo has tenido. No te lo he dado, habiendo podido hacerlo. Al principio me faltó ilusión, luego me faltaron ganas y luego me sobró vida. Empecé a vivirla, sin ti. Me deshice de palabras que acostumbraba a gastar contigo. Seguí concibiéndote como un gran freno, cosa que me impidió llamarte y decirte que te necesitaba. Y no, no me preguntes por qué empecé a dejar de echarte de menos. Me centré en mis cosas, en mi carrera, en mis salidas y mi tiempo. Todo mi tiempo. En el que tenía libre, en mi propio tiempo de ocio, en ése, en ése tampoco cabías tú. No te dejé entrar. Ni en mi mente. Por eso mismo te pido perdón, pequeña. Lo siento mucho. Me duele no haber sabido valorarte ni haber podido ser la misma persona que te ofreció y diseñó un camino, para ti, junto a mí. Siento no haber querido estar para ti. Y sé que tu corazón no puede decidir ni tú puedes tirar de él porque yo me he alejado y no he pronunciado tu nombre. Pero no lo he olvidado. No sé qué más puedo decirte, sólo se me ocurre darme una bofetada y buscar cualquier recurso para hacerte saber que sigo vivo. Que no estoy bien. Pronto recibirás esto... Mientras tanto, me comprometo a pensarte, soñarte, imaginarte y anhelarte. Prometo volver al amor. Prometo volver a ti, porque sé que voy a necesitarte. Porque sé que necesito oirte respirar. Siento todo. Faltó que sonrieras. Faltó verte feliz.Lo siento. Y te quiero, te quiero mucho todavía, pequeña.” Tu espalda![]() Me sentía viva. Muy viva, entre tus brazos y suavizando tu espalda. Tu espalda tersa, firme y lisa. ¿Te acuerdas? Yo te dije que tenías una espalda preciosa. Era una espalda tan bonita...Tú sonreíste, como si ya lo supieras. Pero sonreíste. Admiré tu espalda y tú sonreíste. Sé que ha pasado mucho tiempo, sé que no me volveré a abrazar a ella, sé y temo que no volveré a acariciarla más. Pero supongo que la vida es así, y que las personas somos como la vida, acabamos siendo igual de complejos que ella, y nos hacemos tanto daño inútil, pensando que vamos a estar aquí eternamente, enamorándonos eternamente y conociendo a personas maravillosas todos los días, en el autobús o en la biblioteca. Sin embargo, la realidad me hace pensar que no hay suficientes autobuses para conocer a la persona que nos hace falta en nuestra vida. No hay suficientes bibliotecas como para poder volver a enamorarse. Y es que perdí tanto amor. Ha resbalado tanto...al alejarte, al ausentarte durante todo este tiempo he sentido tristeza. Estaba acostumbrada a que decidieras ausentarte, solías hacerlo siempre; pero esta vez la tristeza era muy profunda porque me veía a mí misma con demasiados sentimientos encima, tapándome la vista, impidiéndome el paso y a la vez, el descanso y el sueño que a veces logro conciliar. Y sí, sigo soñando, pero no ya contigo, ni con otro amor, ni con bibliotecas donde enamorarme ni autobuses donde conocer a la persona de mi vida. No sueño con otro tono de azul, no sueño con otra canción, no sueño con la felicidad en mis labios. Simplemente sueño. Y hace algunas semanas que quería hacértelo saber, de hecho casi todas mis palabras son para ti, pero esta sensación estúpida que se ha aferrado tanto a mí me impide seguir pensándote. No quiero sentirme idiota. No quiero serlo, ni gastar tiempo en estar esperando cosas que no llegarán. Tres o cuatro palabras me hubieran bastado. Una señal. Algo. Pero estás muy por detrás de la voluntad que a mi no me ha abandonado aún. Pronto lo hará. Yo siempre estuve aquí, nunca me fui, pero pronto lo haré. Llevo muchos días respirando este aire, viendo siempre los mismos edificios que no me dicen nada. Quiero caminar y darle un portazo a mi mente. Que desconecte de una vez. Que no me envíe ningún tipo de palabras. Yo sólo quería amor... ...Yo sólo quería palabras... Yo sólo quería tu espalda. Escritura automáticaAyer en una de las clases de la universidad nos dijeron que escribiéramos sin pensar. Que no nos paráramos a leer lo escrito, que escribiéramos cualquier cosa, pero sin pensar en nada. Irremediablemente, no supe, en diez segundos, realizar la denominada "escritura automática" (escriptura automàtica). No pude seguir los pasos de A.Breton para conseguirlo. Mis palabras en aquel minuto fueron éstas (sí, mi mente viajó al día anterior...creo que es demasiado difícil escribir sin pensar en cualquier cosa) Lluvia. Agua fría resbalando en los cristales del autobús de las 6 de la tarde. La ciudad, algo oscura, muy fría y gris. Un día un poco triste. A causa de tantas nubes. Nubes también grises. Esas palabras escribí en apenas un minuto, creo que me invadió la nostalgia de día anterior, que sufrí en el asiento del autobus Creo que me dejé dominar por las gotas de lluvia del ventanal que me aislaba del viento. Creo que hace dos días mi ánimo no pudo mejorar porque el día me había inundado de tristeza. Siempre ocurre. Siempre me sucede. Llueve y estoy triste, y no es que me importe en grandísima medida porque siempre está ese momento preciso en el que nos encontramos mas melancólicos que nunca; por eso creo que no quiero que llueva nunca aunque sea necesario. Pero estoy empezando a detestar la lluvia. Todo se lo lleva. Todo, menos mi tristeza y mis ganas de salir huyendo. El 1er amor [Text de Palau i Fabre]Cal envestir el vermell de dret, amb una espasa. Fer-li mal. Recordar-li que tota la nostra vida depèn d´ell. Que som el brau i la capa. Roig o vermell, què importa? El vermell ho és fins a la bogeria. Potser mirem el blau però abracem sempre el vermell. Poseu el vermella a la ferida perquè sagni. El vermell no tolera cap altre color. Mata a qui intenta posar-se-li davant, com els braus. El vermell és un brau El brau és vermell. El vermell és l´unic color que ens mira de cara; no de biaix com el groc ni amb els ulls baixos com el lila. La nostra esperança és vermella; hipòcrites quan diem que és verda! Figureu-vos el vermell amb una espasa a la mà. Vaig exhaurir el vermell en el meu primer amor. El 1er amor [Texto traducido]Se ha de embestir al rojo firmemente, con una espada. Dañarle. Recordarle que toda nuestra vida depende de él. Que somos el toro y la capa. Rojo u otra clase de rojo, qué importa? El rojo lo es hasta la locura. A lo mejor miramos al azul, pero abrazamos siemrpe con el rojo. Poned al rojo con heridas, para que sangre. El rojo no tolera ningún otro color. Mata a quien intenta ponérsele delante, como los toros. El rojo es un toro. El toro es rojo. El rojo es el único color que nos mira de cara, no de reojo como el amarillo o con los ojos bajos como el lila. Nuestra esperanza es roja, hipócritas cuando decimos que es verde. Figuraros al rojo con una espada en la mano. Exprimí el rojo en mi primer amor. Este texto lo analizamos en clase, después de leer uno de Picaso que hablaba sobre el verde (más adelante lo pondré en el blog). El autor quería demostrar que amamos y odiamos, a la vez, con el rojo. Que el rojo es capaz de cualquier cosa. Que él mismo se deshizo de toda la esperanza, que agotó toda su pasión con su primer amor. Es con el rojo con el que abrazamos, porque abrazamos con pasión. Y con ternura. Lo triste es cuando no queda nada de esto, cuando no queda cariño, ni color rojo que apurar hasta la última gota.
DespistesEl tiempo se despista. Se deja llevar. Empieza a correr. Corre. Como nunca. Con furia, con fuerza, con ventaja, con demasiada velocidad. Y llega demasiado pronto. Llega siempre. Tu no. Tú nunca llegas. Olvidaste que el tiempo se olvidó de mí. Olvidaste que te olvidaste de mí. Y tú tmbién sufriste un despiste. El despiste de tu vida? No..Eres demasiado joven para pararte a pensar en una persona que, al fin y al cabo, es una persona más de entre todas que te han admirado y amado. Mi mayor pena es que mi amor todavía está aquí, ahogándome con sus gruesos dedos, aplastándome sin remordimientos. Dejándome sin nada. Llevándose todas mis muecas alegres. Robándome todos mis buenos momentos. Estoy luchando por anudar esos dedos, por desprenderme de él. Del amor que quedó por ti y que tú no necesitas ya. Me quedo aquí, con los pies descalzos y con las manos vacías. Con mis manos más débiles que nunca de tanto forcejear con el amor. Amor que está cansado, pero está. Débil también, pero con más fuerzas que yo, menos para abandonarme. Es cobarde. Mi amor. Lo es. Y yo también. Yo más que él. Siempre ha sido así. Siempre he ido por detrás. Como tú, que vas por detrás del tiempo. Que vas por detrás de todo, menos de mí. Echaste a correr, tus piernas parecieron alargarse y comenzaste a alejarte de mí. El tiempo te empujó a despistarte. El despiste que tu sufres, el despiste de mi vida. Creyendo que podía quedarme anclada aquí, disfrutando. De ti, de tus ingles, de tus manos, de la suavidad de tu piel. Del intenso color de tus ojos. De tu calor y mi calor juntos. Ahora tu despiste es mi único despiste. Me influye, me afecta. Sólo a mí. Tú estás lejos, tú estás muy delante de todo. Demasiado. De mí. Ni siquiera ves a lo lejos los rizos que se adueñan de las puntas castañas de mi cabello. Ni siquiera buscas mis últimas huellas en la playa que dos veces observamos los dos. Ni siquiera intentas moverte hacia mí. No quieres que el tiempo te juegue malas pasadas, que no te mienta ni te adelante. Pero siempre lo hará. Pero tienes suerte, estás a punto de pisarle los talones. Yo dejé de contemplar tus tobillos. Echaron a correr tan rápido tus pies, y tus tobillos parecieron decirme “Adiós” porque tu boca no se atrevía. Pero de nuevo me estoy engañando, jamás dijiste adiós, jamás te inventaste una despedida. Jamás me anunciaste que esto pasaría. Jamás me adelantaste que sufriría, que estaría pensando en ti, que no me necesitarías. Jamás volveré a desear algo de este modo, jamás volveré a entregar mi amor de una sola vez. Me quedo vacía. Y no quiero huecos en mí. No quiero vacíos profundos, quiero llenarlos, de cualquier manera. Escapando. Escribiendo. Pero no quiero pensar en el tiempo, en el despiste, tuyo (que se ha convertido en el mío). Difícil resulta entenderme, difícil descifrar el significado que se encuentra detrás de mis palabras. Significados que temen salir a la luz porque tampoco estarás ahí aunque la oscuridad se rompa. Tú sólo sabes caminar. Yo sólo sé esperar. Yo sólo sé quedarme anclada, pensando que las cosas siempre mejoran, que las cosas siempre cambian. Me canso de cansarme y seguir esperando. Me canso de seguir escribiendo a la nada. Y la nada me ahoga. El blanco me ahoga y siempre lo he adorado. El mar me queda lejos. El sol me queda lejos. Todo lo bello me queda lejos. Tú eras también parte de la belleza que yo amaba y ansiaba tener en mi vida. Tú eres ahora parte de la belleza que no podré contemplar. Perdí tu belleza, y perdí también la belleza que según tus palabras, me definía. Mis ojos están claros. Llevan tiempo estando así. Van a perder su color natural, y creo que eso me asusta. Creo que me aterra despertarme a medianoche y ver que mis labios se están afinando y perdiendo su expresión. Quiero que mi rostro no pierda su expresión. Quiero matar el despiste del tiempo, y quiero deshacerme de tu despiste que ahora convive conmigo. Quiero abandonar esta sensación que me inunda. Sensación que aborda veinte sensaciones más, y diez sentimientos anudados entre sí que no quieren soltarse. Como yo de ti.Que no quería soltarme. Que necesitaba anudarme a ti. Que necesitaba tu espalda, y tus manos, y tu cadera. Y mis pies descalzos empiezan a coger frío. Creo que voy a borrar por hoy tu recuerdo. Otro día, otro mes volveré a él. Y si tu vuelves a aparecer ante mi vida, ella te hablará. Yo me encuentro sin voz. Creo que mis cuerdas vocales han perdido todas sus funciones. Creo que mi silencio te podrá hablar. Y él no te dirá adiós. Él mantendrá el coraje, y el amor que todavía queda. Y te lo llevarás. Te lo llevarás todo. Y entonces volverás a tu camino, y volverás a perder mi imagen, y yo te veré marchar, a ti, a tus ojos, a tus tobillos. Sábado, 06 de Octubre de 2007 18:39 Autor: scarlett. Hay 1 comentario. Y lloréY LLORÉ (Murfila) Tú me dejas, yo me quedo ViajeCreo que ya me toca. Creo que toca viajar, cerrar los ojos fuerte, llenarme de carga positiva, fuerzas e ilusión por conocer otra ciudad. Y abrir los ojos al llegar. Gastar horas en mis lecturas, en dormir, en mirar a través de la ventana y contemplar los paisajes. En fotografiarlos después. En reirme. En descansar. En pasear por toda la habitación del hotel. En emocionarme y pensar en mí misma. En cansarme en todo lo que me proporcione alegría. Caminaré, conoceré lugares y el tiempo seguirá volando, pero, por ahora, me tomo un respiro. Me marcho. Van a ser unos días para mí. Respirar otros aires. Estar sobre otras calles y pisar otros caminos. Sí, ya toca. Despejarme y desconectar. No mirar el reloj. No estar pendiente. Me voy. Vuelvo dentro de unos días. Buena semana a todos. Sábado, 06 de Octubre de 2007 23:45 Autor: scarlett. Hay 6 comentarios. De vueltaHe vuelto. He vuelto con alguna sonrisa demás, y serena. Muy serena. Podría ser incluso feliz, pero de momento me conformo con estos días de paz y de tanta risa junto a la persona que ha compartido conmigo este viaje, mi madre. He viajado con ella, no he ido sola. Me hubiera ahogado en mil lagunas (lo sé). Ella me dejó elegir destino, yo elegí Zaragoza, aparentemente cerca, pero recorrer 6 hroas en autobús te dejan sin fuerzas y con el 90% de tu cuerpo dormido. Ha valido la pena. Ha valido la pena madrugar, caminar tantos kilómetros y viajar durante tantas horas. Ha valido la pena porque veo las fotografías y veo lugares preciosos y veo mis sonrisas. Y eso siempre me hace sentir mejor. Días de tranquilidad, de no pensar en nada, o mejor dicho, de no pensar tanto en tantas cosas. Siempre es difícil desconectar, pero cuando te alejas para poder aislarte de todo y de todos, descubres que a veces es posible. He estado disfrutando del sol, del cielo tan bonito de Zaragoza, de las esculturas de Goya y de César Augusto, de los amantes de Teruel, de la Basílica, del Ebro (de día y de noche), de los teatros, termas y foros romanos y del Palacio de la Aljafería (mudéjar) que me pareció tan precioso, semejante en jardines al de La Alhambra de Granada. Elegí bien. Y en el hotel me sentía bien. Era reconfortable y aunque algunas noches me costaba dormir, el agotamiento y el deseo de pensar un poco en mi me conducían al sueño más lindo. Creo que era lo mejor que podía hacer, alejarme y vivir durante unos días en otra ciudad, entre otras calles, con otros aires... Zaragoza en plena fiesta es precioso. Ir caminando y que un hombre con gafas azules fluosforescentes te griten "!guapetonas"!. De repente, a mi madre y a mí nos roba una sonrisa ese hombre de curiosas gafas azules... De camino al hotel contemplamos los dulces típicos de la ciudad. Y seguimos riendo. Me hace falta reir. Allí, y también aquí. Pero aquí de nuevo convivo con la rutina. Con los días, que todos son iguales. Pero cuando me venga de nuevo abajo miraré esas fotos, esas expresiones, esos jardines tan alegres...Esos días tan azules y tan brillantes. E intentaré no sentirme perdida, e intentaré volver allí con los ojos cerrados. Al puente de piedra, y caminaré también con los ojos cerrados. Y dejaré de pensar para no gastar tanto tiempo en cosas que se han ido porque querían irse. Yo no puedo permitirme que mi vida pierda parte de sentido. No puedo permitirme caer. Me ha encantado el viaje. Pronto pondré alguna de las fotografías que he hecho. Un lugar precioso para evadirte. En compañía. En esta época. Con este sol. Vuelvo a casa con ganas de viajar dentro de un tiempo y volver a pensar en mí. Miércoles, 10 de Octubre de 2007 19:45 Autor: scarlett. Hay 4 comentarios. Sola no puedoSí Niña... sí... Ha llovido poco desde que yo te mostraba en mi casa todo aquello que me hacía ilusión. Todo lo que me hacía vivir. Todo lo que conseguía sacarte lágrimas de emoción y alegría. Si, siempre emoción. Y ternura. Y entonces me decías que todo era bonito. Y hasta yo creía que así era. Y hasta yo consideraba que mi vida tenía ese punto de dulzura que no todos tienen ni todos pueden aportar. Pero hasta llegué a pensar que nada cambiaría tanto, que mi alegría no se iría tan rápido...que las imágenes y las palabras y las canciones o las frases cantadas servirían de algo... Pero dime...después de este tiempo ¿qué he conseguido? dañarme, hacerme daño que podría haberme evitado si yo misma me hubiera diseñado un camino, libre de complementos. Pero yo siempre me los busco. Me busco caminos que aparentan ser perfectos, o quizá cometí el error de dejar apartado mi propio carboncillo y seguir el más fácil, o mejor dicho, el que me habían indicado. Pero yo creia que era el correcto, y podría haberlo sido; si la voluntad hubiera persistido, y si de verdad todo fuera como yo creia que era. Yo me lo había tomado todo tan en serio... Tu niña sol había puesto tanto de todo en cada segundo. Emoción, cariño, pasión, amor, locura, tiempo... Y pensamiento. Siempre pensaba, nunca dejé de hacerlo. Ni en el trabajo ni en el autobus ni viendo cualquier programa de la televisión. Siempre pensé. Y siempre me sacaste tú del apuro, también siempre estuviste dándome apoyo e infundiendome ese empujoncito para actuar. Y cuando por fin lo hice, me choco contra un muro lleno de gotas gruesas. Cada gota un golpe, cada golpe un moratón, cada moratón una lágrima, cada lágrima un vacío. Y volvemos a los estúpidos vacíos! Tu niña no sabe por qué hace dos meses te regalaba una sonrisa delante de esa tele, y ahora todo ha dado un vuelco. Un giro de 180º que me ha descolocado, de repente y a la vez poco a poco. Y el dolor, tan poco a poco, sabe muy amargo. Y no me gusta lo amargo. Calma. Eso debo pedirme, eso necesito. Para poder caminar en equilibrio, quizá un nuevo camino. Ayúdame a trazarlo, porque sola no puedo. Miércoles, 10 de Octubre de 2007 21:28 Autor: scarlett. Hay 1 comentario. Dime la verdad (poco me queda)...La escuché hace mucho, mucho tiempo. Y me gustó. Te hace abrir los ojos, y abrir también la mente. Y te hace ver que a veces un único refugio es lo que más necesitas. Lo triste es cuando no lo encuentras, o lo peor, que no quieren encontrarlo para ti. Aquí dejo la letra... Busco un lugar en esta ciudad, DUERME CONMIGO (Jarabe de palo) Miércoles, 10 de Octubre de 2007 21:41 Autor: scarlett. Hay 2 comentarios. SoñandoHoy te he soñado. Estabas igual (igual que siempre, igual que antes). Aparecías algo tembloroso, pero sonreías. Tu vida era la misma, aunque yo estaba ya fuera de ella. Sin embargo, volvías, me veías y pensabas que yo seguía a tus pies. Me cogías del brazo y me lanzabas una de esas miradas que tú solías lanzarme (cuando me querías). Tu mirada me volvía a matar pero yo sabía disimular en el sueño. Quería mirar a otro lado y al final te miré. Pero ya no me fundí en tu mirada, me resistí, no me resigné. Olvidé la resignación hace tiempo, y hace tiempo que tú me olvidaste a mí. Quise darme cuenta que ya no quedaba nada. Tú pensabas que yo estaba ahí para ti, solamente para ti. Pero tú te dejaste el reloj, obviaste el tiempo e ignoraste que llegaste tarde. Demasiado. Tan demasiado... No sé cómo decirte que me hubiera gustado tenerte delante como en el sueño, sólo para hablarte. Para contarte mis últimos pensamientos. Los que me quedan, los que siguen aquí. Resquicio de esperanzaResulta curioso como cuando de tanto rascar y de tanto esperar, sale a la luz un pequeño resquicio de esperanza en cualquier parte de tu cuerpo. Un resquicio de esperanza extraña impregnado en tu piel. Al principio, piensas cómo pudo aparecer ahí, de tantas cosas que se cayeron al suelo, de tantos vacíos y de tantos despertares sin sonrisa. De tantas noches amargas, y de tanta claridad en los ojos. Y quieres pensar que esa esperanza ha aparecido porque tú misma la has creado con el fin de que sirva de algo, sin embargo, pasa poco tiempo y enseguida tu mente te habla en voz alta, diciéndote sin ningún reparo que fuiste una idiota al estar esperando, y al estar admirando una porción de esperanza que se te olvidó abandonar. Y no, la esperanza deja de funcionar, deja de servirte, y tú empiezas a mirar a otro lado, pero ese otro lado te deslumbra, demasiada luz, luz que no compatibiliza con el color de tus ojos y el tono claro de tu piel. Esto mismo me ocurre a mí, miro a esa luz y enseguida empieza a dolerme la cabeza, los ojos, todo mi cuerpo. Y entonces sólo me queda mirar a lo que ya conozco, y a lo que todavía me está construyendo vacíos, grandes vacíos. En ese otro lado hay excavadoras, silencio, ruinas, nieblas, lluvia. Todo eso. Y todo lo odio. No quiero seguir odiando, y seguir desprendiendo amargura. Yo sé que no nací para vivir de esta manera. O al menos quiero creerlo. Y sé que todo es muy difícil, lo sé, pero sólo quiero un gran respiro, un respiro que se alargue, y que mi vida siga estando en pie y que yo no me caiga más. No quiero volver a curarme las heridas, no quiero parar y tener que empezar a diseñarme tres caminos más. Quiero acertar, quiero seguir, de cualquier manera, pero no sé cómo puedo hacerlo. Perdida, sin punto de encuentro, pero perdida, sola y perdida. Y quiero deshacerme de ese resquicio de esperanza que me va dañando poquito a poco. Y poquito a poco no quiero vivir. Quiero momentos llenos de vida, quiero tenerlos. Quiero volver a escuchar mi risa. Estos días de atrás la escuché, y hasta empecé a ver casi todo bonito. Con otros ojos. Sí, quiero mi risa y quiero la belleza de las cosas. Jueves, 11 de Octubre de 2007 10:52 Autor: scarlett. Hay 1 comentario. Días azules![]() En días azules, en días como estos, me gusta encontrarme así, en otra ciudad, y bajo otro cielo. Días que tardarán en repetirse porque la rutina y las obligaciones me atan aquí. Pero me quedo con el encanto de cada cosa, y con el cachirulo (es así como se llama el famoso pañuelo de las fiestas de Zaragoza). Y sí, parecía que allí todo era más bonito, lo malo es volver a casa y ver que todo sigue como lo habías dejado, y ver que no puedes hacer nada. Ni siquiera puedo ir hacia delante, ni hacia atrás. Ni siquiera puedo soltar mi rabia. Sólo sentirme algo más alegre cuando pienso en estos últimos días. En el sol tan radiante que ha poblado la ciudad y en las caras divertidas que me ha captado mi madre. Sólo puedo pensar en eso para sentirme mejor. Y sí, las cosas siguen igual. Jueves, 11 de Octubre de 2007 13:55 Autor: scarlett. Hay 1 comentario. Quiero contarte un cuentoQuiero contarte un cuento, pero un cuento atípico. Un cuento donde no se narran historias donde hay amor, ni desamor, ni tristeza ni felicidad. No hay siquiera un principio y un final. Un cuento donde hay dos protagonistas. Él y ella. Ella vive los días y él vive más las noches. Tienen vidas muy diferentes. Muy distintas entre sí. Ambos también lo son. Él adora cosas que ella todavía no conoce. Ella se ancla en las palabras que él no atiende. Él gasta el tiempo, ella lo mata. Él llora de emoción, ella no lo hace. Son distintos. Y ambos se cambiaron las vidas. Él era lo que ella había estado buscando, pero él jamás lo supo. Ella era la persona que jamás había buscado él, y tampoco lo sabía. Ninguno de los dos sabía la influencia que podrían tener el uno sobre el otro. Ninguno de los dos conocía parte de su vida. Ninguno de los dos querían combinar otros caminos. Sin darse cuenta, lo hicieron. Él se sorprendió consigo mismo, ella empezó a ver la vida con otros ojos. Sí, como si fuera otra vida adversa, como si fuera otro mundo. Ellos no sabían que formarían parte de este cuento. Un cuento donde no hay un Érase, donde no hay perdices al final, donde no hay lágrimas de felicidad. Sólo sus palabras. Las de ella. Y sólo su ausencia. La de él. Ella siguió escribiendo, compartiendo el cuento con sus noches y sus días. El siguió en su mundo, en el de antaño, sin pensar en Ella. Ella había desaparecido ante sus ojos, en su vida. Ella volvió a dormirse, con el deseo de soñar no haber vivido jamás este cuento. No quiero...No quiero ponerme el vestido de princesa porque después el zapato me queda grande. No quiero una diadema de diamantes porque después no combina con el color de mi pelo. No quiero una carroza porque me gusta caminar. No quiero un camino empedrado porque pierdo el equilibrio. No quiero una varita mágica porque siempre obtengo la defectuosa. No quiero hadas madrinas porque jamás logran mi deseo. No quiero historias con final feliz porque mi destino torna siempre el cuento. No quiero colores azules ni rosas. Quiero el blanco y quiero el negro. No quiero un príncipe y su sonrisa. Yo sólo quiero palabras, presencias, quiero palabras que me sepan hacer entender, que sepan robarme la tristeza. No quiero magia. Siempre se la lleva el viento. No quiero más promesas. Siempre se las lleva el viento. No quiero castillos de piedra, siempre los derrumba el viento. No quiero enormes palacios, siempre los derrumba el viento. Yo sólo quiero pequeñas palabras, yo sólo quiero dejar de escribir por un momento para estar por otro momento leyendo palabras ajenas. Palabras que puedan volver a hacerme sentir y desear que quiero ese príncipe, o un zapato nuevo, o un vestido. De momento esto es lo que quiero, porque esta es mi vida, y sigue, (como antes) tambaleándose. Y el viento no logra paralizarla. Ya no sé, tampoco, si necesito que el tiempo se detenga. Jueves, 11 de Octubre de 2007 21:46 Autor: scarlett. Hay 1 comentario. Silencio/PalabrasCreo que ya no hay ninguna diferencia entre el silencio y tus palabras. Creo que ambas cosas me hacen daño. El silencio me quema por dentro, y tus palabras me ahogan porque no son las que me gustaría oír. Y sí, hay veces que no podemos escuchar lo que nos gustaría oír. Entonces te quemas y te ahogas, y se mezcla el fuego y el agua, y no puedes salvarte, porque el agua no logra apagar el fuego, y el fuego no logra escaparse del agua. Se quedan ahí, intactos, como el dolor, que a veces se queda tan tan intacto...que de repente nace ese día en el que te olvidaste que seguía ahí, que de tantos y tantos velos que te pusiste delante de los ojos para ignorarlo; te ha seguido esperando, hasta que decidieras volver y mirarlo a los ojos. Yo no he cometido el error de vivir con ese velo en los ojos. Creo que de nada ayuda, creo que ésta no era la ocasión para ponérmelo y vivir como si nada (como si todo lo malo) no pudiera influirme. He vivido con los ojos abiertos, y mi piel ha acabado sufriendo. Tu silencio y mi dolor. Tus palabras tan tardías y mi dolor. Creo que sabes hacerme daño, y creo, firmemente, y más que nunca, que eres tú quien ha vivido con ese velo pintado en los ojos. Sí. Sin duda. Quizá me olvidaste porque querías, pero creo que el velo te ayudó para pensar que no me estabas haciendo daño, o que yo no existia tanto como antes... ¿qué tremenda estupidez no? Lo único que sé es que el tiempo sigue pasando, y creo que es mejor así, que no se detenga. Sin embargo, no quiero mirarlo.Seguiré. Como antes, con todo. Aunque la tercera parte de ese todo me haga daño. Creo que me he vuelto muy fuerte. Y a la vez suelto y desbordo toda mi debilidad en cualquier momento. Pero eso, es, a mi forma de ver, un modo de liberación. Al igual que con estas palabras...no sé si sirven de mucho, pero me ayudan a pensar en otro tipo de cosas que no conduzcan siempre a lo mismo: a tu ausencia, a tus ganas de matar mi recuerdo. Quizá esté equivocada, volviste a aparecer, pero yo no aprecié el tono de tu voz. Ya te dije que el transcurso del tiempo y tus ganas de desaparecer provocarían esto: que fuéramos dos desconocidos, que yo no te reconociera. Siento decirte que hacen falta muchas cosas para que todo se estabilice. Supongo que ahora estamos en hemisferios diferentes. Tú te encargaste de viajar hasta allí. Yo me quedé esperando. Ya no sé qué es lo que estoy esperando o haciendo. Supongo que siempre que apareces me descolocas. Y no sé si eso es bueno. No sé si es bueno que desorganices mi mundo, tú te encargaste de alejarte de él. Y eso me ha ido destrozando. Vuelves a aparecer y yo no sé qué puedo decirte porque para cuando encuentre mis palabras, tú no responderás, tú no estarás para oirme, ni siquiera has querido estar para leerme. Siento que es demasiado tarde. Demasiado. Viernes, 12 de Octubre de 2007 11:14 Autor: scarlett. Hay 1 comentario. AncladaElla estuvo siempre esperando el momento idóneo para hablar, para soltar toda su sinceridad, para volverse loca, para hacer cualquier cosa por conseguir uno de sus deseos. Dejó de confiar en los milagros, y se ancló a los sueños (a los suyos propios). Los vivía como si fueran parte de la realidad. Se despertaba con ganas de matar el sueño porque sabía que no lo llegaría a vivir. Se encargó de dar pasos, pasos pequeños, muy pequeños, para no equivocarse al seguir la flecha que no solía diferenciar de las demás. Se ahogaba siempre en un mar, también pequeño, de dudas. Y se anudaba a los interrogantes que ya estaban escritos para ella, y también, los escritos por ella misma. Siguió caminando, con miedo, con temblores, pero con mucho amor. Jamás lo abandonó, porque era demasiado fuerte, y ocupaba mucho espacio. Nunca pensó en dejarlo de lado. Ese amor se había convertido en una de las cosas más importantes que contaba en su vida, en la de antes. Ella quería encontrar y recorrer el camino correcto, (no perfecto). Quería hallarlo frente a ella, aunque estuviera a medio dibujar, ella se encargaría de trazar el final del recorrido. Sin embargo, cuando estaba sumergida en la esperanza y las ganas de apasionarse aún más; se encontró con cartelitos pequeños que le obligaban a dar marcha atrás. Al hacerlo, se encontraba con piedrecitas, también pequeñas, que no se alejaban de entorpecerle el camino. Ella se quedó inmovilizada. Sin más flechas ni SEÑALES, sin absolutamente nada. Sentía que el amor podía escaparse a la primera de cambio, en cualquier momento. Sentía que la pasión se había ido muriendo a medida que ella lloraba y lloraba. Se encontraba sola, perdida. No escuchó nada. Ninguna voz. Ninguna presencia. Sólo su cuerpo y sus ganas de salir huyendo por cualquier dirección. Pero dejó de haber direcciones. El pasado y el futuro. Sabía que lo mejor era ir hacia el futuro, aunque desconocido. Sabía perfectamente cómo había sido el pasado, demasiado bonito. Ella había pintado parte de ese pasado tan bonito, también los demás lo pintaron para ella y por ella. Pero el amor que había cuidado y mimado tanto, y que, era verdaderamente correspondido, se fue extraviando. Ella no pudo anudarse a él esta vez. No pudo agarrarlo, sus manos perdieron la poca fuerza que tenían. Al no escuchar su voz ni al poder leer mensajes (no ya de amor) simplemente mensajes, que contuvieran cualquier tipo de palabras, aunque dolorosas fueran, ella prefería mensajes, prefería palabras. No llegaron. El amor se fue escapando. La mitad de Ella se ahogó en ese mar de dudas. Las incertidumbres lograron llevarse parte de su vida. Ella quiso alzarse, volvió a quedarse paralizada. Ella se ha quedado paralizada, todavía no sabe adonde ir, no sabe qué paso dar, no sabe si puede confiar en cualquier cosa. A partir de ahora. No sabe nada, y esa ignorancia también le quita parte de vida. Y ella, ella sólo quiere vivir. Tu vida en 65´ porque te quiero en 65 palabras¿Porque te quiero? en 65 palabras Te quiero porque creo que entiendes como soy Te quiero porque a ti te puedo contar Lo que a nadie le puedo contar Porque puedo sentir que mi vida a tu lado Cobrara sentido y dejara de ser vacía Te quiero porque me preguntaste Cuantos años tenía cuando murió mi padre Y eso nadie me lo había preguntado jamás Te quiero tanto que me gustaría… -¿ Qué te gustaria? - se me agotaron las palabras supongo que 65 son pocas,¿ no? Viernes, 12 de Octubre de 2007 12:58 Autor: scarlett. Hay 1 comentario. AbandonarÉl se deshizo de todo su amor en un único soplo de aire. Decidió abandonar. Ya no le importaba perder. No le importaba olvidar el número de sueños que ella había estado guardando para poder vivirlos a su lado. No quiso pensar en su imagen. No quiso dibujarla más en sus paredes. No quiso seguir con su locura. Él respiró fuerte, alejándose en un minuto de todo lo que le había importado. Decidió abandonarla. Ella empezó a hacerse a la idea. Empezó a pensar que él, de nuevo, volvía a otorgarle TODA la importancia a la ilusión. Ella se concebía a sí misma destructora de ilusiones a raíz que él se desvió del camino que ambos habian trazado. Quizá el error fue ése, el intentar trazar un camino. Pero ella no sabía que él abandonaría ese camino. Ella no sabía que él seguiría caminando, sin esperarla. Ella no sabía que para él los sueños, los de ella, dejarían de tener sentido. Ella no sabía que él se cansaría de pintarla en sus paredes, y de soñarla. Ella dejó de conformarse. Ella pensó que se merecía una gota de felicidad, caída sobre sus ojos. Ella la estaba esperando. La gota. La suya propia. Quería buscarla, o encontrarse con esa persona que estuviera dispuesta a quedarse quieta, y escuchar, y leer, y abrazar, y no soltarse. Ella también pensó que jamás llegaría ese momento en el que tus brazos se cansan, y tus pies deciden hacer tregua. Sí. Una tregua. Y después...eso pensaba ella. ¿Después? Después, igual, volverían a verse en alguna ciudad perdida y volverían a saludarse. Como dos extraños, esta vez. Porque él había decidido abandonar el camino, y ella no tenía otra alternativa posible. Ella debía crearse otro, que no terminara directamente en la continuación del laberinto que anteriormente ya había pisado. No quería ilusiones que no se correspondieran con la realidad que estaba viviendo. No quería demasiado su realidad, pero sabía que debía asumirla. Y que debía vivir con ella, hasta que algo cambiara, y su sonrisa comenzara a ampliarse. Como antes. LetraMe gusta mucho esta canción, aunque duela escucharla a solas, o aunque te vacíe en cuestión de segundos y te haga pensar en lo que ya no tienes, o en lo que no pudiste cambiar o rehacer, para recomponer tu vida, y recuperar lo que necesitabas tener. Hay veces que todo aquello que queremos, no depende de nosotros, y hay otras, que cuando depende de nuestra actitud, hay algo, cualquier cosa, que no nos deja decidir, ni actuar. It´s the hardest part And the hardest part Viernes, 12 de Octubre de 2007 15:38 Autor: scarlett. Hay 2 comentarios. CablesConexión y compenetración. Me resulta indiferente. Y a veces son dos cosas distintas, y otras veces se convierten en sinónimos. Sinónimos cuando todo va bien. Cuando aparece ante ti (y se queda) esa persona aparentemente perfecta, esa persona que le gusta estar (por y para ti). Esa persona que dedica su tiempo a comprenderte. Y entonces tú piensas que es necesario que esos cables que unen esa conexión entre ambos se mantengan intactos, que no se desgasten, que no se rompan. Y entonces algo falla, y se produce ese cortocircuito que te deja a oscuras, y a solas. Y en esa oscuridad, y en esa soledad, piensas qué pudo haber fallado, qué es lo que faltó, o qué es lo que pudo sobrar entre los dos. Qué parte de la historia falló: el principio, el nudo o el desenlace. Tu cabeza puede dar tantas vueltas, que de repente puedes pensar que fallaste en todo. Que debiste hacer uso de otro tipo de palabras al principio de conocerle, o que debiste acompañarle aquel día para que no regresara solo/a, o que al final tuvieras el valor suficiente como para volver la cabeza, ir en su busca, dar dos pasos y cogerle del brazo, regalarle una última caricia, una última y bella caricia, sin decirle nada, y que por sí mismo/a vuelva a encontrarse con la duda de si abandonarte o no. Entonces prolongas el silencio y esperas que esta vez se quede y que rompa ese triste desenlace, y que vuelva a unir los cables que se rompieron, y que provocaron que esa compenetración se extinguiera. Entonces sigues a oscuras, y no vuelves a ver la luz, te entra miedo y pánico, dos cosas que juntas provocan un gran malestar. Y sumida/o en este malestar te resulta imposible dar ese paso imprescindible, o dar ese grito necesario para que se gire y vea que estás perdida/o; y que necesitas que vuelva a hacerse la luz, y que vuelvas a encontrar el camino, pero a su lado. Todavía a su lado. Porque tú, y sólo tú sabes que es la persona que necesitas, la persona que no debe desaparecer de tu vida simplemente porque unos jodidos cables hayan decidido romperse, o porque sean tan débiles que al mínimo descuido se hayan roto. Entonces, si tienes la maravillosa suerte de que las cosas sucedan a tu antojo y necesidad; esa persona vuelve, y te da luz, y te aporta el brillo y la claridad que necesitas tener. Y se reenlazan los cables, y vuelves a confiar en la vida. Viernes, 12 de Octubre de 2007 17:38 Autor: scarlett. Hay 1 comentario. Un último adiósUn vino suave y un escalofrío. Una caricia a tiempo. Una manta cálida. Una fotografía que recuerde un recuerdo. Un sonido agradable y una palabra dulce que endulce la vida. Un sueño casi eterno y un olvido olvidadizo. Un desamor torpe. Una esperanza quebrada. Una herida y una cura. Una despedida sana. Un último tiempo en el asiento gris de la estación en un dia claro de invierno. Un último minuto. Un último aviso. Un último adiós. Viernes, 12 de Octubre de 2007 19:05 Autor: scarlett. Hay 1 comentario. Palabras lejanasÉl se sinceró. Hizo uso de sus palabras entonces. Y le hablaba. -Voy a esperarte. Ella no necesitaba oír más. O quizá sí. Pero nunca lo dijo. -Somos dos piezas de un puzzle que debe completarse.Ella sonrió, confiando esta vez en sus palabras, más que nunca. Concibiéndose a sí misma como esa pieza que él requería a su lado. Junto a sí mismo. Para unirse y mezclarse al mismo tiempo, y con esa mezcla, dar con el resultado: el puzzle terminado. -Soñaré contigo, como cada noche. Ella volvió a sonreír. Volvió a desear que él soñara con ella, y ella acabó soñando con él. Juntos visitaron lugares, y juntos se quedaron también quietos en otros lugares. Observando playas, cielos, soles, arena y olas. Niños, juegos, agua, lluvia. -Necesito que me quieras, como yo a ti. Ella pensó en la amplitud de su amor. En la amplitud de su mundo. Cierra los ojos y decide adentrarse en ese mundo durante unos instantes. Todo tiene otro color, todo le dibuja su sonrisa, en el aire y en las paredes blancas. Ella le quiere, él no sabe la cantidad exacta de ese amor. Él no duda tampoco. Pero regala dichas palabras a sus oídos, palabras, esta vez, llenas de amor. De amor puro. -Ahora que he escuchado tu corazón latir lleno de vida, no te soltaré. Ella comenzó a respirar suavemente. Su corazón seguía latiendo como la última vez, quizá más débilmente que en aquella ocasión. Él quiso acogerse a ella. Quiso adentrarse en sus entrañas, formar parte de su esencia, quedarse con el aroma de su fragancia que poblaba su cuello y su pecho. Él quiso afinar aún más la piel que cubría sus manos y arropaba sus frágiles muñecas. Ella siguió respirando. Él recordaba el sonido de ese primer latido. Él se marchó queriendo no irse jamás. Ella volvió a desenvolverse del amor para que él se lo quedara. -Gracias... Por hacerme feliz Ella sintió la frescura del aire. Y quería seguir sintiendo esa sensación de estar flotando, de sentirse inmune, y también, feliz. -Yo no tengo la culpa. Su sonrisa se borró. La de ella. Se vació, por completo, viendo de cerca cómo él no percibía su dolor. Dolor que jamás apreció causar. Ella se resguardó. Del frío y del dolor y de las palabras. Solamente quería respirar. Y un refugio. Donde sólo hubiera cabida a la calma. A la paz. Su vacío era inmenso. Seguiría estando así durante mucho más tiempo. -Nunca has sido lo suficientemente fuerte Ella siguió desvaneciéndose. Poco a poco. Y en soledad. Comiéndose parte de su tristeza. Intentando curarse las heridas. Cuidando muchas partes de su piel. Abrigándose con sus pequeños brazos. Aliviándose con música tranquila. Pero cultivando el dolor que le había anunciado que no se marcharía. Ella se rinde y se viene aún más abajo. Conoce la distancia que hay entre el suelo y el subsuelo. Se queda en ese escalón donde, actuar o dejar de hacerlo viene a significar lo mismo. Pierde confianza en sí misma, también en él. Sobre todo en él. Vuelve a preguntarse qué ha ocurrido. Vuelve a no distinguir parte de la realidad que está viviendo (y sufriendo). Vuelve a perder el sentido. Ya no puede reconocerle. Ni puede contemplar su amor, porque Palabras que ya no existen. Que quedan lejanas. Que quedan guardadas dentro del baúl que todos abrimos cuando necesitamos recordar algo que nos hizo sentir realmente vivos. -Tengo miedo de no volver a sentir en toda mi vida lo que siento estando contigo Viernes, 12 de Octubre de 2007 19:06 Autor: scarlett. Hay 2 comentarios. Delante del cristalFrente al gran cristal se hallaba con las muñecas desnudas. Había guardado todas sus sortijas de plata en la caja azul y había enlazado las cartas de años anteriores. Había mirado por última vez las fotografías y había dejado muy vacío su cuarto. Como si de una habitación a punto de estrenar se tratase. No quería dejar demasiadas huellas ni recuerdos. Ordenó los libros que le habían ido regalando sus amigos y tras dichas actividades, se vio dispuesta y preparada a realizar la última, que ocupaba el último punto de su lista: quitarse la vida. Con esto se deshacía del valor y de la fuerza (ella lo sabía) pero también se deshacía del dolor y la angustia. No podía sufrir más. No. Y sabía que al dejar de existir, se extinguiría todo lo demás, todo lo que le había ido vaciando. Observó sus muñecas por última vez, se le escapó una lágrima a la que se le antojó corretear por el lado derecho de su pequeña nariz. Y estaba dispuesta a dejarlo todo. Toda la pena. Toda la amargura. Fue cobarde, y se quitó la vida. Aquel cristal fue el único testigo, y sus pulmones y su corazón dejaron de funcionar. El rojo tiñó sus manos. Sus venas se abrieron. Sus ojos se cerraron, y su lagrimal...su lagrimal persistió a seguir mojado. Fuertes latidosSe encontraba sentada. Temblando. Con la boca tapada y el alma rompiéndose muy poco a poco. Su voz se quebró. Gritó de furia. De rabia. Y de odio. Fue un vacío inmenso, creado en seis minutos y medio. 6 minutos y medio de angustia. Volvió el silencio, y con y tras él sonaron sus palabras. Las de ella. Por toda la casa. No tenía fuerzas para destruir nada, excepto a sí misma. Decidió introducirse en la ducha, con los ojos empapados y su voz deshaciéndose en pequeñas partículas de tristeza anteriormente contenida. El agua corría por su frágil cuerpo. En ella seguía lloviendo y sus lágrimas comenzaron a mezclarse con las gotas de agua a punto de hervir. Decidió quemarse. Sentir un calor extremo que no le podría proporcionar más dolor que el que le había proporcionado aquella llamada. Sin opción a expresarse, perdió en unos minutos esa parte de su vida que había estado cuidando con tanto (demasiado) amor. Siguió el agua resbalándose por su pecho, su vientre y sus rodillas. Pasado más minutos, decidió sentarse en aquella bañera, no para ahogarse con el agua caliente que tanta cal concentraba, sino para ahogarse con sus lágrimas. El dolor se apropió de todo su cuerpo. La rabia y la ansiedad se adueñaron de ella. Toda ella. Su llanto persistió y su corazón comenzó a acelerarse, a bombear como si tuviera prisa, latidos tan seguidos y potentes y lágrimas tan tristes, que no quiso mirarse al espejo. Dejó de confiar en sí misma y calmó su corazón con silencio. Y pensó entonces en palabras que había escuchado alguna vez en algún lugar; palabras que incluían la muerte en vida. OdioSe vació de lágrimas saladas que arrancaban la capa de los mejores poros de su piel. Se vació de dolor que fue dejando en muchas calles de la ciudad. Se vació de mucho del amor que quedaba en ella. Se vació de toda la pena que había acumulado hasta entonces, y la pena que había recibido aquella tarde. Se vació de odio y de rabia. Pero sabía que al volver a casa, su mente seguiría pasándole recuerdos en forma de imágenes como si fuera una película a pasos. Y esos pasos fueron los protagonistas de esa noche. Noche en la que sus ojos no lograban cerrarse, y su cabeza no paraba de pasearse por mil sitios. Una noche amarga, como muchas otras que había vivido por su culpa; pero sabía que ésta era la peor. La peor de todas, sin duda alguna. Por un momento había querido morirse. En un minuto le había quitado mucho sentido a su vida con aquel tono de su voz. Había sido un monólogo cruel y decepcionante. No había sido más cruel en toda su vida, con ella. Y ella quiso borrarle definitivamente aquella tarde, quiso actuar como si jamás hubiera existido. No podía concebir que aquella voz procediera de aquella persona que ahora estaba compuesta y llena de frialdad y números. No podía reconocer que aquellas palabras hubieran salido de su boca. No podía entender por qué tras todos sus momentos le llegaba esta vez para hacerle sentir insignificante. Aplastó su interior de la peor manera. No pudo escoger peor. Eligió la peor salida. Para ella. Él derrochó palabras arrogantes. Le quitó toda la veracidad al amor que había estado anunciando por ella. Dejó en blanco la historia. Se lo llevó todo con sus palabras. Ella, compuesta de sensibilidad, se echó a llorar. Se cogió la cabeza con sus dos manos, se aproximó a las paredes frías de aquel baño que pudo ser testigo de todo su dolor, de sus gritos de auxilio, de su necesidad de estar mecida entre los brazos de alguien que estuviera compuesto de ternura. No podía parar de llorar, no podía descongestionar el tráfico entre sus gritos y sus lágrimas, que a pesar de ser transparentes, podían mostrar todo lo que había dentro suya. No cabía más desolación ni desconsuelo en su cuerpo. Escupía lamentos de tristeza, esculpidos en dolor. Había vivido una mentira, una mentira de la que quiso deshacerse, pero ya estaba pegada a su piel. Él se había encargado de repetírselo en aquella llamada. Dejándola vacía, arrancando lo más íntimo de sus entrañas y arañando en su interior. Todo ello sin tocarla. Ella sintió odio. Y sintió que jamás podría volver a sufrir de esa manera. Completamente perdida![]() Me dejas sin nada para deshacerte de todo. Me derrochas desde arriba la belleza que define tu vida e ignoras que me destruyes. En poco tiempo. Te bastan cinco minutos para destruir todo lo que me compone. Y mis latidos comienzan a precipitarse y mi corazón se convierte en el ganador de la carrera. Tú desapareces. Me borras. Me aniquilas como si yo no tuviera sentidos con los que notar o sufrir. Te he notado demasiado. Ojalá pudiera cambiar las cosas. Ojalá mi dentadura no tiritara y tuviera la voz valiente. Y los brazos descansados. Y mi vida algo más reluciente que la tuya. Ojalá nunca me hubieras llamado. Podrías haberte tragado tus palabras y dejarme estar. Haberme olvidado, pero no dejarme sola en el laberinto que has creado para mí en cuestión de segundos. Y mis ojos vuelven a perderse también. No ya contigo. Quizá sea un alivio.
Que pase el tiempo. Tapas![]() "Si sólo hemos follado, te han sobrado caricias"
De la película "TAPAS" : (La vida es como los pimientos de padrón, a veces pica, y a veces no) Heridas abiertasCreo que éstas, mis heridas, no pueden abrirse más. Han llegado al punto “culmen”, y no puedo cambiarlo porque ya es demasiado tarde. Podría haber sido inteligente, sí, podría haber sido una chica inteligente o no haber perdido esos poderes que antes tenía para adivinar las cosas, (algunas). Esto era importante. Debí haber sabido adivinar que esto ocurriría y que mi vida se volvería algo más fea. Debí haber caminado con cautela, y sin prisa. Debí haber abandonado todo y centrarme en otro tipo de deseos. Haber matado ilusiones más rápido. Haber creado otro camino ajeno a todo y todos. Haber andado mirando al suelo, y no al cielo. Haberme centrado en la dureza de las aceras de esta ciudad, y no en la débil lluvia de cualquier mes. Debí haberme preocupado por vivir otro tipo de cosas, aunque no me aportaran tanta felicidad. Debí seguir buscando para encontrar la paz que requería mi vida, y que me rogaba a gritos. Debí haber escuchado esos gritos cada día, y no pensar que yo podría sobrevivir a la locura. Debí hacer tantas cosas... si las hubiera hecho, con tiempo y con calma, ahora no me encontraría dolida, con estas heridas tan abiertas, tan extremadamente abiertas. Puedo ver mis músculos desacentuados, mis huesos reclamando calcio, y mi sangre, corriendo a borbotones. Puedo verlo todo, menos la luz que un día iluminó alguno de mis días. En aquellos días creí ser feliz. Creo que ya no puedo serlo, al menos, de momento, ni tampoco hacer feliz, y eso me atenaza. Me he visto obligada a deshacerme de palabras como éstas para encontrar un cierto alivio, pero no hay nada que pueda curar estas heridas. El tiempo no me sirve, nunca me ha servido, tampoco lo va a hacer ahora. El tiempo sólo logra recordarme lo tremendamente estúpida que he podido llegar a ser intentando buscar ese estado de felicidad permanente que unos envidian y otros tantos disfrutan. Pero también sé que seguiré siendo estúpida el resto de mi vida, creyendo que se puede ser feliz en cualquier momento, o de repente, o por momentos tan fugaces que incluso parecen llegar a ser eternos. Pero siento tanto dolor, y tanto daño acumulado en mis brazos y mis piernas... Y mis heridas no paran de llorar sangre. Sangre roja, casi negra. Tantas heridas abiertas que no me dejan sentir el gramo de vida que me quedaba antes de que el teléfono sonara. Ya no queda vida, sólo sangre, y después de ella, mis gestos etruscos. Mi mente quieta y mis recuerdos desorientados. Mis alas, (las que me inventé) rotas, hechas pedazos. Mis lágrimas, rojas también. Mis ojos, cerrados. Del dolor. Y mi boca, abierta. También a causa del dolor. Sólo puedo sentir eso por ahora. Porque excepto eso, no queda nada a mi alrededor. Y mi entorno se vuelve rojo también, y a nadie le llega esta señal, ni estas palabras, y nadie puede llegar para salvarme. Sólo puedo escaparme de una manera: soñando. Pero no logro dormir, y mucho menos soñar despierta. Perdí esa capacidad que yo tenía antes de estar en otros lugares con los ojos abiertos y los pies intactos. Entonces no sufría. Y entonces era una persona prácticamente alegre. Ahora mis heridas no paran de sangrar. Quiero que mueran, mis heridas. Quiero que lo hagan, y así yo, poder acurrucarme entre dos brazos que sepan devolverme el calor que yo un día di. Y convertirme en receptora de paz, de amor, de cura. Y recibir también medio gramo de vida para poder recuperar la que yo tenía. Para poder volver a vivir. Regalar recuerdosPodría regalarte recuerdos. Regalarte todos y cada uno de esos momentos que pude llegar a vivir y que desde el principio quise guardar con mimo en mi caja de secretos. Pero esa caja se encuentra abierta, y la llave se ha extraviado. No puedo volver a cerrarla, y creo que es una señal. Creo que el único deseo que ahora me queda es dejar irlos. Que se marchen a donde quieran, y que si vuelven, lo hagan cuando yo esté curada, y sana. Y me encuentre con media sonrisa presente en mi cara, y que mi boca desprenda sonidos alegres y mis ojos deslumbren durante un pequeño tiempo, y mi pelo se vuelva brillante y quiera bailar con el viento, como antes. Y quiera silbar y hacer cantar a las hojas. Y que la vida se me vuelva bonita, y que yo me vuelva bonita también. Que no me asuste nunca más, que no se me acumulen los latidos, que no se me cierre la garganta. Que el espejo grande me recuerde la imagen que yo tenía hace unos años y que mis pies no se sientan cansados ni mis piernas pesadas. Que mis manos vuelvan a tener vida y mis palabras signifiquen algo. Que las frases sean completas y no únicamente simples. Que la historia de mi vida pueda ser contada, y que tu nombre desaparezca para que yo pueda volver a caminar en equilibrio, con la cadera firme y la piel tersa. Que el tiempo pase para cambiar mis momentos, y ofrecerme días llenos de sol y de pequeñas nubes blancas. Muy pequeñas. Y que el cielo tenga diferentes tonos de azul para yo enamorarme de cada uno de ellos. De cada uno de esos tonos que pueden embellecer mis mañanas. Y que no haga frío en las calles de la ciudad para que mis tardes sigan siendo tardes agradables, y que el sol no tenga prisa, y que tu recuerdo se extravíe como esa llave entre las piedrecitas del parque que los niños utilizan para jugar y cansarse. Y que vuelva ese recuerdo cuando yo sea una mujer más fuerte. Cuando mi debilidad haya decidido poblar otro cuerpo y otra vida, y haya decidido despedirse de mí definitivamente. Y que mi pena se haya escondido en los jardines, y las rosas sean las cómplices de ese escondite. Y que no vuelva esa pena a encontrarse conmigo. Y encontrarme más tranquila en este asiento, y pensar, pero por poco tiempo, qué me queda por hacer y qué es lo que puedo hacer ahora con tus recuerdos, que a la vez también son míos. Y pensar, por ejemplo, que los quiero tener y guardar en otra caja aparte, o sentir, por ejemplo, que es mejor regalártelos, y que te los quedes tú, y que así tú decidas qué hacer con ellos. Y darme una respuesta, o no dármela, porque sea lo que sea, definirá el significado de tu propia voluntad, algo en lo que no puedo incidir. Algo que yo no puedo modificar, algo que ya no quiero cambiar. Algo que se halla ya fuera de mi vida. Pero estos recuerdos todavía se encuentran desorganizados entre mis cosas. Y quizá tú sepas deshacerte de ellos porque así lo deseas, o tal vez quieras molestarte en ordenarlos y guardarlos tú en tu caja metálica, que a diferencia de la mía, es fría. Fría como tus últimas palabras. Domingo, 14 de Octubre de 2007 18:38 Autor: scarlett. Hay 1 comentario. Cuestión de preguntarse-Me pregunto (llevo haciéndolo durante mucho tiempo) cómo pude llegar a salir de tu vida. -Y yo me pregunto cómo te dejé entrar en ella. Domingo, 14 de Octubre de 2007 18:39 Autor: scarlett. Hay 1 comentario. "Bona nit""Bona nit", eixes eren les paraules que ella començava a trobar a faltar cada nit, en el racó de la seua habitació compartit junt als numerosos quadres en blanc i negre i els records asomant per tot arreu. Mai havia tingut i gaudit la oportunitat d´escoltar "bona nit" d´una persona que li estimara tant com ella havia sigut capaç d´estimar. Temps perdut. Això sentia sobre el llit, més fred a mesura que avançava la tardor. Cada matí a l´obrir els ulls i no trobar-se amb un sol alicient. Ja no en tenia cap. S´havien esgotat; o tal vegada mai va tindre´ls. I a la millor havia estat vivint pels demés, sempre pels demés? Aquesta idea (i possible realitat) li buidava el cos i ala vegada li doanva molta, moltíssima por. Perquè aquesta sempre estava al seu voltant, en el silencio i en el soroll. "Bona nit", dues paraules que si haguessin estat alguna vegada carregades d´amor, i de desitg, i hagueren sortit d´alguna boca sincera, i hagueren entrat en el seu cap, el d´ella, les coses hagueren sigut diferentes. Ella haguera arribat a ésser feliç, i no sols la nit de les paraules carregades d´amor, sinò la resta de les nits ella haguera sigut feliç també, pel record d´eixes paraules, per la presència d´una altra boca i una altra veu; pel trencament de la seua soledat, pel recor de la felicitat viscuda. Martes, 16 de Octubre de 2007 15:13 Autor: scarlett. Hay 2 comentarios. Un día de solHace exactamente una semana, exactamente 7 días, me encontraba a 300 km de aquí. Y estaba respirando otro aire, estaba viendo otras gentes, y estaba pisando otro suelo. Contemplaba escaparates de las pastelerías más preciosas que he visto en toda mi vida. Y contemplaba decenas de figuras romanas. Y todo era perfecto. Porque entonces , hace solamente una semana, gastaba el tiempo para mí, hacía lo que quería hacer, y no me perseguía el teléfono, ni estaba pendiente de nada, únicamente de sonreír y de ver cosas nuevas. Como este cielo, que por ser el día que era, y el sitio que era, ya era diferente. Tuve mucha suerte al estar allí y tener tres días seguidos de luz, de mucho sol, de muchos rayos que a media tarde se agradecían en gran medida. Ahora son tres días los que llevo sin sol, y mi pelo no brilla y mis ojos tampoco se aclaran. Los rayos han desaparecido, pero me queda este cielo y este rayo de sol. Puedo mirarlo siempre que quiera, y puedo acordarme de lo feliz que puedes ser durante 24 horas, aunque después de todo, todo de ese giro de 180º exactos, y no puedas pasar a comprender nada.
Y la cuestión no es que te hayas convertido en una persona ignorante, la cuestión, o mejor dicho, lo peor de todo, es que te han cambiado parte de la vida que tú querías para ti; y entonces, con eso, y sin el sol, los días dejan de merecer la pena. Martes, 16 de Octubre de 2007 15:26 Autor: scarlett. Hay 1 comentario. Ya no me asusta![]() No, creo que ya no me asusta esta palabra. La he oído algunas veces en mi vida, y dicho en otras tantas...He intercalado esta palabra en algunas frases, y nunca me gustó pronunciarla ni tampoco me agradaba que se colara entre mis finos oidos. Creo que nunca me acostumbraré (no tanto como me gustaría), a escucharla sin que ninguna parte de mi cuerpo tiemble durante unos segundos o minutos. Creo que influye siempre el espacio donde se dice, y siempre la he dicho en lugares como estaciones, paradas de autobuses o mi antigua casa. Creo que lo más difícil no es decir esa palabra y volver a mirar atrás, lo difícil es seguir tu vida a partir de esa palabra dicha y ese recuerdo, que siempre, siempre siempre...se convierte en un recuerdo triste, que te hace tiritar, no de miedo, sino de inseguridad y de nuevo, de tristeza. La maldita tristeza que te va dejando huecos, otra vez, malditos huecos, que te vuelven pequeña, otra vez pequeña... Y siempre es la misma rueda que gira y gira. Y a veces eres tú quien no puede seguir con esa rotación y esos movimientos que te descolocan, y paras por un momento, para mirarlo todo con los ojos bien abiertos, y entonces el tiempo pasa y se te acumulan días por vivir, y ya no logras alcanzar esa rueda. Y entonces vuelves a sentirte perdida, y de nuevo pequeña... Pero vuelvo al principio: creo que ya no me asusta decir adiós. Creo que he aprendido en poco tiempo (o en mucho, quien sabe...) creo que lo digo ya no pensando en lo que he vivido, sino en lo que me queda por vivir. Creo que me asustan mucho más otras cosas, y eso no es tan bueno como parece, pero sí lo suficiente como para no volver a temblar como antes al decir "adiós". Y decir adiós no a una persona, sino a recuerdos, y momentos que has vivido y que, por el momento, quieres dejarlos escapar y esconderse lejos de ti, porque sabes que es imposible convivir con ellos. Y digo adiós a muchas cosas. Y creo que el tiempo hace que no me asuste. Y los días siguen pasando, y el adiós se ha vuelto intacto, aunque mi cabeza siga torturándome, por las noches, sobre todo por las noches. Pero he pronunciado esa palabra, y jamás volveré atrás. Miércoles, 17 de Octubre de 2007 12:28 Autor: scarlett. Hay 3 comentarios. Agua salada![]() Siempre entendí que estábamos compuestos de agua. Agua salada. No dulce. No pueden emanar jamás de nuestros ojos lágrimas dulces, porque aunque lloremos de emoción, siempre saben a sal. Siempre son saladas. Y sin embargo, podemos llegar a ser las personas más dulces, dependiendo de la personalidad que nosotros tengamos, depende de las palabras que hayamos empleado y pronunciado a lo largo de nuestra vida, y todo lo que hayamos hecho hasta el día de hoy. Y habernos preocupado por cualquier cosa, aunque mínima o estúpida pudiera parecer. Y haber escrito cartas que a pesar de acabar luego en la papelera nos parecían importantes. Y haber gastado tiempo aunque después nos demos cuenta que de verdad lo hemos perdido, (en hacer todas esas cosas que queríamos hacer por alguien). Y que llegue ese alguien a destrozar parte de tu vida y a no valorar los sueños que tú no pusiste en tu cabeza por arte de magia. Y que ese alguien te muestre sin palabras y sin sonidos que estás hecha y compuesta de agua salada. Y que tus lágrimas comiencen a hablarte, a decirte lo estúpida que has sido. Y a intentar darte el empujón que te hace falta, para salir de la cama, para salir a la calle, para subirte al autobús o para escribir en el cuaderno que siempre se te olvida llevarte a clase porque tu cabeza anda perdida en otro mundo que no es éste. Y te das cuenta, también, gracias a ese alguien y a esas lágrimas saladas, que no te gusta este mundo, ni siquiera ese mundo extraño donde se encuentra perdida tu cabeza. No te gusta ningún mundo, ni siquiera el que creíste que era para ti y en el que creíste ser la persona más feliz de la faz de esta tierra. Y entonces empiezas a odiar a la tierra, al mundo, al aire aunque vivas gracias a él y al agua. Porque tú te tiraste años queriendo que fuera agua dulce y nunca pasó a serlo. Siempre se mantuvo siendo agua salada. Y ya no sabes si acabas enamorándote de la sal que te puebla, o si acabas saboreando las lágrimas que se van resbalando sin darte un previo aviso de que están ahí, para decirte mil cosas sin pronunciar una sílaba de cualquier palabra que te podría producir cualquier tipo de daño, el peor...pero resulta también que has experimentado mil dolores, y mil tipos de daños, directos, indirectos... mil tipos; y entonces llega ese momento en tu vida en que todos te parecen malos, todos se convierten en los peores. Y saboreas esa lágrima que ha nacido estando tan callada... Y quiere pasar desapercibida, pero vuelves a contemplarla en tu rostro, vuelves a saborearla, y vuelve a ti. A estar dentro de ti. Y no dejas de ser agua.
Salada, claro. Siempre salada. Y contrarrestas todo esto con alguna sonrisa, también perdida, que dejas colgada en algún lugar de alguna calle que has pisado. Pero dejas de acordarte de esa sonrisa, y quieres olvidarte de tus lágrimas. Y sigue estropeándose tu mundo, sigue jodiéndose todo, y sigues buscando todas esas cosas que eran tuyas, y que de verdad eran dulces. Jueves, 18 de Octubre de 2007 13:43 Autor: scarlett. Hay 1 comentario. Vida en un cuadro virgenLe dolía la cabeza. Sólo la cabeza, pero quería morirse. Y sabía que no llegaría a morirse sólo por aquel dolor de cabeza. Y sabía también que todos sus días eran iguales y quería acabar con esto pero no podía. Tampoco encontraba la manera de hacerlo. Aquel día sufrió un gran dolor de cabeza. Con el tiempo, le llegó un fuerte dolor en sus piernas, y a los meses siguientes, le pesaban mucho los brazos. Eran dolores distintos, pero todos lograban tornarla pequeña. Y débil. Y perdía fuerzas a cada segundo que pasaba. Se iba consumiendo más y más. Su piel se volvió más blanca. Su pelo perdió brillo y volumen. Su frente ganó arrugas y sus labios se volvieron mucho más pequeños. Su rostro y cuerpo iban perdiendo expresión y forma. No se volvió fea, ni extraña...simplemente fue dejando de existir. Ella lo sabía. En ningún momento dejó de ser consciente. No se arrepentía de haber dejado de quererse a sí misma y haber dejado de mimar su pelo y piel. Desde aquel día en que la cabeza le dolía, permaneció quieta, intacta, de pie y también tumbada sobre la cama donde antes se respiraba tanta vida. Lo peor de todo es que ella ya no quería vida, ni oxígeno, ni luz, ni ciudades, ni animales ni cristales... No queria contemplar, visitar ni cuidar nada... Tampoco sus manos, que años atrás tanto amor habían expresado. Dejó su última gota de vida en su último cuadro. Se pintó a sí misma por primera vez. Y se pintó tal y como Él le había contemplado cuando aún le amaba. Curvas, matices, colores, formas, sombras, luces. Toda ella ERA vida. Y mientras volcaba su imagen en el lienzo y éste iba empapándose de esa vida que ella tuvo; ella iba acercándose al deseo máximo de desaparecer. El deseo máximo de dejar en aquel rincón su recuerdo, con su nombre a medio dibujar. Como a medio dibujar quedó su sonrisa cuando sus manos perdieron toda la fuerza y su corazón decidió dejar de latir. E impregnada se quedó su vieja felicidad en el cuadro virgen que había comprado para dejar instalada en aquella pared su vida. Y la belleza que le había definido. TreguaDecidió que no volvería a pisar el parque al que acudió para rociar su amor sobre las losetas en un día de sol. Y decidió olvidar el brillo de aquel sol y sus mejillas rosadas. Así era su piel, demasiado blanca y demasiado fina como para no verse afectada por aquel calor. Y quiso recordar que ya no era un recuerdo; aunque ella eso no podía cambiarlo. Y se sentía muy impotente de no poder gritar en voz alta, de no poder deshacer el nudo de su garganta y de soñar vacíos. Se sentía llena de rabia, y su cabeza empezó a llevarse mal con ella. Ella queriendo olvidar, y la cabeza queriendo recordar, dañándole hasta morir. Ella se sostenía de la mejor manera, le temblaban siempre los pies, sus brazos quedaban pegados al cuerpo, y sus pies comenzaron una tregua que ella aceptó. No tenía ganas de caminar, ni siquiera de mirar de reojo para ver qué es lo que le espera. No sabe lo que le toca, de ahora en adelante, sabe que le basta con todo lo que ha vivido (y tocado vivir). Sabe perfectamente que el futuro debe ser mejor que el pasado; al menos ella quiere pensar eso, y aunque esto también le haga daño, no será un dolor mas profundo que el que ha estado sufriendo. Ella no quiere pasado, y el presente lo ignora. Recuerda cómo en una de las clases de la facultad escuchó que “El presente no existe, porque los segundos pasan y nada es presente. Sólo queda el pasado, y sólo queda el futuro, aquello que está todavía por ocurrir”. Entonces se encontraba con dos palabras fijas, una a su izquierda, mostrándole sus recuerdos, sus palabras, sus vivencias. A la derecha, la palabra futuro, mostrando incertidumbre, ignorancia, planes. No dudó, sí lloró, al querer deshacerse de recuerdos, de lo que hasta ahora había estado viviendo, conformándose o no, siendo feliz o infeliz, pero todos aquellos eran suyos, sus recuerdos. Lloró y apretó la palabra futuro, y entonces quiso avanzar, para empezar a descubrir que había detrás de esa palabra. Pero a pesar de elegir, sus pies permanecieron convencidos con la tregua. Ella tampoco discutió con ellos, ni siquiera se enfadó. No merecía la pena. Ella, en realidad, había elegido por elegir, porque no tenía otra opción. Al fin y al cabo, quedarse quieta y esperando el momento de su vida, a quedarse quieta y esperar que el futuro le llegara; era lo mismo. Su vida seguía siendo la misma, con el mismo dolor acumulado y guardado. No sabía cómo podía deshacerse de él. Tal vez era tanto y tan profundo, que le podía. Ella sabía que dejó de ser fuerte hacía muchos años, por eso la coraza ya no le bastaba. Sí, una coraza de demasiada mala calidad. Y entonces comenzó a odiarse por un momento. Por amar, por pensar, por soñar, por tantas cosas unidas que le habían ido cambiando la vida todos sus días. Y todos sus días eran diferentes. Tampoco eso le agradaba. Hacía falta esto, dolor, para que sus días volvieran ser iguales. Para que eligiera el futuro sin querer elegirlo. Para intentar olvidar el pasado sin que éste le odiara a ella también. Y seguía sin vivir, seguía con sus brazos pegados al cuerpo, con sus labios sellados, con sus pies en tregua. Tal vegadaAtaques els meus sentiments, em lleves les paraules, em fas patir amb les llàgrimes silenciades. Cridant després contra teu, no amb tu. Ja no et vull. O no vull estimar-te. No vull raons. Ni tampoc vull sons. Vull el meu somriure, ni tan sols una llàgrima teua. No vull capítols, ni històries, ni records. No vull noms. No vull pensar. Vull un altre lloc desconegut per mi. Vull un viatge, o un pla, o una realitat molt diferent. A aquesta. Darrers moments que tal vegada podré esborrar. Tal vegada... Tal vegada em buidaré d´odi. I em quedaré sense paraules per tu. Sempre. M´has provocat un silenci etern, tu, només tu. T´has carregat no un món, sinò un conjunt de mons que depenien d´un fill que tenies tu a les mans. Tal vegada t´has quedat amb un món encara no trencat. Oblida cada paraula dita a través de la meua boca amb la meua veu. Oblida tots els colors que s´apropien de mi. Estableix negre davant meu. Potser ja sóc aire. Potser ja he desaparegut, i tu, tu no ho sabras mai. Días raros![]() Porque aún me acuerdo de cuando mi vida era otra, o cuando mis días eran otros. Porque ahora soy consciente de lo tontas que podemos ser a veces las personas al confiar, al creer que las cosas bonitas nos llegan y se van a quedar, y más tontas cuando creemos que de verdad eran cosas bonitas. Y confundimos multitud de veces la felicidad...sólo porque un día nos miramos al espejo y vemos una sonrisa más brillante... Será porque nos hemos lavado los dientes con más esmero Días raros, muy raros.Y anclada. Me anclo a las palabras que escribo todos los días en papeles que releo y a la vez quiero quemar. Y me anclo a las canciones que me vacían, y otras que me llenan y me empujan a levantarme de la silla para poder volver a caminar como antes caminaba.Y pensar que mi vida puede volver a ser lo que era.Con cielos más azules que antes. Con soles aún más grandes. Con nubes de algodón más puro. Con chocolates más dulces y palabras más sinceras.Y amor que no dañe. Amor que no te arranque partes que te son imprescindibles para poder vivir, y dormir. Y poder conciliar el sueño de una puta vez. Viernes, 19 de Octubre de 2007 21:34 Autor: scarlett. Hay 2 comentarios. Incrédula (por las cosas que pasan)Cansada del surrealismo. De lo increíble. Y hasta cansada de lo creíble, que escuece. Cansada de las mentiras, y de las verdades. Cansada del miedo que se esconde detrás de mis pestañas y nadie ve. Cansada de las lágrimas que se meten para adentro y nadie alcanza a contemplar en mí. Cansada de las cosas que pasan "porque tienen que pasar". Cansada de muchas de las cosas que se quedan pegadas a ti. Cansada de sentirme bronce, de sentirme piedra; cansada de sentirme así, como si no fuera capaz de poder llegar a ser oro, o diamante. Cansada de ver cómo alguien es calcita, y tú yeso. Cansada de que un simple roce te produzca un gran moratón. Y que ese moratón sea el principio y el final de todo. Ambas cosas a la vez. Y que esa persona no lo comprenda. Y que el moratón produzca un gran contraste en mi piel. Y mi piel no ha dejado de ser blanca. Es casi de un blanco puro. Suerte que poseo lunares de muchos tamaños y colores, y ellos son quienes aportan vida a mi piel. Cansada de verme obligada a convertirme en una mujer incrédula.
Cansada del cansancio. Y más que nunca. Invitación al amorEsto es un cuento, nada más. Acabo de escribirlo y es un cuento en donde sólo hay cabida para la voz de una persona que construye una invitación al amor. Pero no dudo que sería agradable recibir precisamente eso: UNA INVITACIÓN AL AMOR. Me quedaré con este cuento cerca, por si decido no ponerle un final aquí. De momento, te muestro su invitación al amor en palabras. Con estas palabras. “Te invito a que pases aquí dentro, que te quedes entre las paredes de mi piel y el calor que desprende la sangre que corre por mis venas. Y entre la seguridad que proporcionan mis arterias. Y entre el aire que corre dentro mío; pero te ofrezco una invitación; la invitación al amor. Te ofrezco quedarte en mi corazón, si prometes y me juras por escrito que jamás lo destruirás, ni rasgarás ni dañarás. Si juras que siempre estarás mimándolo, y que si en algún momento de tu vida, si en algún día de invierno otoño primavera o verano decides marcharte y abandonarlo (y abandonarme), lo hagas sin hacer ruido, ni daño. Que camines en silencio y borres tus últimas huellas para yo no poder recordarlas después. Y no digas adiós. Comprenderé tus razones aunque no llegue a escucharlas. Comprenderé tu decisión aunque siempre llore tu partida. Entenderé de la mejor manera que pueda, el hecho de que dejes de vivir felizmente por mi invitación al amor, al amor que mi corazón es capaz de darte. Y prometo hacerte todo lo feliz que sepa. Prometo crear en ti todas las sonrisas que hasta día de hoy aún no he visto en ti. Prometo regalarte palabras, y prometo decírtelas de tal modo que durante muchos minutos seguidos se quedarán en tu cabeza, en tu mente. Y entonces querrás acostarte entre mis brazos, y recibir más calor. Y la ternura emanará de mis manos, y mis dedos alisarán tu pelo, de tal manera, que perderá algo de brillo, pero mis ojos empezarán a restar luz al sol para hacer brillar tus cabellos. Y yo seré tu luz. Seré todo lo que tu quieras que sea, siempre y cuando tú me quieras a mí. Y quieras que sea yo, únicamente yo, la persona que te proporcione amor, luz, y calor. Puedo darte eso, y mucho más, pero sé que no me veo capaz si no aceptas esta invitación al amor. Jamás te pediré nada, me basta con que ahora me prometas que no romperás mi corazón de la manera más fría. Prométeme que serás humano. Que serás la mejor persona hasta el momento de marcharte. Entonces podrás enterrar mi nombre, y deshacerte de los latidos que anteriormente habrás escuchado, y al igual que mis palabras, se habrán quedado en tu mente a convivir con tus pensamientos, y con tu decisión de abandonar mi corazón. Pero sólo te pido que prometas ser humano y que vivas cada día. Que vivas. Conmigo. Y que me des parte de tu vida, yo lo haré también. Y que intentes hacerme feliz. Y decirte que esto siento, que he creado esta invitación, es de papel amarillo, con letras grandes y azules. De un color marino. Y sé que te gustará, quizá sorprendido te quedes, pero te gustará, porque entonces, (espero) me mirarás y me sonreirás, y me darás tú tu propio calor con tu abrazo más fuerte. Y entonces no necesitaré escuchar un sí, tus gestos y tus brazos me bastarán para interpretar tu silencio. Y entonces mi vida se convertirá en otra vida distinta a la de ahora. Ahora está creada la invitación, es una invitación al amor. A mi amor. A que te quedes con él todo el tiempo que quieras. Pues no dudo que no se va a marchar. Sólo tú puedes hacerlo desaparecer. “
Lunes, 22 de Octubre de 2007 20:50 Autor: scarlett. ;?> Hay 1 comentario. Sientes por dentro que todos se vanMartes, 23 de Octubre de 2007 08:40 Autor: scarlett. Hay 2 comentarios. Nuevo miedo, y primeros puntosHoy he sentido una clase de miedo por 1ª vez: las operaciones. Se trataba sólo de que me extirparan dos pequeños apéndices benignos; pero mentiría si no dijera que he sentido miedo. Mucho. Y frío, también. Las piernas comienzan a temblarte de la manera más tonta, y siguen así hasta que logras dominarlas, y cruzarlas o hacer cualquier cosa para que puedan devolverte la paz que tenías antes de entrar en el hospital. Después, el inmenso dolor de las agujas, que se introducen dentro de ti para calmarte el dolor más fuerte que podrías sentir si te operaran sin anestesia; pero creo que las anestesias son insuficientes, o al menos, para mí, hasta con anestesia he sentido molestias; se deberá, quizá, a que desde siempre he sido cabezota y no he querido desviarme mucho de este mundo, el real, donde todo duele. Y es que me quedo antes con el dolor, que con el miedo. Al miedo no puedo soportarle. Me es imposible. Y no puedo hacer nada. Tampoco me propongo ningún plan, sé que no conseguiría nada. Somos incompatibles. Jamás le supero. Y te ves envuelta entre paredes blancas, y también entre lágrimas que te salen por dolor, por nervios...y luego las risas, que le preceden al llanto y es ahí cuando la doctora se asombra del llanto mezclado con la risa, pero la risa pronto fenece; y vuelve a nacer el llanto, y de repente te sientes pequeña, casi bebé. Y piensas no ya en ti o en el dolor que sientes en ese momento, sino en como estaran las personas que te esperan fuera. Gracias mamá, por preocuparte, por sentir tuyo mi dolor, por tus paseos y vueltas en el pasillo y porque mi dolor te traspasa, te llega al alma y a los ojos. Hoy lo he notado. Sin palabras, otra muestra de amor incondicional. Gracias Pablo, por estar a mi lado y preocuparte tanto por mí. Porque simplemente eres tú. Eres así. Y puedo llegar al final del camino y de tu mano porque sé que nunca me pierdo. Y Celia, que se preocupa de la manera más sincera, y me hace llegar sus palabras. Me has transmitido paz. Muchísima. Hoy he vuelto a sentir miedo. Otro tipo de miedo, pero era miedo. Siempre está ahí. Y no sé como alejarme de él. Hoy me quedo en casa, esperando calor, y mimos. Hoy vuelvo a ser pequeña (casi bebé) Y asustada, vuelvo a la vida, a ésta que te da y devuelve patadas de la manera más intensa. Ésta en la que las anestesias no funcionan de nada. Y mi cuerpo, a partir de hoy, comienza a llevar 6 puntos. Miércoles, 24 de Octubre de 2007 14:40 Autor: scarlett. Hay 1 comentario. Sonreír por dentroMe duele mucho la cabeza. Creo que este dolor viene causado por tanto pensar, por llorar y por los antibióticos. Creo que es mi cabeza la que tendría que hacer esa tregua que hacen mis pies. Creo que debería actuar más sin pensar, y no pensar para después actuar. Pero hoy me vuelve a doler tremendamente la cabeza y creo que debo dejar de pensar. Y sonreír por dentro, porque por fuera ahora no puedo. Miércoles, 24 de Octubre de 2007 18:34 Autor: scarlett. Hay 1 comentario. 2º díaHoy me encuentro cansada, pero me he liberado de parte del miedo que anoche y esta madrugada tenía. Sangraba uno de los puntos, y no he podido dormir demasiado. Le veo sólo una parte positiva a lo de estar malita, y es que las personas están más pendientes de ti, y te preguntan ¿cómo te encuentras? Más de lo normal, pero eso, de vez en cuando, está bien, te alivia. He tenido que madrugar, y he vuelto al hospital, pero me han curado el punto y bueno, me espera una semana de dolores y tirones, pero es lo que toca. No soy muy fuerte, lo sé, y no es que sea tremendamente malo que desde siempre haya sido una persona sensible; creo que de eso también se aprende, no sé muy bien el qué, pero se aprende. Estoy un poco más tranquila, sabiendo que la herida está bien, aunque creo que mi madre está fumando demasiado, y esta noche se ha tirado horas viéndome dormir, con cuidado de que no moviera ninguna parte de mi cuerpo. Creo que el cariño es imprescindible en casos como éstos, en los que lloras y ves que en ese momento no quieres ser tú, pero entonces llega alguien, te seca las lágrimas, y oyes que eres lo más bonito; y entonces deseas dormir muchas horas seguidas; pero vuelve la sangre a hacer de las suyas, y a despertarme de los sueños más bonitos. Hoy me encuentro cansada, pero más aliviada. Hoy me tomo el capricho de sonreír por fuera, porque es el cumpleaños de una de las mejores personas que conozco: Pablo. Te deseo el mejor cumpleaños. Recibe el más enorme de los besos y el más tierno de los abrazos. Ahora vas a venir a cuidarme, y eso, como muchas otras cosas, no tienen precio.Feliz cumpleaños!!!! Jueves, 25 de Octubre de 2007 10:47 Autor: scarlett. Hay 1 comentario. El final que adoroViernes, 26 de Octubre de 2007 10:26 Autor: scarlett. Hay 1 comentario. HapPy eNdSí. Se casan. Por supuesto. Lo hacen sin dudas, y con amor desbordado. En cada segundo, en cada momento compartido. Él sigue con su preciosa sonrisa permanente, y ella sigue con sus pómulos salientes y sus ojos regalando luz. Y claro, claro que tienen hijos. Primero llega la primera niña, después llega la segunda, y finalmente llega un pequeño. Deciden no tener animales, pero la casa es grande, no enorme pero sí grande. Y sin darse cuenta, cada mañana son felices, no pueden ser más felices que en todas sus mañanas cuando oyen a sus hijos quejarse porque no quieren levantarse y son aún más felices cuando al volver del colegio, sus niños les cuentan todo lo que han hecho, con la voz acelerada y las palabras seguidas. Ella sonríe, y recuerda también la época en que formar una familia le parecía un sueño inalcanzable. Él sonríe aún casi más ampliamente, y recuerda pero no anhela la época en que los negocios y el dinero eran los únicos componentes de su vida. Y anhela el momento en que pasó por aquella avenida y decidió que ella subiera a su coche. Entonces para ambos se abrió una grandísima puerta y comenzaron otra vida; pero, al igual que siendo felices; sin darse cuenta...
Y así acaba el cuento...¿quién no daría todo por vivir algo así?... Sábado, 27 de Octubre de 2007 10:52 Autor: scarlett. Hay 1 comentario. Suerte y dolorMe estoy curando. O mejor dicho, mi madre también está poniendo todo de su parte porque me cure lo antes posible. Sigo durmiendo poco y mal, pero prefiero pensar que amanece temprano y que puedo levantarme de la cama pronto, aunque no demasiado deprisa...porque sé que entonces me visitan los desmayos. Y ya basta de preocupar a mi madre. Creo que los puntos hoy se van a portar bien. Al menos no están tirando tanto como ayer, y eso, siempre es buena señal. Pienso en que todo mejore y que no les pase nada antes de que me los quiten, y pienso esto porque la actitud positiva es la mejor elección que puedo hacer para verlo todo con otros ojos. ¿Por qué no puedo tener suerte en estos momentos? No pido toda la suerte del mundo, no. No quiero abarcarlo todo. Odio la avaricia. Y creo que me conformo con que el viernes no me hagan mucho daño al quitármelo. Esto me pasa por ser sensible, que a todo le atribuyo parte de miedo y dolor. Hasta el amor está cargado de miedo y dolor. Pero ahora no quiero pensar en el amor. No me hace falta. Creo que hasta pasamos por épocas en que lo obviamos porque no confiamos en él. Entonces un día es el amor quien nos da con la puerta en las narices. Pero ahora no quiero hablar del amor; quería decir solamente que estoy un poco mejor. Que anoche cené con mis dos hombrecitos y me hicieron reír demasiado; pero bueno, si se trata de reír, nunca es demasiado. Hoy es sábado. No ha salido el sol. Estoy enfadada con él, pero quizá yo salga a respirar un poco este oxígeno contaminado de la ciudad. Hoy descanso, hoy me quedo en casa a recibir mimos, que, al igual que la risa, nunca son demasiados. Sábado, 27 de Octubre de 2007 11:09 Autor: scarlett. Hay 1 comentario. Invitación al amor (II)No puedo aceptar tu invitación al amor, no puedo. Y tampoco debo, porque yo, al igual que el resto de la gente, no tengo el derecho de hacerte daño. Yo sé que terminaría haciéndote daño, algún día, y tal vez involuntariamente, pero prefiero dejar pasar dicha invitación. Y te amo (claro que te amo), y con locura, pero sé que no es suficiente. Sé que aunque el amor persistiera, yo dejaría de ser el mismo. Dejaría de quedarme despierto mirándote, dejaría de echarte de menos al no verte, y dejaría mi vida llena de ratos sin ti. Entonces tú lo notarías. Notarías cada cosa, y yo dejaría también de merecerte, y no quiero ser una de las causas de tu posible futura agonía. Sólo quiero una cosa: ver la felicidad en tus ojos. Y aunque te baste ahora que mi voz te regale un te quiero, sé de sobra que un día necesitarías más, y te callarías, por miedo. Pero quiero robártelo, sí, todo el miedo, todo el miedo que en ti queda. Y quiero amarte por siempre pero estoy seguro de que no soy capaz. Hago demasiado caso a la cabeza, y a todo lo que no forma parte de ti. Y sé que podría hacerte sonreír, ahora, mañana...siempre, creo que sí soy capaz de hacer eso, pero sé también que algún día me resultaría sencillo herirte y partir tu corazón en pedazos. Y me volvería entonces cobarde y me alejaría antes de curarte, cosa que jamás podría perdonarme. Y por eso me quedo aquí, cerca y lejos de ti a la vez. Y sin ti, sin tus besos tempranos. Y dejo de conocer tus sueños, y ya empiezo a sentir mis huesos sin los tuyos. Ya empiezo a vivir el cambio de mi vida, sintiendo que tal vez, un día, una tarde... pueda arrepentirme de rechazar tu invitación al amor. Mucho fríoSí, me estoy volviendo una chica friolera, y no sé por qué. Llevo días notando el frío, notando demasiado el viento, el aire de las siete de la tarde y las manos heladas. Creo que es el tiempo el que me ha cambiado y me ha vuelto así. No es que sea malo, tornarme friolera cuando he sido toda mi vida tan calurosa. Creo que odio el frío, pero aún así, me he vuelto friolera. Creo que ahora tengo una manta siempre entre mis manos, y creo que mis pies anhelan el calor que antes les sobraba. Creo que hoy mi cabeza está en blanco, y no sé muy bien por qué estoy hablando de esto, quizá sea porque anoche pasé frío, o quizá sea porque me acosté demasiado triste y de la tristeza nació el frío, puede ser... Casualidades y destinoMucha gente cree en el destino, en las casualidades... Yo creí durante un tiempo en el destino, y también en las casualidades, aunque he de decir que es más fácil creer en las casualidades que en el destino. Creo que cuando tu presente no es tan bonito como el pasado que has vivido, tratas de pensar que el destino no existe, o que, por el contrario, existe, y a ti no te ha tratado del todo bien. Entonces si crees en el destino, tratas de unir lazos y cabos, para poder llegar a una conclusión, pero la conclusión puede dejar de ser convincente, y entonces pierdes el interés por saber cómo será tu futuro, y tampoco te encargas de vivir el presente, y tampoco sabes si es bueno pensar en el pasado, pero aún así, lo añoras, y quizás quieras repetir capítulos de ese pasado que es tuyo y nadie ya te podrá quitar. Ni robar. Domingo, 28 de Octubre de 2007 11:32 Autor: scarlett. Hay 1 comentario. Báilame el aguaDe la película "Báilame el agua": Báilame el agua. Úntame de amor y otras fragancias dfe tu jardin secreto. Riégame de especias que dejen mi vida impregnada de tu olor. Sácame de quicio. Llévame a pasear atado de una correa que apriete demasiado. Házme sufrir. Aviva las ascuas. Pónme a secar como un trapo mojado. No desates las cuerdas hasta que ya sea tarde, demasiado tarde. Sírveme un vaso de agua ardiente y bendita que me queme por dentro, que no sea ni tuya ni mia, que sea de todos. Líbrame del estigma. Llámame tonto. Sacrifica tu aureola. Perdonamé. Olvida todo lo que haya podido decir hasta ahora. No me arrastres. Vete lejos. Pero no sueltes mi mano. Empecemos de nuevo. Sangra mi labio con sanguijuelas de colores. Fuma un cigarro por mi. Traga el humo. Arréglalo y que no vuelva a estropearse. No lo toques. Échalo fuera. Crúzate conmigo en una autopista a cien por hora. Sueña retorcido. Sueña feliz que yo me encargaré de tus enemigos. Dame la llave de tus oidos. Toca mis ojos abiertos. Nota la textura del color. Hasta reventar. Sé yo mismo y no te arrepentirás. ¿ Por cuento te vendes? Regálame a tus ídolos. Yo te enviaré a los míos. Píllate los dedos. Los lamere hasta que no sepan a miel, hasta que dejen de ser miel. Sal, niégalo todo y después vuelve. Te invito a un café. Caliente, claro. Y sin azúcar. Sin aliento Un no cuentoRecogí este texto hace ya casi un año, pertenece a Ángela Becerra, y lo conservo en mi corcho. Me gusta leerlo de vez en cuando, para intentar comprender que es posible que alguien se quede sentado y te espere y te escriba y te haga sentir bien, por una sola vez, en mucho tiempo, sin darlo todo perdido, sin rendirse. Aquí lo dejo, espero que lo disfrutéis tanto como yo lo disfruté en su día. Ahora hace un año todo se aguantaba por un hilo. Sus lenguas, antes capaces de bailar unidas entre salivas hambrientas, ahora sólo se movían para el reproche. Sus ojos, los mimos que trenzaron futuros indestructibles entre miradas silenciosas, ahora se evitaban. Para sus cuerpos, la cama había perdido cualquier otro sentido que no fuera el de dormir con la rabia reclamando más rabia. Me vino a ver y se me sinceró. Estaba en el momento del gran salto al va´cio, en el que las emociones razonadas empujan mientras el halo de algún recuerdo bello deja un último resquicio a la esperanza.“No se merece nada pero, aunque sea lo último, algo tendré que regalarle”, me dijo. No salió a comprar. Nos quedamos en casa y le ayudé a escribir una carta. “Sabes que posiblemente ésta sea nuestra última navidad juntos. Te pensaba regalar un abrigo pero he cambiado de idea. Con esta carta te doy todo el tiempo que necesites para que me confieses, con respeto, lo que de mí te molesta, y también lo que te gustaría tener y ue jamás dijiste. Además, te regalo una hora diaria para acompañarte, tratar de comprender y analizar juntos lo que nos unió y lo que hoy nos separa. Te regalo mi último tiempo, el que dejé de tener para abrazarte, el que dejamos de tenernos para construir... ¿Estamos a tiempo?”Hace un mes los vi. Estaban radiantes. Por sí misma; Ella
Le enseñó a trazar caminos, a dibujar a carboncillo, a tomar buenas fotografías, a alcanzar perfectos horizontes con la vista perfecta, a calentarse las manos sin frotarlas, a distinguir lo bueno de lo mejor, a comer desbordando amor, a sentir el agua en la planta de los pies sin molestarse, a tocarse el pelo con la absoluta suavidad, a esperar sin prisa, pero sin pausa, a caminar aceleradamente sin tropezarse, a coger carrerilla y a tomar decisiones serias. Le enseñó parte de amor, parte de sueños, parte de pensamientos... Pero al final acabó por no enseñarle nada. No le enseñó a hacer el amor, no le enseñó palabras sinceras, no le enseñó pensamientos certeros, no le enseñó sensaciones profundas, no le enseñó el calor y la nostalgia, no le enseñó el camino correcto, no le enseñó las soluciones más adecuadas, no le enseñó suavidad ni dulzura, no le enseñó nada. Ella sabía perfectamente lo que era sincerarse, hablar, callar, pensar, imaginar, soñar, sabía separar todos los mundos que podían llegar a rodearla. Sabía distinguir la nostalgia del recuerdo y a su vez del presente y el futuro cercano. Sabía hacer el amor y sabía sentir amor, aunque fuera demasiado profundo amplio e incluso doloroso. Sabía muchas cosas, pero no sabía que después de un tiempo, se daría cuenta que por sí sola habría ido aprendiendo todo esto, sin su presencia, sin sus palabras, sin sus mentiras disfrazadas con demasiados trajes inadecuados pero convincentes a unos ojos que ni siquiera sabían mirar. Los suyos, los de ella, cambiaron, no fueron sus ojos. Al menos ahora son distintos, ahora sabe distinguirlo todo mucho mejor, sabe separar la VERDAD de la MENTIRA, y sabe decidir qué es lo mejor, o al menos, lo mejor para que su vida no vuelva a romperse en tantos pedazos. Ella no quiere volver a hablar jamás de puzzles, ni de caminos, ni de sueños. No le sirve nada. Sólo le sirve el oxígeno, y parte de la alegría, que, si recuerda con los ojos bien cerrados y las manos encogidas; vuelve a sentir, y vuelve a tenerla durante unos segundos en el presente. Y suelta una sonrisa pequeña, como cuando ella también era pequeña. Y oye de fondo algo que nunca había escuchado, y es esa voz que jamás se paró a atender. Teme, sigue temiendo, y a veces se pregunta si existirá alguna diferencia entre la niña que dejó de ser cierto día, y la mujer que hoy se encuentra escribiendo estas palabras. DeletrearMe encantaría poder saber deletrearte todas las letras que componen las letras que no paran de pasearse y confundirse en mi mente. Podría decirte: de, (D) , e (E), ce, (C), e (E), pe, (P), ce (C), i (I), o (O), ene (N)... O por ejemplo también podría decirte, uve, (V), a, (A), ce (C), i (I) o (O) ese (S), o te (T) erre (R) i (I) ese (S), te (T) e (E), zeta (Z) a (A). Podría decirte muchas más, pero creo sinceramente que sería una completa pérdida de tiempo. Y tiempo es lo que no quiero seguir perdiendo. Además, no has sido capaz de comprenderme nunca, ni en los peores momentos; tampoco ahora lo harías, nunca lo harás. Tú te has encargado de borrarte para mí y a la vez, de borrarme para ti, por siempre. Y debes saber que es más que duro el abrir los ojos y sentirlo todo mas que al 100%, y que en cuestión de segundos alguien te ha hecho sentir diminuta. Tan diminuta, y tan pequeña me siento...que a veces aparenta que he dejado de existir. Pero creo que eso no es lo que más miedo me da. Siempre he oído que es precioso tener sensaciones únicas...sí, suena bonito y espectacular. Suena grandioso, pero yo no quiero cosas únicas, no quiero sensaciones únicas ni especiales ni sensaciones que solo tenemos y sentimos una vez en la vida. A través de las sensacions que los demás te provocan acabas aprendiendo, a base de palos, de lágrimas, de darte en las narices con la puerta que dejaste abierta y que te han cerrado en un par de minutos para hacerte saber que tú te has convertido en alguien normal, corriente, alguien que no tiene nada de especial. Ese tú soy yo. Y es más que doloroso sentir que alguien te puede vaciar inmensamente. Pero no voy a permitir sentir más dolor, no puedo sentirme más diminuta. No puedo sellar mas los labios ni esconder mis ojos o mis manos. No puedo sufrir ni sentir miedo ni quedarme a oscuras. Necesito aire, luz, y palabras. Aunque sean las mías y me hgan daño también, pero son las mías, y entonces el dolor no importa porque me lo hago yo misma, pero no los demás. Porque yo sé que nací para sonreír. No para ser feliz, no para ser especial; nací para sonreír, y para ser alegre todo el tiempo posible. Y eso nadie debe quitártelo, la sonrisa, TU SONRISA.
Y aprovechar el tiempo, y amanecer, y sentirte vivo. Eso sí es único. A veces lo demás, incluso las sensaciones del amor o del placer, no importan nada. Pero para darse cuenta de ello, hace falta vivir. Cartas de amor (I.Serrano)Un día, una mañana, descubres a Ismael Serrano, o escuchas su plácida, tranquila y penetrante voz y piensas que todo se ha calmado. Que tu mundo también está en calma, que hasta toda tú estás en calma y que empiezas a respirar tranquilamente, sin prisa. Con ganas de seguir viviendo porque una voz se cuela en tus oídos y todo tu cuerpo siente un escalofrío, pero no especialmente de frío, sino de ternura, por las palabras que se cuelan por los agujeros de los altavoces de tu cuarto. Y descubres a Serrano, y escuchas canciones como "Recuerdo" o escuchas "Cartas de amor"... (esta segunda no es precisamente canción), pero escuchas todas esas palabras, que son historias...y más que historias, sin intentarlo siquiera, a veces sin darte cuenta, sientes, sientes, sientes...sientes las palabras y esa historia. Y a veces quieres ser la protagonista, y otras veces no porque quizá sea demasiado triste... ¿pero qué no hay de triste en la vida ni en las historias de amor? Aquí os dejo el texto de Cartas de amor. Es muy bonito o al menos me lo pareció a mí cuando lo escuché hace tanto tiempo.
Martes, 30 de Octubre de 2007 17:28 Autor: scarlett. ;?> Hay 1 comentario. Que venga la vidaQuedarme quita. Esperando. Nada. O tal vez todo. Quedarme sin aliento. Sin respiración. Porque no quiero Porque no me apetece respirar ahora mismo Porque pasa el tiempo y quiero que se detenga O no...o tal vez quiero que pase rápido Que se lleve todo. Que haga frío calor y llueva y nieva y brille el mar que hace tiempo que no veo Que se moje el suelo y que después queden con brillo las aceras. Que amanezca soleado, que me regalen un te quiero. Aunque sea siempre de la misma voz. Que suene música que me haga bailar o reír o sonreír, pero no llorar Que no vengan meses difíciles Que venga un noviembre dulce, pero de verdad O que vengan unas navidades cargadas de buena nostalgia y no de lágrimas que caen y no sabes paralizar porque ni siquiera sirves para paralizarlas Que venga el buen tiempo que se escapen los recuerdos, que corra el viento y el agua que vuelva a latir y a sonar mi respiración, ésta que ha vuelto a renacer. Que vuelva esa sonrisa que perdí cierta mañana o cierta tarde o cierto día en que no quise abrir los ojos Que venga el sol e ilumine Que venga la luna y no me de oscuridad Que venga alguien y me diga que sirve de mucho seguir soñando Aunque nada se cumpla, ni siquiera esto que pido.
Que venga la vida
Laura Martes, 30 de Octubre de 2007 17:43 Autor: scarlett. ;?> Hay 1 comentario. Antes de horaY decirte que te quiero o que te odio. Son sólo palabras. Letras sin más. Y no decirte nada. O regalarte mi silencio o darte decenas de folios en blanco, todos para ti, para que los rellenes y escribas en ellos todas aquellas cosas que cambiarías ahora si pudieras. Pero no puedes. Y decirte que escribo esto por escribir. Porque salen solas las palabras. Sin ansia ya, sin esperar nada. Sin nada al fin y al cabo. Es lo que trae la soledad en momentos como éstos en que llegas a casa y coges ese bolígrafo que tanto te gusta, y tus pensamientos se apropian de ti y comienzan a dominarte, y a hablarte, y a obligarte, y a atarte. Palabras gastadas, perdidas, ilógicas. No guardan nada. Nada, porque ya te lo he dicho todo. Además, de 1000 formas distintas de entre las cuales la mitad no entenderías. Si hubiera sido capaz de entrar en mi mente por un segundo, hubieras hecho las cosas de otro modo. Y yo no estaría preguntándome qué hay detrás del rencor. Y al final silencio y palabras vienen a ser lo mismo. Me quedo con ellas, y con él. EL silencio me aísla y me envuelve en otro mundo donde sólo oigo una voz: la mía. Y las palabras también me envuelven en un mundo, y en éste mi corazón es el que grita, y se enfurece y me echa en cara que no he sabido cuidarlo. Pero tampoco él es tonto. Sabe perfectamente que él fue el primero en equivocarse, y en empezar a creer antes de hora. Y es antes de hora cuando vivimos, cuando tenemos prisa por alejarnos, y reir y sentirnos bien o simplemente diferentes. Y las diferencias nos atraen, pero pasa el tiempo, y pasan las estaciones, y las diferencias comienzan a amenazarte, y acaban matándote. Antes de hora. Siempre antes de hora.
Martes, 30 de Octubre de 2007 21:44 Autor: scarlett. ;?> Hay 2 comentarios. |
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