Días de estupidez
Cansa nadar a contracorriente, me lo he dicho mil veces. Y agota pensar en el pasado y no saber trazarte una línea recta. Y echar de menos, y las hojas amarillas que no paran de caerse de los árboles. Y las aceras llenas de papeles rotos. Y el calor escondido, y la alegría guardada en los armarios. Y los sueños extraviados en alguna esquina inadvertida de la casa que no pisas porque no tienes tiempo para pensar que tienes vida. Porque vives sin darte cuenta de qué es lo que vives, y eso no entristece, eso solamente da miedo.
Hay días que solamente tres segundos de una canción en concreto te vacía por completo, el alma, el corazón y hasta te arranca las pocas lágrimas que quedaban alojadas en tus ojos, detrás de esas pupilas que han perdido algo de color. Color que quieres recuperar y encontrar en otros ojos que solamente digan verdad tras verdad, y regalen poesías creíbles, y regalen palabras certeras. Nada más. No quiero palabras que formen parte de un sueño, no quiero caer y correr al armario blanco del baño para buscar un par de tiritas que me calmen, y me alivien. Hay días que sabes perfectamente que nada puede aliviarte porque esa canción ya ha sonado, y tus ojos no pueden más, tus manos tampoco, tus brazos tampoco. Pierdes toda tu fuerza, pierdes todo menos las ganas de seguir huyendo o de gritar por si ese grito llega a todo el mundo y todo el mundo se da cuenta que necesitas algo, pero tampoco sabes qué, porque es hoy, y hoy ya ha sonado la canción,y te dices y repites continuadamente lo estúpida que eres. Lo estúpida que llegas a ser en algunos momentos.
Y entonces quieres salvarte tú misma, sin tiritas, sin tener que salir a la calle y entristecerte porque los árboles se quedan desnudos, pasando el frío que tú también sientes. Y ves pequeños agujeros en el suelo que pisas con prisa por llegar a ninguna parte, reconociendo el amor en parejas que pasan inadvertidas, pero seguramente tengan vidas plenas y tampoco lo sepan. Hasta que el amor se agota. Y de nuevo vuelves a casa, escuchas la misma puta canción, y ahora no quieres chillar, ahora quieres deshacerte de los cuadros, de las fotografías que colgaste sin saber por qué, y de las almohadas que te invitan a los sueños. Si tienes suerte, logras calmarte, y duermes plácidamente, teniendo un buen despertar al día siguiente, con ganas de empezar un día con el pie derecho. Si no la tienes, la almohada se vuelve testigo de la tristeza que ha ido cultivando tu cuerpo, y tus venas dejan de acelerarse, y van frenando poco a poco, van dándote poca vida en mil minutos. Y el tiempo parece no pasar. Y la noche no parece avanzar. Y la luna se vuelve el segundo testigo. Y tu vida sigue reclamándote cosas, cosas que no sabes darle porque confiaste en que alguien o algo te las daría, y al final volviste a confiar en las palabras, y las palabras te devuelven bofetadas que ya ni quieres esquivar, porque solamente quieres despertarte. O dormirte durante un buen tiempo, y abrir los ojos cuando todo esté mejor.
Hay días en los que me veo llena de fuerza, y me apetece regalar una sonrisa de veintiun segundos. Otros días, me apetece escribir sobre lo estúpida que puedo llegar a ser. Otros días quiero vivir, y la vida no me regala el tiempo que yo quiero.
Días de estupidez.
Celia y Laura (Día del concierto)
Hoy pongo esta foto porque es del día del concierto, de este sábado que me lo pasé tan y tan bien. Gracias solete por estar ahí, por animarme siempre, por encontrar la palabra adecuada que pueda colarse en mis oídos sin que deban salir y sin que dañen. Por compartir las meriendas conmigo. Por ser la mejor cantante delante del espejo, sí señor!! Por ser la mejor en cerrar los ojos en clases de sociales, jeje.
Y por ser, ambas, las mejores en sufrir dolores de cabeza por las tardes cuando no contamos con termargin. Pero ahora somos chicas prevenidas, aunque después de todo, y por mucha prevención, llegue el momento de cura. Irradias felicidad, y eso me gusta. Me alegra, e incluso muchos días me la contagias. Gracias por recordarme el sonido de mi risa. Me gusta escucharla, y sentirme bien, sentirme viva. Espero que te guste el texto y la foto. Y me encanta que yo siga sin mirar a cámara y tú de vez en cuando te permitas el capricho de salir con los ojos cerrados, así es mi preysler, lá más glamourosa de totes! :P
Te mando un beso fuerte fuerte, y te veo dentro de nada :)
Et vull!!!!!
De concierto
Ya tocaba un concierto, ya tocaba quedarme sin voz, con ganas de saltar, y con ganas de escaparme de este mundo y meterme en el de las letras, que creo que concuerda mucho más conmigo. Este fin de semana Celia ha sido mi mejor compañía. Este solete se quedó este finde en Castellón y fuimos al concierto de Pereza. El sábado teníamos muchas ganas de escuchar a Rubén y Leiva, que por cierto, hemos descubierto que Rubén es guapete, y no tan pintillas como la gente le pinta!:P Leiva, por su parte, nos dejó a conocer su torso, que él definió de "anoréxica". Estará muy delgado...pero las letras son muy buenas. El repertorio de canciones fue muy bueno. El final de una de las canciones, que sorprendetemente acabó en inglés, me despertó la vena de cantautora, y empecé a inventarme esas palabras en inglés mezclándolas con otras que me estaba sonando: want, you, etc... Delante mío, Celia y Penélope pero sin pe mirándome! Riéndose! Eso era una gran señal: lo estábamos pasando genial. Y eso era lo que estaba persiguiendo desde el lunes cuando fui al centro a comprar nuestras entradas. Por ello el sábado tenía que ser un día perfecto. Bebimos cubatas de malibú con piña..aisss qué pena que se acabara la piña antes que el malibú!! La próxima vez no pasará!! Nos hicimos amigas de un queridísimo cajero de Mercadona, muy majo, cómo le comprendo,sé muy bien lo que significa ser cajero/a! Y aguantar el tipo, y poner sonrisas a diestro y siniestro.
Se nos cayó al suelo la botella de malibú pero resistió! Y todos estábamos esperando que llegara el pizzero, que no llegó, razón por la cual llamamos a la pizzería por si iba a tardar mucho, y la respuesta fue: Pues ya ha salido, a no ser que le haya pasado algo.... En cinco minutos llegó, por suerte Penelo escuchó dos canciones de Sidonie, grupo que no conocíamos, y Celia ni de lejos, jaja. Solete, podría alargaaaaaaaaarme mucho más sobre el sábado, ya sabes que me hacía falta , MUCHA, desconectar de todo, de la universidad, de las tonterías que vemos todos los días y tenemos que aguantar, del EIN?????" de catalán, del D´ACORD, D´ACORD?? de sociales, y de HO SENTO HO SENTO! del hombre de la lotería de navidad! Jeje. NO sé...me alegró mucho pasar la tarde del viernes contigo en el centro, y la noche en tu casita, aissss pero qué bien que te sale el arroz 3 delicias!!! Y también el sábado en el concierto, qué calurosas!! pero qué bien hicimos en ir medio desnudas! :P el alcohol es lo que tiene no??? enrojece las mejillas y te hace subir de temperatura! :P Y bueno la noche acabóoooo muy bien, tú salvándome de un borrrrracho! jaja, y luego hablando con desconocidos sobre un semáforo horizontal! :P Las cosas que se pueden llegar a ver a las 4 de la mañana cuando bastantes brutos deciden redecorar la ciudad.
Olé ese lazo con Juanito, quien le ha visto y quien le ve. Sobre todo si aparece Cely! :P Me alegré mucho. El sábado me sentí genial. Pensé en las canciones que estaban e iban a cantar nuestros queridísimos Rubény Leiva. Y casi nos quedamos sin voz pero al finallll no! Nuestras cuerdas vocales resisten más que nada y más que nadie, a que si??? También era la primera noche en la que dormía acompañadita después de taaaaaaaaaanto tiempo!!!
Y por la tarde, también me encantó ir contigo a la feria del libro y hacerme con "Escucha mi voz", de Susanna Tamaro, que lo recomiendo, por cierto. Sé que tengo que racionarme las partes, sé que tengo que leerme antes el libro de catalán que este, pero no puedo! no puedo de ninguna manera! Introducirte en la historia de otro libro también te hace abrir la puerta, echar la llave y decir adiós al mundo de todas las mañanas y todas las noches, y todos los días al fin y al cabo, y conocer otros. Ahora estoy en el mundo de Ilaria, y el capullo que no quiso hacerse cargo de la responsabilidad que genera el hecho de tener una hija. Pero en fin, hasta en los libros puedes conocer a hombres que te regalan noches de sexo y palabras, disfrazándolas de amor. Pero el amor está ya muy gastado, y creo que a veces ni vale la pena.
Bueno Celiiii que en menos de una horita te veo en clase, sí, supongo que voy. Mil gracias por la tarde también del domingo, ya sabes que deseo con todas mis fuerzas que te quedes otro finde niña!! Gracias por todo. Y viva Pereza, hombre! Que a mí me encanta! :P
Un besito a todos.
Quería volver
Coraza a medida
Encontró una coraza a su medida. Y ya casi nada podía dolerle, y nadie podía herirle tanto. Todo parecía cambiar. Había dejado sobre sus párpados polvos azules y turquesas, y había instalado una nueva sonrisa en su boca. Había peinado su cabello como todos los días, y había salido a la calle con ganas de vivir. De ver las primeras señales de navidad en las aceras, y recordar los años de mucho tiempo atrás con una chocolatina entre las manos. Cuánto ha llovido desde que ella era así: ilusa, romántica y confiada. Sigue siéndolo. Al menos yo la encuentro así cada día que pasa. Quizá sea tarde para que cambie o demasiado pronto para pensar qué partes de su personalidad no encajan. Sonríe por fuera, por dentro algo menos. Pero no le importa demasiado. Quiere otorgarle importancia y valor a otras cosas: al café de diciembre, a los favores de sus amigos, al álbum que ella creó, al espejo de estrellas plateadas, y la cama que todas las noches le devuelve algún sueño.
Y sigue soñando, pero también sigue viviendo...
Completa realidad
Palabras que podría haber escrito yo. Palabras con las que todos y todas nos podemos sentir identificados, ahora, o en algún momento de otros días pasados, o de unos días futuros que aún no conocemos. Palabras que definen una realidad. Y no quiero alejarme de la realidad, porque es mía, porque me niego a dejar de convivir con ella, cuando es ella la que me hace aprender. Palabras tristes...pero reales. Es una realidad completa. Y en la realidad completa nos perdemos y nos volvemos a encontrar con lo que fuimos y con lo que queremos ser. Yo quiero palabras, pero no cualquier tipo de palabras. Éstas ya no me hieren. Creo que hoy soy un poco más fuerte. Creo que sigo confiando en mí, y puedo cantar cualquier canció y ésta, sin sentirme destrozada.
Aquí os la dejo:
El amor es algo bello que estropeas sin darte cuenta,
te di mi vida entera, mis besos y ahora te alejas,
¿qué quieres de mí? ¿qué quieres que yo haga más por ti?
Todo el amor que yo tenía te lo di.
¿Qué quieres de mí? ¿Qué quieres de mí?
Vete, me has hecho daño, vete.Estás vacío, vete.
Lejos de aquí.Vete, con tus mentiras, vete.Me has hecho daño vete.
Lejos de aquí.
Me acuerdo de aquellos días en que tú por mi vivías,
Destruiste ese amor que te di con mi ilusión.
Confiaba en ti, yo pensaba que era todo para ti.
Y ahora te alejas sin decirme un adiós.
¿Qué quieres de mí? ¿Qué quieres de mí?
Vete
Aire contaminado
Se colaba entre sus ganas y se empapaba de vida. Creía que la suya estaba llena de lujos, sólo por tenerla a ella. Por compartir su tiempo con ella. Sus ojos le recordaban la frescura del Mediterráneo en abril y su brillo, al sol de mediados de verano. Le encantaba estar enamorado de ella, pero sobre todo, que ella le necesitara. Pero dejó pasar el tiempo, y con el tiempo su necesidad dejó de serlo. Cesaron sus ganas, y el amor se quedó pintado en las paredes que en muchas noches les habían envuelto. Él se negaba a vivir este tipo de realidad, se negaba a empezar una vida sin lujos (sin ella). Quería respirar a través de sus labios, quería el calor que desprendía su respiración, quería su vida tal y como había sido hasta entonces. Quería sus días y sus noches con ella. Quería el mismo mundo, el mismo amor, pero no otro semejante a ese. Él había escuchado o leído alguna vez que alguien estaba enamorado de alguien cuando se daba cuenta que la otra persona era única. Él lo estaba. Enamorado. Sin duda. Jamás había visto una boca tan dulce ni unos ojos tan alegres como cálidos y fríos a la vez. Había sido capaz de aprender a amar sin medidas gracias a ella. Y había empezado a darse cuenta de los pasos necesarios que debía dar para cumplir alguno de sus sueños. Y eso le hacía verdaderamente feliz.
Sin ella ya no había sueños que soñar ni cumplir. Sin ella, sólo había una época que echar de menos, y entre tantos anhelos, dejó una gran estela de suspiros en el aire que ella había respirado junto a él. Y el aire se contaminó de amor. De amor puro, de amor sano, de amor valiente. De amor eterno. Porque él siguió enamorándose cada día y cada noche, y en cada partícula de aire dejó su amor pero también su tristeza. Y su decepción. Y la vida y el tiempo siguieron pasando. Y ella no volvió. Decidió no aparecer nunca. Y él nunca dejó de pensarla. La vivía cada día mediante su recuerdo. Y el aire gritaba. Gritaba de tanto amor no compartido y condensado y perdido por cien calles de la ciudad que ella abandonó para no hacerle daño. Ella se estaba muriendo y no quería regalarle ni obligarle a vivir 18 meses de espera y agonía, porque eran 18 meses los que le quedaban de vida, de respiración cálida.
Él, sin saberlo, siguió enamorado de alguien que le había abandonado para no hacerle daño al irse para siempre. Ella, sin saberlo, no le dio la última oportunidad para volcarle su amor, y minimizar su dolor y amenizar 18 meses de intenso y casi irremediable dolor.
Él siguió suspirando, y el aire siguió contaminado de amor.
El problema
A veces el problema es el amor; otras veces, el desamor. Y otras, las ganas. Muchas otras veces el problema es no saber controlar el timón que dirige tu vida, otras veces el problema es perderte y no saber volver. El problema en ocasiones es depender de alguien, pero es mucho peor querer depender. El problema puede ser la fragilidad que mimamos porque creemos que nos servirá de mucho y en realidad, no nos sirve de tanto. El problema otras veces es que decidimos gastar el tiempo en soñar y no lo empleamos para vivir, ni para enfrentarnos a la realidad que no queremos asumir. Y ese es otro de los problemas, el negarnos a vivir algo que sí nos toca vivir.
Pero de entre todos los problemas, creo que el peor de todos es el desamor, y también el amor, cuando no lo tienes. Y amar sin medidas, o incondicionalmente. Eso te vacía por dentro y en ocasiones dejas de ser tú y no puedes reconocerte porque lo has dado todo y ya no te queda nada. Y el problema a veces es arrepentirse, tanto de las cosas que hiciste como de las que no llegaste a hacer. El problema es no plantearse el ser feliz aunque no conserves el amor que tanto te hace falta, o aunque no tengas lo que esperabas y te merecías en ese momento. El problema es dar más de lo que recibes, y quedarte con las manos vacías, y con el corazón roto. Con demasiadas heridas abiertas, y demasiados recuerdos vagando. El problema es querer olvidar o recordar, y no decidirte, porque no sabes bien qué hacer. El problema es dudar, y tambalear hasta caer. El problema es no confiar en ti misma y no dar ese paso que hace falta dar. El problema radica en el amor, a raíz de él todo nace. Y el problema es que el amor también cambie, y se produzca ese paso del amor al odio. Y entonces la vida cambia y los problemas crecen, y permanecen. Pero podemos solucionarlos, no con fuerza, sino con confianza, con confianza en todo lo que te rodea. El problema es perder el norte, y no saber guiarte de ninguna de las maneras porque algo o todo te falta, y no puedes encontrarlo, porque ni siquiera tienes una ligera intuición de donde estará eso que te es imprescindible.
El problema es conocer todos y cada uno de tus problemas, y no encontrar la fórmula mágica para solucionarlos. Pero he decidido hacer algo: no amar sin medidas, no amar tan incondicionalmente, no darlo todo a la primera de cambio, no tener más de 3 sueños cada noche, y sonreír 10 veces al día. He decidido mimar mi piel y no otra. He decidido cuidar mis labios para no tener que empezar a depender de otros. He decidido la vida. Los colores. Y al otro lado está la pasión, otro gran problema cuando se ausenta. Cuando deja de estar porque no puede estar, o porque simplemente te han hecho daño y no quieres recordarla. Y quieres tenerla lejos.
Y el amor por precioso que sea, siempre hace de las suyas.
...Me quedo esperando...
Me quedo esperando el minuto de mi vida mirando al reloj. Me quedo esperando el espejo de mi vida que muestre un rostro dulce y el día de mi vida en que mi mente se sienta segura de algo. Me quedo esperando la oportunidad de mi vida y con los ojos cerrados y las manos cerradas. Con los labios cerrados, me quedo esperando sobre las escaleras verdes, con tiempo y calma, con tristeza y los pies cansados, casi colgando. Me quedo con los brazos cruzados y con mi calor. Con mi sonrisa extraviada en alguno de estos escalones, y me quedo esperando la almohada de mi vida que me haga tener el sueño de mi vida. Me quedo esperando la palabra de mi vida entre pequeñas hojas blancas. Me quedo esperando cosas, y no llegan, pero me quedo esperando porque no me importa esperar. Me quedo esperando, matando el tiempo, me quedo esperando y sola. Pero me quedo. No soy cobarde. No me quito del medio para dejar de molestar o para empezar a hacerlo. Me quedo porque es mi vida y porque es mi boca la que me habla y mi mente la que me traduce cada pensamiento. Me quedo esperando también la mañana de mi vida, la tarde de mi vida y la noche de mi vida en la que todo se acerque a la perfección, y en la que la voz más agradable venga a visitarme y me haga sentir bien. No extremadamente bien, siquiera feliz, creo que no, creo que la felicidad no es tan imprescindible, sólo quiero momentos, o uno sólo: el momento de mi vida. Por eso me quedo esperando, porque me parece importante esperar por este tipo de cosas. Porque al fin y al cabo nos pasamos la tercera parte de nuestra vida esperando; esperando que llegue el amor más grande a visitarnos, esperando que llegue el viaje más emocionante, el instante más intenso, la pasión más profunda, el amigo más especial, las notas altas, las navidades, nuestros cumpleaños, la graduación de algún amigo, el ascenso de nuestro padre, la sonrisa de nuestra madre, los sobrinos, las palabras sinceras de un hermano, el día más cálido de otoño, el San Lorenzo más soportable, el momento de paz, de alegría inexplicable, el mes de la confianza y el año de la comprensión. Esperamos mil cosas, de entre todas ellas, nos quedamos con las más urgentes, después llegan las más importantes; pero desconocemos si son las importantes las que superan a las urgentes, o viceversa. Eso no nos lo preguntamos, porque no nos importa. Nos importa seguir vivos, para vivir otro otoño en compañía de la amiga que no para de escribirte, y que no para de preguntarte cómo te encuentras. Y tú tampoco paras de escribir porque sabes que tus palabras a veces te salvan, y a veces te hacen evadirte del mundo, y de las historias en las que contaste, o fuiste protagonista o tuviste un papel tan pequeño que quisiste resaltar y no pudiste. Pero la vida es así, a veces eres protagonista, a veces tienes papel secundario y otras veces solamente te encargas de subir el rojo telón o de ser un individuo dentro del público. Y ver la obra, y ver la historia que el mundo ha montado para ti, para que tú la vieras, y te dieras cuenta de la realidad que no formaba parte al principio de la tuya, de tu propia realidad. Por eso seguimos esperando la obra de nuestra vida, el papel más importante de nuestra vida, el vestido de nuestra vida o la mirada de nuestra vida en nuestros ojos y la sonrisa de nuestra vida en nuestros labios. Y ser nosotros, los que fuimos a veces, y los que seguiremos siendo siempre. Y agarrarnos de la mano de nuestra vida, y vivir porque es lo que nos toca hacer,
....mientras esperamos...
Lecciones
Podría decirte mil cosas, y a la vez, ninguna; podría gastar todo el tiempo en buscar las palabras más adecuadas para mí, no para ti. O sin embargo, podría coger todo ese tiempo entre mis manos, y dedicármelo a mí, a mi vida. Podría explicarte por qué a veces la vida te enseña lecciones demasiado pronto, y podría decirte que a veces la vida te enseña que detrás de una persona, es donde está esa lección escondida. En realidad la vida las va dejando en diferentes esquinas, las lecciones, y es a raíz de conocer a las personas, cuando cruzamos una calle y nos vamos aproximando al lugar donde se encuentra nuestra próxima lección.
¿Pero qué pasa asi esa lección ya la hemos vivido? ¿O si es tan sumamente fuerte y profunda que es capaz de vaciarnos en un segundo de tiempo? Aunque haya respuestas, no serviría de nada buscarlas ni encontrarlas. El hecho de vivir conlleva esto: aprender cosas que a veces no nos gusta aprender. Vivir momentos que nos gustaría olvidar, y recordar solamente las cosas buenas.
Hay gente que lo consigue, sí, eso de recordar sólo lo bueno les resulta cómodo, pero sobre todo sencillo. Yo debo ser alguien difícil, porque me resulta imposible deshacerme de algunos de los malos momentos que he vivido. Y si no soy difícil... ¿qué soy? A veces me gustaría saberlo. Y no es cuestión de razones, de llevarlas o no, es cuestión de que todos estamos hechos de otra pasta distinta; y sí es cierto que tener kilos de optimismo desbordando en la piel ayuda, porque la vida empieza a cubrirse y empaparse de mil tonos de rojos y rosas, y el pesimismo solamente te deja caer sola, para levantarte, o quedarte dormida para soñar con esos colores.Y creo que a lo mejor (y sólo a lo mejor) las personas optimistas aprenden más rápidamente esas lecciones...
Te amo
Encontré este poema hace ya cais 2 años, y no recuerdo exactamente de quien es, pero cada vez que lo leo, pienso en cosas buenas. No solamente porque el poema revele amor, sino porque es un encadenamiento de preciosas palabras que te hacen pensar precisamente en cosas bonitas. Y eso, eso siempre va bien.
"Decirte que te amo se me queda pequeño, alguien debería inventar nuevas palabras para definir mis sentimientos de entrega, de devoción, de admiración, de necesitarte cada segundo. Eso siento, y más.
Te digo que te amo, pero ya lo sabes, de tanto repetírtelo se desvirtúan las palabras, pero no, cada vez que te lo digo es porque mi amor por ti ha aumentado.
Quiero que lo sepas, no te amo en pasado, no te amo en presente ni te amo en futuro, es un amor sin tiempo, tampoco tiene distancias, es simplemente amor puro, cargado de ilusiones lleno de promesas que no deben cumplirse porque ya se cumplieron todas al conocerte.
Te amo, como dos palabras que forman una sonrisa en tus labios, como dos cielos llenos de colores reflejados en tus ojos, como dos palabras infinitas que no deben dejar de sentirse.
Amarte en realidad es un premio, desconozco si te merezco, al menos lucho por merecerte, pero es un premio, es un regalo que cualquier persona debería recibir, pero que sólo tengo yo.
Por dejarme amarte te doy las gracias, y te ofrezco mil años de amor que condenso en este beso que te entrego desde el fondo de mí mismo".
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Lacrimal
Es difícil ver para creer cuando tus ojos se ven envueltos en lágrimas. Es difícil creer cuando tu confianza ha caído a los pies y no tienes fuerzas para mirar a nadie, ni pensar si es cierto lo que dirá esta vez. Es difícil pensar cuando tu mente está llena de pensamientos que en la mayoría de las ocasiones no te dejan vivir. Y es difícil vivir cuando tu respiración se corta por momentos para advertirte que si lucharas y te mostraras más optimisma, quizá todo saldria mejor.Pero lo más importante es confiar en una misma, y deshacerse de las lágrimas que a veces soltamos porque es lo único que a priori nos alivia. Pero pasa el tiempo, y después nos damos cuenta que sólo nos ha servido para gastar los dos únicos pañuelos que nos quedaban en el bolso y para que el rímel de las pestañas se corriera y empastrara nuestra piel. Pero nuestra vida está y seguirá estando llena de días como estos en los que el rímel llena tus pómulos de negro, porque unas malditas lágrimas querían liberarse de las cuencas de nuestros ojos. Y el lagrimal se queda solo. Y sólo experimenta una sensación de estar vivo cuando una lágrima, ya sea de emoción o tristeza, pasa por él, le saluda, le sonríe, y se marcha. El lagrimal vuelve a quedarse solo, y siente una sana envidia de nuestras pupilas, que son lo primero que miran las personas cuando nos hablan o nos ven de lejos. Nunca el lagrimal.
Por esta razón nunca nadie sabe si he llorado, porque nadie atiende al lacrimal. Y sin embargo, si creemos en algo, es en que un día alguien venga y sin decirle nada, sepa qué hemos soñado, que hemos pensado y que necesitamos para sonreír en días tristes.
Temer/No temer
-Temo que puedas perderte y no sepas volver, pero temo mucho más que de verdad quieras perderte y no regreses nunca.
Si vuelves, dejaré de temer y empezaré a confiar en la vida.
El invierno
Corazón helado. Palabra congelada. Recuerdo compuesto de cubitos de hielo. Mirada enterrada en nieve. No ha llegado el invierno pero hay cosas de la vida que deben adquirir las características del invierno. A veces el frío te hace ver cosas que el calor no te puede enseñar. A veces el frío te da ese golpe en la cara que necesitas recibir para dejar de llamarte tonta, y de serlo; y poder actuar, alzar los brazos por ti misma, caminar por ti misma, decidir por ti misma, y no por los demás, o simplemente porque son los demás los que están viéndote, mirando como vives. Pero el frío a veces te ayuda, porque te hace sentir en cada centímetro de tu cuerpo. Y aunque no sea agradable lo que sientas, te das cuenta de todo lo que sucede, en tu vida y en la de los demás. En invierno puedes sentir mucha felicidad, o mucha tristeza. Puedes tener un corazón helado, soltar una palabra congelada, guardar un recuerdo compuesto por cubitos de hielo o enterrar una mirada en la nieve que ya no quieres para ti. Y en invierno a veces olvidar es bueno y fácil. Pero mucho más reconfortable es conseguir las cosas y sentirte segura en cualquier sitio. Mucho más si estás acompañada de la persona que no descuida que pases frío dentro de casa con la manta que te regalaron el día de tu santo. Creo que el invierno a veces ayuda, y otras veces quiere robarte parte de vida. Pero hay muchos inviernos, y cualquier invierno puede llegar a ser el invierno de nuestra vida.
El invierno de este año, todavía está por llegar.
Sal
A mí no me enseñaron que el alcohol y la sal no era lo único que escocía e las heridas. No recibí alguna lección perdida. No escuché la palabra adecuada para hacerme de hierro. No vi en ningún escaparate la coraza de metal que me hacía falta. No sé nada de salvación, no soy capaz de salvarme. Supe siempre el calor que puedes recibir de un beso pero no el frío que puedes recibir de unas manos que ya no sienten y de una voz que ya no te llama porque no te necesita. No me regalaron el diccionario de las palabras suaves y delicadas para pronunciármelas a mí misma, y quedarme tranquila. No sé trazar un camino en una gran cartulina blanca. Y creo que ya es el momento de saber hacerlo.
De camino a África...
Él venía de Alemania, con la única aspiración de llegar a África. No contaba con demasiado dinero, pero le sobraban las ganas y la ilusión. Cruzó Francia y llegó a España. Pasó una agradable mañana dando un paseo en El Retiro. Unos días en Madrid, y después iría a África. Pero esa mañana iba a ser diferente, su destino estaba a punto de cambiar, en breves segundos... Ella, una mujer de baja estatura con el pelo oscuro y los ojos hondos, se cruzó en su camino, en su paseo. Él se quedó mirándole, detenidamente, como si fuera la única persona, la única mujer existente en aquel parque, lleno de flores, de agua y de paredes de cristal. Y se conocieron. Intercambiaron palabras, opiniones, risas... Y también en breves momentos, con escasas frases intercaladas, se enamoraron. Sin más. Y era un amor emocionante. Ella renunció a Madrid para acompañarle a Alemania. Él, también había renunciado a su deseo de visitar África y quedarse allí. Ella dejó su lugar de origen, y él volvió al suyo en compañía de la que sería la mujer de su vida, y la madre de sus dos hijas. Estuvieron muchos años en Alemania, sin embargo, con el paso del tiempo decidieron regresar a España, y residir en el Levante. Disfrutaban de cada instante, y su amor lo ocupaba todo. Disfrutaban de su tiempo y de sus cuerpos, sin detenerse en interrogantes que hicieran referencia al paso del tiempo, al agotamiento de la pasión o cualquier otra cosa que a priori pudiera estropear aquello que ellos seguían manteniendo con ya 60 años.Hoy hace 6 años que ella le abandonó. Fue hace 6 años cuando le diagonistaron un tumor benigno en la cabeza, ella era valiente, decidida. Dispuesta a salir sana del hospital, se quedó dormida para siempre. Dejó de vivir, también, en breves instantes; mientras la sangre de su cuerpo se apoderaba de su cerebro. Y su cerebro, y todo su cuerpo dejó de funcionar, dejó de responder, y ella dejó de tener la oportunidad de despertarse y respirar una bocanada de aire para poder seguir disfrutando del cuerpo del que hasta entonces había sido el hombre de su vida, y el padre de sus hijas. Se habían amado tanto...Me encanta escuchar esta historia, porque sé que fue real, y a veces intento pensar que el hecho de que ella decidiera dar ese día preciso el paseo en El Retiro, fue la mejor decisión de su vida, y que sus ojos, los de él, se quedaran tendidos en su cuerpo y en su cabello, el de ella, fue la mejor mirada. Y también trato de pensar que ella no se murió porque una de sus arterias se volvió revoltosa, intento pensar con gramos de mi pequeño optimismo, que ella se murió de amor. Que lo había dado todo, y que no le quedaba mucho más amor que dar. Entonces pienso esto y todo me parece menos triste. Pero tristes son los finales, y triste es que la persona de tu vida, cuando existe, se vaya para siempre, y tú no puedas hacer nada para recuperarla.
Viéndole cantar
14 de enero. Ella se helaba de frío, pero lograba hallar calor agarrándose a la taza amarilla cargada de café caliente, casi ardiendo. Había estado toda su vida sin beber café, y aquel 14 de enero tampoco se lo bebió. SImplemente halló calor en él, en la cerámica que envolvía el café tostado. Y simplemente mataba el tiempo en la cafetería de la esquina; mirando a través del gran cristal. Fijándose en la castañera que vestía de negro, pero sobre todo, dejó caer su mirada fija y perpleja en el chico joven que se hallaba en la acera de enfrente, con una guitarra vieja entre sus manos, cantando "Knocking on the heaven´s door". Ella se quedó mirándole fijamente, alcanzaba a oir parte de esa canción cuando alguna pareja de ancianos abría la puerta de la cafetería para entrar o para salir. Y ella sonreía. Con frío en los huesos, con calor en las manos. Con temblores en los pies y con una sonrisa implantada en el arco de su boca. Se quedó mirándole. Y él estaba helado, helado por todas las partes, helada su piel, helado su corazón, heladas sus pestañas, helados sus dedos que se movían rápidamente, haciendo bailar las cuerdas de la vieja guitarra que sostenía mientras desbordaba ternura en cada sílaba pronunciada con su voz dulce.
Y ella se quedó pensando que aquella era la voz masculina más dulce y agradable que había oído en su vida. Y probablemente él tendría su vida sin planificar, probablemente visitaría otras ciudades, otros barrios, otras calles, o incluso otro país. Y se alejaría de ella. Y ella se olvidaría de esa voz al no escucharla nunca más.
Ella dejó el café en la mesa. Ya se había enfriado. Posó unas monedas en el mostrador, y salió con el abrigo puesto. La bufanda de lana colgaba de su bolso marrón, y ella seguía mirándole. Quiso acercarse, y sin vergüenza, lo hizo. Se plantó delante suya. Él dejó de cantar. Y se miraron. Se quedaron fijos durante medio minuto.
Él tenía cara de niño, y ella no sabía si hablarle, si decirle lo que verdaderamente pensaba, deseaba, o por el contrario, ocultarle lo que había estado pensando en la cafetería viéndole cantar, y marcharse a casa.
Decidió lo primero.
-Quiero que tu voz se quede conmigo.
...A partir de entonces, no vivió ningún enero con las manos heladas...
Ciegos
- ¿Por qué no dejas que te quiera?
- Porque me da miedo llegar a necesitarte
- ¿Qué hay de malo en necesitarme?
- Que algún día de alguna semana de algún mes de este u otro año abriré los ojos y tú no estarás
- No digas eso
- Lo digo porque así lo siento. Y mis sensaciones no suelen equivocarse
- Pero esta vez tal vez estén fallando
- Tú lo has dicho.
- ¿El qué?
- Lo has dicho todo
- Por favor, vamos, no seas tonta. ¿Qué he dicho ahora?
- Que TAL VEZ estén fallando. Si estuvieras seguro de quedarte conmigo para siempre,no habrías empleado esas palabras. No estás seguro, y por eso no quiero que me ames. No me sirve tu tiempo, y no me llevo bien con las limitaciones.
- Yo tampoco con los finales. No quiero que esto acabe.
- Qué pena...
- ¿Qué pena, el qué?
- Que sin darnos cuenta, todo esto ya se había acabado.
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Creer
Creo que me estoy deshaciendo del dolor, de todas las partículas de angustia que se habían quedado impregnadas en la piel de mis brazos, mis manos, mis piernas, mis pies...en todo mi cuerpo. Creo que a cada minuto que pasa logro sentirme algo mejor, pero muy poco. Pero siempre son avances, excepto cuando mi mente me traduce frases que no quisiera escuchar, pero que escuché. Y mi mente me sigue traduciendo, y yo sigo pensando, y mi cabeza vuelve a caer en la tentación de realizar otra de sus treguas. Y mis pies se sienten con algo más de fuerza para dar un paso hacia delante. Por todo esto, y por muchas otras cosas, creo que me estoy volviendo algo más fuerte, pero tampoco mucho, al menos no lo suficiente, ni lo que me tocaría. Creo que podría haber sido más fuerte, pero he crecido con demasiada sensibilidad. Sin embargo, hoy creo que puedo escribir sin que mis manos tiemblen, y tmbién puedo escribir que creo que jamás me verás llorar. Jamás me verás derramar lágrimas de sal, jamás me verás padecer, ni susurrar, ni gesticular,. Creo que jamás me verás. Y eso, en cierta parte, me proporciona seguridad. Seguridad conmigo misma, y creo que ahora puedo seguir escribiendo sin miedo. Por ahora, sólo claro, porque entonces llegará mañana y será otro día y otro tiempo y en otro lugar seguiré escribiendo lo eterno que es el dolor, y lo profundo que puede tornarse. Y entonces habré perdido parte de mi fuerza interior, pero creo que si de verdad me lo propongo, jamás tendré el miedo que me ha estado inundando todas estas semanas. Creo que hoy, por ser hoy, y por ser ahora mismo, las 18.00 de la tarde, me siento más fuerte, algo menos débil, y las palabras, las palabras me sirven, por eso no me alejo de ellas. Es una decisión tomada, una buena decisión; creo. Y creo que jamás verás mis ojos, y jamás contemplarás mi dolor o mi alegría.
Hoy creo en muchas cosas, y de entre todas ellas, también creo en mí.