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Pequeña

Fracturas

Su imagen quedaba difuminada y su recuerdo vago. Ella quería olvidar por completo muchas de las cosas que tantas veces extrañó para comenzar a vivir. Quería hacerlo, quería obligarse a sí misma para poder hacer todas las cosas que hasta entonces había hecho. Todas sus acciones habían perdido mucha intensidad. Y seguía odiando y a la vez, temiendo, ese momento del día que acababa llegando, y dedicaba para pensar en lo que le faltaba. Demasiadas fracturas provocadas dentro de sí misma. Fracturas que no podrían recomponerse tan fácilmente. Ella quería alcanzar otro estado de ánimo, quería no salir a la calle con una sonrisa puesta que únicamente escondía tristeza. Quería dejar de jugar al escondite y elevar su ánimo. Encontrar un estado de paz. Pero era tarde para que lo encontrara. Había confiado en demasiadas cosas, y se había quedado esperando, sentada, también, muchas cosas, todas las cosas que ella hubiera hecho por él. Porque ella le quería. No había dejado de hacerlo nunca, sí le habían inundado algunas dudas a causa de las circunstancias que tenía que sobrellevar, pero jamás le había dejado de querer. Finalmente pensó que de nada le servía seguir queriéndole, había perdido las ganas de seguir amándole porque él no estaba respondiéndole de la misma forma. Porque las pocas palabras que le llegaron y que ella leyó al despertarse, no cambiaron nada. Al contrario, fueron palabras que apenas le hacían sentir bien. Él, y su propia vida, sus cosas, sus cambios. Ella y su espera. Sus sensaciones idiotas. Sus fracturas que le descomponían por dentro y le iban consumiendo cada vez, más y más. Pequeña. De nuevo sentirse pequeña y casi invisible. Pero de entre todas las cosas que habían provocado esas fracturas en su cuerpo, a ella le dolía enormemente que él ni siquiera dedicara parte de su propio tiempo a pensar en ella, en lo que ella estaría pensando o sintiendo. Él ni siquiera se preocupó por hacerle saber de él cuando era el momento indicado, y no después de tantos días en los que él había vivido, y ella, como de costumbre, había intentado vivir.

Poder decirte...

Me gustaría poder decirte que todo va bien. Me gustaría poder decirte que estoy tranquila, serena y deseando que vengas y me regales la mejor de tus sonrisas. Me gustaría poder hablarte con voz segura y con la cabeza alta. Me gustaría poder decirte que no me has hecho daño, que la espera ha valido la pena y que el tiempo no ha sido eterno. Me gustaría poder decirte que en todo este tiempo, y que en las últimas 48 horas el hecho de vivir no se ha convertido en el acto de sobrevivir. Contigo tengo que sobrevivir. Contigo no vivo. Por ti he muerto todos los días y todas las mañanas amanezco pensando que voy a morir de nuevo y que tú no vendrás. Porque tú nunca me rescatas. Perdiste el interés de hacerlo, y de hacerme saber que estabas en esa parte del mundo donde sólo importa lo que a ti te importa. Donde tú vives obviando que existen muchas otras cosas que van dependiendo de ti. Como yo. Que dependía de ti y me odio por ello. Odio ser dependiente, odio no poder recuperar cuando quiero esa capacidad para levantarme por mí misma. Quiero que sepas que me gustaría poder hacerte saber que lo estás haciendo mal. Mal. Muy mal. Creo que no eres consciente, creo que deberías tomarte tú tu tiempo. Creo que deberías leerme, aunque sólo fuera una vez, pero deberías hacerlo; a lo mejor entenderías todo lo que yo entiendo. A lo mejor te harías una ligera idea de lo que estoy viviendo, a causa de tu actitud. Ojalá dejaras de hacer lo que estás haciendo ahora y empezar a pensar un segundo en mí, y que en ese segundo quepan todas mis dudas, y mis momentos de tristeza...y que me vengan a mí tus momentos de felicidad y calma. Te lo dije hace poco con palabras, pero no lees mis líneas. Parece que has viajado lejos, tan tan lejos...que nada puedo hacer ya. He utilizado todos los recursos. Tú los has ignorado, como el tono de piel, como mi nombre, como todas mis necesidades que tú sabías que eran necesidades, como todo el tiempo que he estado gastando mirando... Me gustaría poder decirte que estoy cansada de sentirme de esta manera. De tanta idiotez propia. De tanto sinsentido. De tantos suspiros. Estoy harta de eso. Cansada de que mates mi esperanza, de que yo tenga que matar mis ganas de poder seguir creyendo en ti. Harta de mirar tanto mi alrededor, pensando, por un momento, que hubieras querido estar aquí antes que en cualquier otro sitio. Debes haber visitado muchos lugares, debes haber hecho muchas cosas...todas, todas las que querías o debias hacer. Tú has vuelto a la vida. Yo he vuelto a sentirme tonta. He vuelto a experimentar el daño que ininterrupidamente te encargaste de volcar en mi vida. Pero es mi vida. Y me importa. Debe importarme y ahora estoy preocupada. Creo que no merece la pena. Creo que debiste estar y debiste decirme cosas, debiste decirme algo. En otro tiempo 50 horas sin recibir señales te hubiera parecido algo insoportable. Ahora no te afecta. Simplemente vives. No te influye lo que yo siento porque ni siquiera sabes lo que siento y tampoco te preocupas en intuir que estoy sufriendo. Para mí 50 horas de este modo es una pesadilla, pero tengo bastante con las que me visitan, a veces, de noche. Ahora, supongo, que me basta conque sepas que he estado aquí mucho tiempo, que no quisiste hacer nada por contestarme, ni por preocuparte de nada. Cada palabra mía lleva un sentimiento y no voy a traducírtelos. Es demasiado tarde ya. No puedo explicarte ahora por qué me siento como me siento. Te has encargado de hacerme sentir así y no puedo esperar más. Me gustaría poder decirte que tenías tantos y tantos minutos, que los has tenido en todas estas semanas para hacerme creer que algo, que la milésima parte de todo esto tenía sentido. Pero me temo que seguimos viviendo en mundos diferentes y que el que me llegaste a mostrar se ha destruido. Ya no quedan ni los pedazos. Queda pena. Queda tristeza.

Llenos de vida y amor

Llenos de vida y amor

Anoche, antes de subirme al tren en la estación de Valencia, compré la lámina de esta fotografía. Sé parte de la historia que se esconde detrás de esta foto en blanco y negro. Su noviazgo duró apenas unos meses, sin embargo, ese beso ha traspasado fronteras, se ha convertido en un símbolo de amor, y ha llegado a alcanzar un valor casi indescifrable. Un beso famoso que despierta envidias y despierta emoción. Contagia una sensación, la de squerer ser escogida para que alguien plasme tus labios unidos a los de otra persona que sí te quiere, como estas dos personas que entonces se querían y compartían sus estudios de arte dramático. Es especial mirar esta fotografía, y aún es más especial por todo el tiempo que ha pasado. Fueron ellos, ellos dos los elegidos por el propio Robert Doisneau. No sólo formaron parte de un reportaje de Amor en París para America´s Life, sino que ahora forman parte presente en una de las paredes de mi habitación.

Sin duda, llenos de vida, y llenos de amor.

Decidir

Ella gastó tiempo en elegir las mejores prendas de su armario y en combinarlas correctamente. Gastó tiempo en vestir a sus labios de granate y sus pestañas de negro azabache. Quiso escoger el bolso perfecto, imaginando que podría vivir un dia perfecto. No quería destacar, su único deseo se limitaba a ser admirada durante unos segundos por sus ojos. Deseaba y ansiaba que el le arropara, le susurrara y le dijera en voz alta muchas de las palabras que ella había estado esperando oir. Ella esperaba de él todas las cosas que le habia prometido vivir. Ella esperaba esa vida. Esperaba esa vida, pero sobre todo esperaba que no se marchitaran sus sonrisas. Pero sin duda lo hicieron. Ella dejó de sonreír. Pasó a ver la realidad de una manera clara, muy clara, quizá demasiado. Ella era realista, solía serlo porque era lo que le había tocado vivir y sabía que no valía de nada engañarse, ni esperar demás. Pero esta vez ella esperaba únicamente lo que había vivido anteriormente, de manera despierta. Esta vez ella esperaba vivir, y no habia empezado a engañarse. Esa realidad le tradujo que su voz había hablado demasiado, que sus palabras se habían escapado a gran velocidad, que sus manos no podían controlarlo todo, y que sus corazones latían a diferente celeridad. No compartían el compás. No latían conjuntamente. Todo empezaba a desmoronarse. Todo empezó a destruirlo. Ella no podía sentirse tan sola. La soledad le ahogaba y asfixiaba. Ella quería y necesitaba ser y sentirse libre. Y había estado apunto de perder su libertad por empezar a respirar del amor. Había estado apunto de vaciarse del amor que había estado mimando con las yemas de sus delgados y frágiles dedos y la calidez y ternura de sus antebrazos. Pero no todo dependía de eso, no todo dependía de su voluntad, ni siquiera la felicidad dependía de los escasos gramos de ilusión que le quedaban muy adentro suyo. Ella no quería desgastarse por completo. Ella quería seguir notando los baches, las alturas, el vértigo, las prisas...Ella quería notarlo todo aunque todo no le hiciera feliz. Pero sabía que siguiendo así, esperando, esperando, esperando...no podría vivir lo que había estado viviendo. Sabría que de este modo no tendría miedo, pero tampoco tendría vida, ni se desprendería de la soledad que, al fin y al cabo, también se estaba llevando parte de su vida y de su tiempo que, luego, nadie le devolvería. Decidió desconectar. Decidió borrar algunos de los trazos del mapa y guardar los restos de su recuerdo. Decidió mirarse al espejo, decidió volver a pintar sus labios de granate, esta vez, no para él, sino para sí misma. Sonrió levemente, y se quedó quieta. Pestañeó, respiró, cogió su chaqueta y salió a la calle. Sus rizos comenzaban a enredarse entre sí y ella empezaba a notar el frío del incipiente otoño. Dio un corto paseo por las calles cercanas a la suya. Y habiendo decidido abrir una de las puertas para que el olvido empezara a hacer de las suyas, ella esbozó una pequeña sonrisa. Todo podía empezar a ir mejor, ella sólo podía intuirlo, pero ya había hecho lo más importante: huir de su soledad impuesta y mirarse al espejo con otros ojos más brillantes.

Más perdida

Más perdida

Intento guiarte si te encuentras perdido o si me dices que no sabes qué camino escoger. Intento mostrarte uno o dos o incluso tres caminos para que tú decidas, o para que te cogas de mi mano y caminemos juntos si quieres o si temes caerte. Pero parece ser que escogiste en voz baja y empezaste a caminar muy deprisa porque te he perdido de vista. Debes estar bien dondequiera que estés. Debes estar respirando fuerte. Debes estar caminando hacia delante, debes estar caminando sin pausa y sin acordarte de mi mano a la que tú quisiste cogerte. Debes saber, tambié, que ahora yo me encuentro perdida, que te he llamado y necesitado y tú no has estado. Que dejas de estar en mis peores momentos. Pensé que podrías venir y trazarme un camino. Ni siquiera te exigía que lo caminaras conmigo, ni siquiera te pedía que te quedaras a mi lado por si yo empezaba a tambalearme. Pero desde que decidiste no estar y yo empecé a crearme este laberinto, no paro de temblar. Mis ojos también tiemblan, y mis labios no pueden abrirse. Están tan tan sellados...no esbozan ningún movimiento. No puedo soltarme de mis rodillas. Es la única parte de mi cuerpo a la que puedo aferrarme y sentirme más sólida. Siento mi piel y las partes que componen mi cuerpo y creo que si me suelto de ellas me romperé en pedazos. Creo que mi fragilidad me está matando. Y tú sin palabras y sin presencias también lo estás haciendo. Llevas haciéndolo durante mucho tiempo, y durante mucho tiempo fui paciente y pensé que tu vida estaba llena de cosaspor hacer y que tras completarlas, llegaría ese punto donde aparecería mi nombre y vendrías a por mí, o que, al menos te acordarías de mi existencia. Creo que mi fragilidad a veces me torna invisible. Quiero que sepas que estos son mis ojos, que esta es mi soledad. Que quiero no necesitarte. Que quiero soltarme. Que quiero vivir.

Juventud

Hoy en una de las clases de la facultad he escuchado que la palabra JOVEN significa "vivir con ganas". Y me ha venido a la mente mi vida, mi juventud, esta etapa que estoy viviendo. Me ha venido a la mente y he pensado en eso que llamamos GANAS. Éstas se están quedando atrás, muy atrás. Detrás de mí, a mis espaldas. Y yo no puedo girarme, alzar la voz y llamarlas. ELlas no pueden venir. Menos por sí solas. Pero yo ahora tampoco tengo la fuerza suficiente como para tirar de ellas y hacerme cargo de algo que no puedo soportar.No. La vida me lo ha demostrado, no me llevo bien con las ganas. Las veo y admiro y valoro porque con ellas todo es más fácil y más bonito. Y todo lo bonito y fácil, en muchas ocasiones, te hace ser feliz. Y normalmente aspiramos a eso. Para conseguirlo hay que partir de las ganas y de ser joven o sentirse como tal. Y coger fuerzas. Muchas. Son imprescindibles. El problema es que yo no tengo tantas ganas como debiera, por eso generalmente me hallo con los pies fríos, muy fríos, de tanto caer y quedarme y permanecer en el suelo. Sin levantarme Porque no puedo. Y parece que me muero de frío. Pero no. Y parece que me muero de tristeza. Pero no. Parece que me muero de la falta de ganas de vivir.

Caja de sorpresas

Él era una caja de sorprensas, pero ella no lo sabía. O tal vez no quería saberlo. Sí, a lo mejor no quería saber que él se había convertido en una caja de ingratas sorpresas. Por ello a ella nunca le gustaron las sorpresas. Nunca las persiguió ni aguantó. Ella deshacía las sorpresas, se encargaba de adivinarlas o anticiparlas. Quizá había nacido para recibirlas y vivirlas, pero ella jamás lo vio así, porque casi siempre no fueron buenas sorpresas. ELla comenzó a pensar que él era distinto, que era una caja de sorpresas nueva, sin abrir. Aún por estrenar. Pero en realidad era una caja seminueva, y no estaba llena de cosas que ella esperaba. Más bien, que necesitaba. Las necesitaba para vivir con ganas, no ya con  ilusión pero sí con ganas. Ella pensó que por primera vez podría aguantar y empezar a ser feliz con esa caja, pero ésta comenzó a vaciarse de decepcionantes sorpresas que se volcaron sobre ella de manera casi continua. Muchas veces, muchas, no le dio tiempo siquiera a llorar, y ésa solía ser su reacción primaria. Detrás de eso, rabia, rabia por no haber adivinado esta vez qué clase de sorpresas guardaría él para ella. Rabia por volver a sentirse herida. Rabia por no poder deshacerse de tanto dolor innecesario. Rabia por haber decidido esperar y seguir pensando que las buenas sorpresas acabarían llegando. Sí, llena de rabia se sentía por ello, y porque aún le resulta difícil dormise al pensar que todo podía haber sido diferente.

Pendiente de un hilo

Anoche me acosté a las 3 de la mañana buscando las palabras que quería hacer salir de mí para ti. Exclusivamente para ti. Luego me quedé pensando que de nada me sirve encontrar palabras si tú estás perdido y no buscas, o no quieres buscar mis palabras. Muy distante. Pero vives. Utilizas la vida. Utilizas todo. Y sonríes. Y haces planes y gastas tu tiempo. Como y donde quieres. Y yo sólo puedo pensar en que hace, relativamente, poco tiempo yo tenía unos sueños preciosos y en casi todos ellos yo aparecía con mi sonrisa amplia y mis ojos alegres. Eran tan preciosos que hubiera valido la pena luchar por ellos, pagar por ellos, porque hubieran empezado a ser parte de la realidad que vivo. Eran sueños. Nunca pesadillas. Sin embargo hace 2 noches me aturdió una pesadilla. El sol terminó con ella, se coló la luz por las rendijas que dejé entreabiertas de mis persianas venecianas, y yo me desperté. Entonces me di cuenta que quiero volver a eso, quiero volver a tener ese tipo de sueños que yo tenía. Quiero que un día te atrevas a leer esto y comprendas lo que intento decirte entre líneas. No puedo escribirte lo obvio, ni exponerte palabra por palabra lo que he sentido y siento. Creo, tristemente, que aún así no entenderías nada, y si lo hicieras, no lo compartirías por una sencilla razón: tú volviste a ser feliz con tu vida, ignorando que la mía se quedaba pendiente de un débil hilo que tú rasgas sin darte cuenta. Y no puedo permitirme que lo rompas. Porque es mi propia vida. Porque son mis momentos. Porque es tiempo lo único que me queda. Tiempo lo que tú gastas en vivir. Tiempo lo que yo gasto en pensar y en escribir.

Más vacíos

Me encuentro cansada, y creo que me harté de hablar de todos los vacíos que habitan en mí y que me van dejando sin nada. De esos vacíos, paso a no encontrar palabras que no paro de buscar. Y me detengo,y las pausas no me sirven de nada porque aparecen más vacíos a cada segundo que pasa. No quiero segundos, no quiero tiempo, y no quiero vacíos. Ojalá me los creara yo, ojalá yo fuera la propia creadora de mis propios vacíos, sabría detenerme, sabría parar y decir "hasta aquí, basta, ya es suficiente", pero el problema es cuando alguien te crea vacíos y ni siquiera esa persona sabe que te los esta creando. De esos vacíos mi mente pasó a traducirme que no podía ser visible ni existente. Entonces me quedé sin vida, y quizá ahora sólo yo sea capaz de observarme. Quizá nadie por la calle nota mis pisadas. No quiero quedarme con nada, no quiero quedrme sin lo que era mío, sin todo lo que me quedaba antes. Creo que sentirse vacía pesa mucho. Es paradójico, pero es asi, como todo. Y quiero que mi vida pese menos, quiero que pese nada, quiero que sea ligera, muy ligera, y que se encuentre entre las partículas de aire y oxígeno que respiramos para poder seguir aquí, con o sin rumbo. Yo no pido rumbos, ni pido que alguien venga aquí, de repente, y me haga sentir plena y vacía de vacíos. Yo no quiero eso. Sólo quiero que mi vida mañana se despierte y haya perdido tres o cinco kilogramos, y entonces pueda pasear por sí sola entre las calles, y que yo pueda seguirla también, sin miedo ya. Cuando ella se vuelva ligera (no pequeña), yo tendré una razón para crearme una sonrisa. Y sólo así tardaré en crearme una nueva lágrima; porque, a fin de cuentas, de tanto insistir, me he vuelto una gran creadora de todo, menos de ilusiones. Eso está, todavía, en lista de espera.

Mensaje de amor (II)

Te voy a amar (sin dudas) en cada segundo de tristeza o alegría que me depare la vida. Y en mi mente, no habrá cabida para enviarte al olvido. Habitarás por siempre en esa parte de mi conciencia que se niega a que algunas personas y recuerdos se escapen o hagan ese viaje irrevocable al inconsciente.

Te daré

Si me dejas apropiarme de ti, si me ofreces tus labios por siempre, si dejas que observe mis ojos reflejados en los tuyos, si dejas que te escriba por el resto de mi vida, si dejas que sueñe contigo de noche y viva contigo de día, si dejas que yo sea tuya, si me dejas quedarme contigo, si me dejas vivirte siempre, te prometo que te daré todos mis segundos de luz, todos mis momentos de paz, toda la alegría que tengo escondida. Te daré mis palabras, mis sonrisas, y mis lágrimas (tú sabes hacerlas desaparecer). Te iré dando 24 horas continuamente...para que me vivas, sólo si tú también quieres. Te daré mi vida, para que hagas con ella lo que quieras. Pero antes...antes de eso, dame tus labios, y dame tus ojos. Quiero y necesito vivir de esa forma. Si me dejas sin nada, se apagará la luz que deseo darte. Se secarán las lágrimas y nacerán otras nuevas que ya no valdrán. El tiempo se escapará, y ya no tendré más para escribirte. Léeme, respóndeme, y dime algo, pero dime que sí, dime que me darás parte de ti, parte de lo que compone el ser más especial de todos. Y yo te daré mi último tiempo. Te daré el fin, y te daré el comienzo.

Mataría

Mataría las nubes si estuvieras aquí, e inventaría otras nuevas, y también inventaría estrellas y a la más bella le pondría tu nombre. Si estuvieras aquí te pediría que te quedars por siempre anudado a mis muñecas.

No quiero

No quiero que llegue ese momento en el que dejemos de entendernos. No quiero que nos encontremos y nos miremos a los ojos y pensemos mutuamente que somos dos extraños más en este mundo. No quiero que dejes de llamarme, no quiero que decidas ausentarte, no quiero que decidas no escribirme palabras. Las necesito, como antes, y como a ti. No quiero que dejes de soñarme o que no pienses en mí antes de acostarte. No quiero que te cruces conmigo y no tengas interés por saber qué perfume me he puesto hoy, o de qué color son mis pendientes. No quiero que vivas sin necesitarme, sí, puede sonar egoísta, pero necesito que me necesites, y que no puedas vivir sin mí como yo no puedo vivir sin ti. Y sin tus ojos. No quiero que tus ojos, al estar conmigo, pierdan la magia que siempre han tenido. No quiero que no me sonrias, no quiero que prolongues los silencios que provocas cuando yo no te miro o me giro frunciendo el ceño porque emerge la vena cabezota que tú ya conoces en mí. No quiero que te pierdas, y que no dejes que yo sola te busque. No quiero que salgas a pasear tu solo y no decidas cogerte a mi mano. No quiero que te sueltes, ni que me sueltes. No quiero que desperdicies tu amor, no quiero que te quedes sin él. No quiero que dejes de alimentarlo, ni que no me dejes que yo lo alimente. No quiero que me pidas que te deje de querer ni quiero que comiences a olvidarme de la manera más sencilla, que es actuando como si yo ya no existiera. No quiero que te olvides de las cifras que componen el número que tanto marcaste para que mi teléfono sonara y yo respondiera, y así pudieras escuchar mi voz, ésa que tanto te gustaba, y que estaba compuesta de la dulzura que, según tú, formaba todo mi cuerpo. No quiero que olvides que tengo mucho amor guardado en mí, que lo dejé en un rincón para ti, dedicado para ti. No quiero que lo ignores, no quiero que no lo quieras. No quiero que no me quieras. No quiero que viajes lejos. No quiero que viajes sin mí. No quiero sentirte lejos ni quiero sentirte sin mí. No quiero que me regales tu ausencia por mi bien. No quiero que pienses en mi bien. No quiero que te olvides de mis sueños ni de tus promesas. No quiero que dejes de necesitarme, te repito mis palabras porque vivo deseando que no dejes de amarme. No quiero que ese amor se pierda. No quiero que quieras irte de mi vida por la puerta de atrás. No quiero que abras las ventanas, no quiero vendavales, ni guerras, ni tempestades. No quiero días brillantes. Me conformo conque estés en todos mis días. Me conformo conque llegues a mí y me digas que sigues queriendo visitar mi rincón y apropiarte de mis lunares más pequeños, y hacerlos tuyos. No quiero que desaparezcas. No quiero que te vayas sin despedirte. No quiero perderte.

Actriz de teatro

Actriz de teatro

El otro día recordé que yo, de pequeña, además de escribir, adoraba interpretar, hablar, inventarme diálogos e historias que luego yo quería transmitir. Me gustaba actuar para los demás. Yo sé que de pequeña quería ser actriz de teatro, únicamente de teatro, y tú eso no lo sabes porque nunca me lo has preguntado. Pero yo siempre lo he sabido. Siempre he sabido que adoraba llegar a ser actriz de teatro, y poder salir a escena, y plantarme delante del telón, poder hablar, poder gesticular, poder ponerme diez vestidos diferentes, y poder ser admirada, por unos instantes. Me acuerdo que de pequeña, en la playa, por las noches, mientras paséabamos, yo me inventaba diálogos, muchas veces eran sobre Romeo y Julieta, entonces yo me convertía en Julieta. Mi madre me sonreía. Gastaba su tiempo en escuchar palabras de una niña pequeña que le gustaba ser Julieta. Ahora ha pasado mucho tiempo, demasiado como para seguir intepretando y actuando delante de mi madre. Ha pasado tanto tiempo, que se me ha olvidado lo intenso que era ese deseo que sí tuve. Porque fue real.

-Mensaje de amor-

Te quiero, te voy a querer siempre, te echo de menos porque no puedo vivir un día entero sin que tu nombre, tus ojos o tu boca se paseen por mi mente. Todo ello vaga por mi cabeza, y entonces mi pensamiento no hace más que anhelarte, lo que termina, directamente, traduciéndose en dolor  y por eso sufro, porque no estás, porque no estarás nunca.

Hacer el amor

Se acostaba temprano todas las noches, y casi todas las noches escuchaba a sus vecinos (los de arriba) hacer el amor. Ella recordaba lo que era hacer el amor, lo recordaba no del todo bien porque hacía mucho tiempo que no lo hacía, sin embargo, sí sabía lo que era follar. Se acostaba con hombres que conocía de tres o cuatro noches, y por eso ella añoraba las escenas que interpretaban sus vecinos. Ella no quería follar, ella lo que quería era hacer el amor, y poner ternura, cariño, dulzura y amor en cada beso, en cada caricia, en cada gemido y susurro. Quería una persona que también quisiera hacer el amor con ella. Quería una vida llena de amor, y de susurros, y de palabras al oído. Quería todo eso pero por más que lo deseaba y esperaba con ansias, nunca llegaba. A lo mejor se había acostumbrado demasiado a los hombres que entraban una noche en su casa y salían disparados al amanecer. Ella quería que por una vez, que por una vez después de tantos años transcurridos, le visitara un hombre, alto, bajo, con o sin barba, con camisa o camiseta...eso ya no le importaba, pero quería a un hombre que se quedara con ella en la cama, y no tuviera prisa por marcharse. Quería compartir la cama con alguien, pero era demasiado tarde para pensar en eso, en el amor que hacía tiempo que no derrochaba. Los placeres para ella se distorsionaron. La realidad también quedó distorsionada. Y soñaba con demasiadas cosas. Imaginaba que todavía podían cambiar las cosas, pero no por sí solas. Ella se limitó a seguir viviendo del amor que escuchaba a través de las paredes. Ella siguió añorando el amor que recibió hacía años. Ella quería regresar al pasado. Ella quería volver a esos días, y volver a vivirlos, y luchar, entonces, por no perder lo que estaba teniendo. Ahora no tenía casi nada, por eso no luchaba, por eso se conformaba con los hombres de una noche. Ella quería dejar de conformarse. Ella solamente quería comenzar a vivir. Ella solamente quería hacer el amor.

Silenciar

Cambiar las cosas de sitio. Pensar en lo que me quedó por decirte. Recordar el sueño de hace tres noches. Volver a ver esa película que tanto me gustaba. Guardar esas prendas de ropa que ya no uso porque ya no me miras. Tirar los billetes de tren que fueron recuerdos que no volveré a vivir. Agarrarme a la almohada nueva que tengo sobre la cama que tú un día tocaste. Mirar ese cuadro que tanto me gusta y que, de momento, sigue formando parte de todas mis cosas. Regalar los relojes que me han ido regalando y que nunca he utilizado porque nunca me ha gustado llevar relojes. Escuchar tres y cuatro veces esa canción que te cantaría si mi voz fuera preciosa. Escribirte la carta que me prometí escribirte y emplear las palabras más adecuadas, conforme a todo  lo que hay en mí y no supe darte porque no me diste oportunidad alguna. Releer las palabras que tú me dejaste, que todavía conservo. Cansarme de mirarte y de pensarte. Vivir en este anhelo profundo y hondo. Hondo y profundo. Vivir en esta profundidad y tragarme todo el amor que ha ido naciendo y creciendo y reproduciéndose, sólo por ti, sólo con el fin de tenerte. Morir soñando que eres mío y que al despertar puedes estar observándome. Morir pensando que jamás serán mías esas estrellas que tú posees, y matar mis ganas y mis deseos. Rozar los últimos trozos de ilusión que quedaron pegados a mi piel, llamándote a gritos. Silenciar.

...La vida es bella...

...La vida es bella...

-Bueno, adiós. Ha sido muy gentil conmigo. Ahora voy a tomar un buen baño caliente.

-Ah...me olvidaba decirte que...

-Dilo.

-...que tengo unas ganas de hacerte el amor que no te puedes ni imaginar. Pero esto no se lo diré a nadie. Sobre todo a ti. Deberían torturarme para obligarme a decirlo.

-¿A decir qué?

-Que quiero hacer el amor contigo. No una vez solo, sino cientos de veces. Pero a tí no te lo diré nunca. Solo si me volviera loco te diría que haría el amor contigo, aquí, delante de tu casa, toda la vida.

1ª y 3ª persona

Y sentir que puedo volver a andar y hacer uso de mis piernas, aunque no de mis brazos, porque no puedo volar. Y aunque pudiera no me atrevería, jamás sola. Mis miedos son así de celosos, nunca me dejan sola, siempre me acompañan. Y aunque deberían abandonarme jamás lo hacen, algunas veces son los protagonistas de muchas escenas de mi vida, volviéndome pequeña, y más, mucho más frágil que nunca. Otras veces, se encuentran cómodos ahí, detrás de la ilusión, del poder y de la voluntad. Del amor. Y me dejan vivir, y dejan que viva lo que quiero y deseo vivir. Pero siempre están ahí. Hoy he vuelto a soñar, y necesitaba decirlo. Un solo sueño, pero tenía que empezar así. Había agua y estaba perdida, me caía una barquita de color amarillo del cielo y yo me subía a ella con la única esperanza de volver a casa, y dejar de sentirme tan sola. Tan perdida. Me despierto, y me encuentro en casa, en mi cama, la de siempre, entre mis cosas y mis nuevos cuadros que he colgado en la pared, porque así lo he decidido. Abro los ojos y veo que es en esta vida, la real, en la que más perdida me encuentro. Otras veces no siento eso...en esas otras veces cuesta menos sonreír y caminar. Y no sé por qué a veces escribo en 3ª persona cuando plasmo cosas que yo siento y vivo, y no sé por qué escribo en 1ª persona cuando son historias que jamás he vivido. Sólo sé que es peor saber lo que quieres y no poder dar un paso adelante, que no saber lo que quieres. Sólo sé que es mejor acostarse cuando estás derrotada, y abrir los ojos cuando te sientes segura, y actuar cuando te sabes el guión de memoria, cuando la improvisación deja de ser suficiente, cuando el otro personaje te ofrece la mano y te coge los dedos...sólo así es más fácil andar, y si te atreves, a volar un rato, y volver. Pero pronto. Porque no es fácil mantener el equilibrio, y mucho menos lejos del suelo.

Dawson y Joey

Dawson y Joey

<Sabes, ¿lo que estabas diciendo antes, sobre como vivir mi sueño me sentaba bien? He estado pensando en ello y quiero que sepas, que probablemente no estaría viviendo ningún sueño para nada si no fuera por ti. Cada vez más a menudo me encuentro en estas situaciones surrealistas, y siempre vuelvo a lo mismo "¿qué pensaría Joey si pudiera verme ahora?" . Quiero decir, supongo que todos tienen a alguien que les desafía, que los hace lanzarse a por las cosas que están más allá de su alcance. Tú eres esa persona para mí Joey. Y sí, quizás no hablamos este verano, y quien sabe, tal vez con el tiempo nos encontremos hablando cada vez menos y nuestras vidas se separen cada vez más... pero, tengo que decirte que yo no lo siento así, porque tú estás conmigo a dondequiera que yo vaya. Feliz cumpleaños.>

...Seguro que daríamos cualquier cosa porque alguien se plantara delante de nosotros y nos dijera algo como esto, al menos, yo lo haría...