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Pequeña

Sigo...

Sigo...

Sigo odiando a mis rizos, éstos que nacieron hace 5 años sin ton ni son. Creo que les he ido dejando de querer poco a poco. Tal vez el amor renazca. Sigo odiando la luz blanca artificial y los estores que tapan tanto al sol. Sigo odiand los días difíciles en los que no sacas nada en claro. Sig odiando la soledad que ahoga, que parece que mata. Sigo odiando los días de lluvia interminable. Sigo odiando las despedidas y la sensación que se te queda dentro, oprimiéndote el pecho, cada vez que dices adiós, y te ves obligado a darte la vuelta. Sigo odiando esos días en los que, a pesar de todo lo que tienes que hacer, sabes que estarías haciendo una única cosa, si pudieras. Y poder elegir. Pero sigo odiando esa situación en la que no sabes lo que quieres, o si lo quieres, no sabes caminar hacia delante, porque tus pies están inmovilizados, y tu vida parece otra, y hasta tú pareces otra. Pero esta vez soy yo, y esta vez es mi vida.

Ella

Ella le dedicaba palabras. En casi todas ellas había amor, explícita o implícitamente, pero lo había. Ella se inventó un cuento, pero no era un cuento ficticio, en realidad lo habían vivido los dos, pero ella fue mezclando palabras, de tal modo, que creó ese cuento que le dió y del que él tuvo que deshacerse. Ella le quería, con miedos, con locura, con deseo. Ella temía mucho, quizá demasiado. No dejó de temer nunca. Ella no podía siempre encontrar las palabras exactas, pero sabía que las suyas, las de él, tenían muchísimo poder, tanto como para hacerle todo el daño del mundo. Sabía que sin querer, se habían fallado, él sin notarlo, y ella porque tal vez quería deshacerse de todo el dolor. Para ella todo se reducía al dolor, ella le dijo que era lo que tenía el amor, justamente el dolor: "El amor, al final acaba vaciándonos". Él se quedó mirándola, serio, atento, y quizá pensando que ella llevaba razón esta vez. Ella se sintió triste cuando al preguntarle por todas esas cosas de las cuales no habían hablado en tanto tiempo y ella necesitaba saber; él bajó la cabeza, su boca perdió la sonrisa y la voz salía poco a poco. Él seguía cabizbajo, y ella recordó en un segundo que jamás antes, jamás había bajado la cabeza cuando hablaba con ella. Y ella volvió a sentir miedo, volvió a pensar que todas esas imágenes que habían pasado por su mente tal vez eran reales. Sintió de nuevo tristeza, y era lo que más odiaba, que justo en ese momento, justo a esa hora le volviera la tristeza a la vida. Aún así, ella le seguía queriendo, hacía tiempo que no selo decía. Y tal vez tarde en decírselo. No le pide que todo, absolutamente, cambie, ella quiere tenerle ahí. Ella quiere encontrar sus brazos si cae, y quiere encontrar su rostro si se siente perdida, y sus abrazos, y esos segundos en los que él deja reposar su cabeza sobre ella. Entonces ella piensa que a lo mejor puede volver a ser importante para el. Ella quiere hablarle, o soñarle, o pensar otro tipo de cosas que no le lleven siempre a los mismos pensamientos que ha tenido durante tanto tiempo. Y el tiempo es lo que la descoloca. Ella sigue escribiéndole, se cansa, sí, pero a la mañana siguiente sigue teniendo palabras para él. Él por su parte, no sabe en qué momento podrá cansarse de ella. La tristeza le vuelve. Ella decae, y entonces decide dormir para coger parte de las fuerzas que ha tenido que buscar. Ella decae, y se da cuenta que hay días que es más que imposible levantarse, sobre todo cuando está ella, ella sola. Y no hay nadie, ni hay nada.

Salvación

Salvación

Palabras que escuché en una de las series que vi durante el verano e invierno pasado. Palabras que le dice Peacy a Joy, palabras que dejan sin aliento, que hacen que en un segundo todo el amor contenido se desborde, palabras que son más que dulces, y que deberíamos escuchar alguna vez en nuestra vida. Sería perfecto..  Aquí las dejo..

 

“Eres la salvación. Nunca he tenido mucha fe en toda esa chorrada de “si amas a alguien, déjale libre”, prueba de ello es todo lo que he hecho en mi vida hasta este mismo momento, pero estoy determinado a ser feliz. Feliz en esta vida. Y te quiero. Bueno, siempre... siempre, siempre te he querido. Pero nuestro momento nunca fue el adecuado. Y de la forma en que yo lo veo, el tiempo no es amigo del hombre. Así que tengo que hacer que sea el adecuado y ser feliz, ahora. Porque es éste. Éste es todo el que tenemos. También quiero que tú seas feliz. Es realmente importante para mí que tú seas feliz. Y quiero que estés con alguien, da igual si es él o algún otro hombre que tú no hayas conocido aún. Pero quiero que estés con alguien que pueda ser parte de la vida que tú quieres para ti. Quiero que estés con alguien que te haga sentir igual que yo me siento cuando estoy contigo. Así que supongo, que la cuestión de esta larga y continuada sentencia es que durante los últimos meses el simple hecho de estar enamorado de ti ha sido suficiente para mí. Así que tú eres la salvación.”

Estoy leyendo el libro que me regalaste...

Estoy leyendo el libro que me regalaste. Me acerca a ti y así dejo de sentirme culpable. Sueño contigo cada noche, seguramente, porque me acuesto oyendo el mensaje que dejaste diciendo que te gusta echarme de menos. Te quiero, llámame, sé que no es fácil pero llamame por favor. Te quiero tanto tanto...

(fragmento de "La vida secreta de las palabras")  Cuando escucho palabras como éstas, frases de este tipo, se me encoge el corazón, no sé muy bien por qué, porque igual me recuerda un recuerdo, porque igual me refleja algo que quiero vivir, o algo que quiero escuchar o recibir en mi teléfono cuando llego a casa. Yo qué sé, igual por otras mil cosas. El caso es que son palabras preciosas que jamás me cansaría de escuchar. Quien sabe... algún día...

Una carta más

"Estás aquí y quiero decirte 1000 cosas que siento, 1000 cosas por las que sufro, 1000 cosas que tú me haces sentir. Quiero contártelas todas, pero creo que no puedo. No me salen las palabras, y no es la primera y última vez, por eso me enfado conmigo misma, porque no me salen las palabras cuando más las necesito, cuando más necesito expresarme y darme a entender. Voy a intentar hacerte saber lo más importante, y lo más importante es que estoy dolida. Demasiado. Creo que tus palabras han tocado fondo en mí, llevándose parte de esa coraza que siempre tuve y que casi siempre me aislaba (aunque levemente) del dolor. Sin ella ahora no sentiría todo tanto, y la ausencia de tus palabras no me provocarían tanto llanto. Necesito esa coraza, sin ella estoy más desnuda, y ahora es cuando necesito arroparme y necesito dejar de sentir las cosas que he ido sintiendo. Necesito que sepas que me gustaría que te importara, y que te importara lo que he ido sintiendo cada día y cada noche (Y LO QUE SIGO SINTIENDO AHORA TAMBIÉN), sé que no puedo cambiar lo de este tiempo atrás, sé también que no puedo sentirme mejor de la noche a la mañana, sé que todo esto ha venido únicamente para hacerme más débil, y tenía que haber aprovechado la situación para convertirme en un ser mucho más fuerte, pero nunca lo consigo. No es que me rinda, porque yo lo intento, es simplemente eso, que no tengo fuerzas. No las tengo en los momentos más oportunos para tenerla. Y me disgusto también conmigo misma por eso, porque no consigo nunca nada con lo que podría sentirme mejor. Y necesito sentirme así, mejor que antes. No quiero montañas rusas, no quiero norias...no quiero sentirme en lo más alto para luego estar obligada a sentirme en lo más bajo durante muchísimos días y muchísimas noches. Me gustaría que empezaras a preocuparte, o que empezaras a mostrar algo más de atención. Yo siempre estuve aquí para ti, y siempre lo supiste. Yo no podía evitar mis intermitencias, pero siempre estaba, siempre tenía alguna palabra, pero las tenía. Siempre ESTABA. No dejé de estar. Y sin embargo tú... decidiste que todo cambiara radicalmente, y que para mí tu no existieras; bueno, mejor dicho, que para ti yo no existiera, pues para mí siempre exististe, siempre llamé a tu puerta, siempre estuve detrás de ella por si oía girar el pestillo y conseguía empujar para poder verte...siempre estuve diciéndome que no tenía que crear más palabras para ti pero tampoco conseguía frenarme, y te hacía llegar todo lo que sentía, ya sin esperanza de encontrar en ti un auxilio. Pero esto es lo que siento, siento que esto es un vaivén descontrolado, siento que hemos estado de espaldas, mirando cada uno a una pared. La tuya tenía color, y has vivido, lo has seguido haciendo con la mejor de tus sonrisas. Hemos estado tan cerca y no me has sabido ver. Pero yo hasta el último momento, buscando las fuerzas que había perdido hacía semanas y semanas, hasta debajo de las piedras que siempre evito para no caerme de nuevo. Pero..¿sabes qué? ya no son imprescindibles las piedras para caer. Tú me hiciste caer, sin piedras, sin nada. Con silencios y ausencias. El dolor más profundo que he sentido en los últimos meses. Sólo quería hacerte saber que siento, que siento todo e intensamente, más que tú, y más de lo que tú puedas llegar a imaginar. No quiero que ignores mis palabras, al menos no estás, y sé que sí las lees será dentro de mucho tiempo, a lo mejor tarde, para que te influyan, pues las palabras que has recibido de mi parte, hasta este momento, no han removido nada en ti; y yo no tengo la fórmula para conseguir que esto cambie. O quizá cuando cambie yo no me dé cuenta y tengas que ser tú entonces quien busque las fuerzas debajo de las piedras. Es un esfuerzo duro pero necesario para que la otra persona no se sienta tan abandonada. Yo no te ruego que no me abandones, pero te pido que estés. Sólo eso. Y que leas mis palabras. Nada más. Sé que volverán a pasar por mi mente más detenidamente todas las ideas que quiero plasmarte aquí. Sé que a lo mejor, con algo de suerte, puedo volver a soñar, si tú me atiendes, si dejas que yo deje de encontrarme tan sola."

Antes

Él la dejaba mensajes en su contestador cada noche. Él la acariciaba la nuca, como nunca nadie lo había hecho. Él apreciaba su perfil  y sus cejas imperfectas. Él la llegó a coger de la mano queriendo no soltarse. Él la quiso en cada gesto, en cada palabra e incluso en cada sílaba que pronunciaba. Él también le enviaba mensajes antes de que ella, cada mañana, abriera los ojos. Él la escribía y empleaba parte de su tiempo en ella. La deseaba. Y quería hacerse dueño, único dueño de sus labios. Dulces, tiernos, suaves, claros... Él sabía que al mirarla podía descomponer todo su mundo. Sabía que una palabra le bastaba para volver a enamorarla. La quería mucho, él estaba pendiente de ella, se preocupaba. Al menso pensaba alguna vez en su bienestar, y en aliviar algunos de sus malos momento. La llegó a amar, creando un iceberg para ella. Pero no un iceberg frío, no un iceberg de hielo; todo lo contrario, creó un iceberg cálido y lleno de amor. Él la descubrió y no quiso soltarla, él le dijo que sólo ella tenía su felicidad. Y todo era casi perfecto. Todo era precioso. Pero todo eso era antes.

Roca

Hoy me ha dado igual aproximarme a los coches y sentir desde y por fuera su velocidad. Me ha dado igual querer cruzar en rojo. Ya no me asustan los desafíos, pero mentiría si dijera que el miedo me hace más fuerte. No. Me consume, se lleva cada vez más de mí, me roba partes mías. Me roba siempre y muchas cosas. Hoy me daba igual cerrar o abrir los ojos, ambas cosas me parecían lo mismo. Pero sigo temiendo al silencio, y a los ruidos que llegan (no siempre son reales) por lo tanto, no sé con que´quedarme. Odio tantísimo el silencio y algunso sonidos y palabras me vacían tanto...que lo único que querría seria salir. Una salida. Una salida directa, a cualquier lugar, mejor que éste. Me gustaría transportarme a al orilla de la playa, y oir a las olas discutiendo con las rocas, echándoles en cara que mueren por ellas, por otorgarles sus caricias, por hacerlo y morir con ellas en ese mismo instante. Las olas mueren por las rocas, lo hacen por vaciarse de amor (y de furia también) y no pueden seguir viviendo porque las rocas son demasiado fuertes, y ellas no pueden apreciar el roce de las olas, no pueden apreciar esa caricia. Y las olas, por su parte, mueren amando, y aman muriendo. La rocas jamás mueren, solo envejecen muy lentamente. Siempre se quedan ahí, sin sentir nada, ni odio, ni amor. Sólo notan levemente el paso del tiempo y las caricias del mar. Y sin embargo, creo que en algunos momentos yo debería ser una roca de ese tipo. Y no sentir amor, ni odio, no sentir nada, ni vacíos ni hastío ni dolor... Estaría mucho tiempo recibiendo leves caricias de un agua clara que no duele, ni daña. Sería admirada, y nunca dejaría de existir. Nunca esperaría. Nunca derramaría lágrimas, solamente me afectaría la sal, ella se quedaría incrustada en mí, pero la sal solo escuece en las heridas. Únicamente escuece, no deja vacíos. Pero al final, todo se reduce al dolor, todo. Y ahora no sé muy bien por qué he acabado hablando de las olas y las rocas, sólo sé que hoy todo me da igual. Hoy no soy una roca, ni siquiera puedo ser una roca mojada porque nunca nada me resbala, todo me influye, todo me afecta, y de manera demasiado profunda. Está empezando a desquiciarme lo profundo. Nunca me ha gustado la superficie de las cosas, pero creo que es lo único que te deja aliviado, el seguir viviendo sin notar al cien por cien todo lo que te ocurre. A veces hay días en los que estaría bien eso de ser una roca, y dejar de sentir por un instante, sólo así podría levantarme de la cama, y actuar. Hoy me he quedado en ella, arropada , con ganas de volver a cerrar los ojos. Hoy no he tenido sueño, hoy he tenido que madrugar y no sé por qué, así sólo consigo más tiempo para pensar, y pensar... Y no quiero pensar. Ya no me hace falta. Hoy tendría que haber amanecido siendo una roca, pero nunca puedo. Siempre dejo que todo me cale, como el frío de esta ciudad, como el viento del verano, como sus palabras, como todo.

Más fácil

Más fácil

En esa época todo era más fácil, mucho más fácil. No tenía todo, pero tenía lo suficiente, tenía lo que me hacía falta, tenía lo que me empujaba a vivir. Te tenía a ti, y a ti, y a ti... Y lo que estaba mal empezaba a estar bien, lo que estaba lejos empezaba a aproximarse. Y yo no me cansaba de vivir. Sin duda en esa época todo era más sencillo. Más fácil.

Señales de vida

Tantos días seguidos, tantas noches aparentemente infinitas esperando señales de vida, señales en forma de palabras, de sonidos, de algo. De cualquier cosa, pero señales. Señales que no llegaron, señales que si llegan no son como yo las esperaba. Señales de vida que jamás me hicieron tanto daño. Y ausencia de señales que jamás me clavaron tanto, que jamás me hundieron tanto. Tantos días con tanto silencio y con tanta espera, que al final me conlleva a, todavía, más dolor. Por eso no sé con qué quedarme, si con tu silencio o con las pocas palabras que me escribes al llegar a casa. Creo que no quiero nada, ni una cosa ni otra, ninguna me hace feliz. Yo gasto mi tiempo y mis palabras esperando que cambien algo en ti, pero no lo hacen aunque tú si lo afirmes, (y me quieras hacer sentir así mejor) pero debo decirte que no lo consigues. Al revés. Te vas llevando más de mí, dejándome más huecos dentro mío, más vacíos que antes sabías llenar de cualquier forma. Ahora me he quedado aquí yo con mis propios vacíos, y con los que tú has ido creando en mí. Quiero deshacerme de ellos, pero creo que no puedo, creo que soy inútil hasta paraeso, hasta para intentar darme la vuelta y no volver a mirar atrás. Creo que puedo solucionar esto y en cambio no lo hago, siempre estuve esperando. Siempre abrí los ojos en la madrugada, siempre lloré, y siempre seguí guardando más ganas de llorar. Eso, eso no te lo has llevado. Pero sigo dejando agua en mi cama, un día se inundará y no podré salir. Y no podré salir porque a base de ausencia de señales, y de señales insuficientes, o inservibles, me has dejado así, y aquí. Como una camiseta que de tanto usarla la has cogido manía y no quieres ponértela más. Como una fotografía que lleva demasiado tiempo dentro de ese marco, y llega el momento de meterla al álbum, para ser mirada...algún día, alguno de estos... Siento mucho ser ese tipo de camiseta, y ese tipo de fotografía, pero lo soy, lo estoy siendo. Te recuerdo que todavía escribo (todavía te escribo). Todavía sigo aquí. Todavía respiro. Todavía mis pulmones funcionan y mi corazón responde. Todavía cuento en este mundo, pero me hubiera gustado no vivir días con tanto silencio, con tanta indiferencia, con tanta ignorancia, y así poder contar más en tu vida. Me estás vaciando, tú decides si quieres tocar fondo en mí.

Robándome el sueño

Estoy escuchando música. Creo que últimamente poner canciones en este ordenador, y escucharlas atentamente, es el único motivo por el que me muevo, por el que sonrío ligeramente y siento una especie de alegría extraña. Pero esa alegría se apaga, y las canciones se terminan. Estoy escuchando música y a la vez escribiendo cuando debería echarme sobre esa cama, y agarrarme a mi almohada, y bajar un poco la persiana, solo un poco, lo suficiente como para que esta habitación deje de tener tanta luz, y así el poder dormir sea más confortable, pero hace tiempo que no puedo dormir a estas hroas, ni siquiera puedo dormir bien por las noches. Y tú ya sabes por qué. Sabes, ya te lo he dicho, que me estás robando el sueño, (y los sueños también). ¿Pero cómo soñar si no puedo dormir? Sin embargo cuando logro dormirme, no sueño, y yo siempre me acuerdo de los sueños, siempre. Pero desde hace semanas que no puedo soñar. Y me da tanta rabia. Sé que has sido tú, y lo que está sucediendo lo que está provocando que yo por las noches ya no tenga esos dos o tres sueños casi seguidos. Al menos en ellos disfrutaba de una vida ajena a esta. Al menos en esos sueños aparecías, y me decías cualquier cosa, pero estabas. Ahora ni siquiera estás. No me dejas que te sueñe, no me dejas que sueñe con otras cosas, o con otras personas. Me estás robando el sueño y no te importa. Parece que incluso te da igual, como todo lo demás, como todo lo que me envuelve y me rodea. Yo te hubiera robado tristeza, indiferencia,...cualquier cosa menos los sueños. Yo los quiero, y lo sabes. Sabes que yo soñaba mucho antes. Antes de todo esto. Devuélveme mi capacidad para soñar. Cambia el chip. Haz algo. Tengo un límite y creo que estoy rozándolo. Yo solamente te pido mis sueños, ya no te reclamo ni la paz que antes te pedía. Pero devuélvemelos, consigue que vuelva a soñar. Sólo eso, aunque tú ya no quieras aparecer en ellos, aunque yo no vuelva a sonreir en ellos, pero quiero sueños, aunque otro tipo, pero los quiero. Los necesito.

Stand by

Mis labios saben a chocolate, pero están vestidos de fresa. Te necesitan, como antes, como mañana. Ayer quise borrarte, quise pensar que no existías, el dolor me consumía, tu ausencia me amenazaba y tus pocas palabras me acuchillaban sin reparo. Tu voz logró calmarme anoche, mientras yo dormía (el efecto ya se ha pasado). Pero la escuché después de tanto tiempo. Me llegas y no sé como mirarte. No sé qué decirte al tenerte enfrente. Vagan mis pensamientos, encargados de alejarse de la claridez que les hace falta. Tú sigues sin estar. Y yo, mientras, espero. Me quedo ciega de tanto mirar, me vuelvo inquieta de tanto esperar. Creo que por eso no me gusta llevar reloj, porque me dedico a esperar tanto...que prefiero imaginar que soy yo la impaciente, la que llega siempre demasiado pronto. Yo me hubiera conformado conque hubieras llegado. Conque me hubieras hecho llegar parte de lo que ahora compone tu mente, parte de lo que estás haciendo. Creo que no es bueno esperar, ni necesitar tanto de una persona. Creo que no tenerte es muy duro. Y creo que mi vida puede tamblaearse si no me aclaras lo que hay en ti. Si no abres la mano. Si no sonríes. Si no me regalas una palabra, o un simple gesto claro. Puedes volverte un vicio. Puedo volverme loca. Pero tú podrías salvarme. No lo estás haciendo. Y quizá llegues tarde.

A seguir

Estás lejos. Debes estar muy lejos ahora, ahora que te has marchado. Yo me he quedado aquí. Algún día también me iré, con lo puesto, con el bolígrafo que siempre llevo encima y con algún papel en blanco que siempre me acompaña. Pero ahora estoy aquí, de nuevo, escribiendo estas palabras que únicamente para ti son, que únicamente tienen sentido porque tú existes. Pero existes, y te hallas demasiado lejos. No estás para mí, y ahora que te he tenido cerca tampoco lo has estado. Has mantenido los ojos algo abiertos, y no me has visto. No me has visto llamarte, ni hablarte, ni rogándote, ni gritándote. He tirado al suelo cosas para que oyeras un ruido y vinieras corriendo a buscarme. He estado soñando e imaginando que ocurriría esto. No me equivoqué. Como de costumbre, tú seguías con los ojos rasgados, y para ellos yo no existía. Para ti no he existido en todo este tiempo. Y en todo este tiempo he derramado todas las lágrimas que no derramé en los últimos meses. Mi vida ha perdido mucho sentido, al menos, todo el sentido que tú le aportabas cada mañana, y cada noche. He perdido todo lo que me hacía falta. Lo que me hacía falta para vivir como antes vivía. Puede que no lo sepas, o que ni siquiera quieras saberlo. Puede que no quieras leerme nunca más , cosa que me entristecería mucho, pero soy consciente de que ya ni mis palabras remueven algo en ti, lo sé porque así me lo demuestras, tú, tu actitud, tus pequeñas palabras, tu forma de tratarme, de enfrentarte a mí. Ya no me cuidas, ya no lo haces. Y creo que no lo harás nunca. Yo ya no te pido nada, ni te obligo a nada. No es bueno forzar las cosas. Intentaré cuidarme yo sola, voy a empezar a hacerlo, de la mejor manera que pueda hacerlo. Aprenderé, y si no lo hago, iré al mar, me volveré un náufrago, me quedaré tendida sobre las olas, cerraré los ojos, y empezaré a contar el tiempo que todavía me queda para poder volver a andar. Aprenderé a seguir.

Piruleta

Piruleta

No sabría explicar por qué las cosas acaban rompiéndose. Por qué todo siempre tiene que acabar, o acabar demasiado pronto. Me gustaría encontrar las respuestas a muchas de las preguntas que a mí misma me hago. Odio no encontrar palabras que necesito escuchar. Odio no poder recomponer cosas que para mí eran importantes. Odio no saber caminar con equilibrio, y odio no poder mantener intacto mi mundo cuando debo. Odio no poder juntar esas dos partes que se rompieron, que se separaron. Odio no poder reconstruir esa piruleta que no hace mucho era una sola, y aún existía. Sentía su sabor, sentía su dulzura, sentía su azúcar, sentía todo, y me sentía viva. Sentía amor y sentía dolor. Pero sentía. Y ahora no sé muy bien lo que siento. Siento, sí, que esa piruleta se ha roto en dos pedazos, y a partir de ahora se va a ir rompiendo en más y más pedacitos que no podré unir porque hay cosas, como ésta, que no pueden reconstruirse. Esos pedacitos se caerán al suelo. Alguien los barrerá. No seré yo. Yo me moría porque la piruleta siguiera intacta, porque el tiempo no la fuera desgastando, o si cabe, poco a poco, muy poco a poco, para que siguiera existiendo en cualquier lugar, y para que una u otra lengua la estuviera saboreando, y apreciando su aroma. Creo que de haberlo sabido, hubiera estado saboreando más intensamente su sabor, creo que de haberlo sabido no la hubiera perdido de vista ni un solo segundo, me hubiera quedado con ella. Pero juntos le quitamos el envoltorio y comenzamos a disfrutar. Antes de acabarse, se rompió. Quedaron dos pedazos. El mío no lo quiero, y si lo quiero, lo querré tarde. Tenerlo me produce daño, mucho daño. Daño que nadie me roba ni quita. Daño que se va haciendo más grande dentro mío. Hubiera dado mucho porque no se hubiera roto esa piruleta que tanto admiramos en tantas y tantas ocasiones. Me gustaría que me leyeras, y que apreciaras, aunque por ultima vez, esto, este sabor, y recordaras la primera sensación al descubrirla. No hay nada como recordar. Pero no hay nada como vivir, como vivir lo que alguien desea vivir con todas sus fuerzas. No hay nada como una piruleta de fresa, y entera. No, no hay nada como eso. La mía, la nuestra, se rompió, y no quiero otra nueva. No.

De pequeña

Este fin de semana he vuelto  a degustar los gusanitos que me compraban y comía de pequeña. Y he vuelto a ver en la tienda esos pequeños chupachups de pica-pica que 5 pesetas me costaban y que compraba por las tardes, al salir de clase, en el verde y pequeño quiosco situado a unos metros de mi escuela. Al verlos he sonreído. Hacía años que no los veía. De pequeña eran mis chupachups preferidos. Me encantaban. Siempre solían ser de fresa, con mucho, mucho picapica. Me han hecho recordar todo lo que me gustaba de pequeña. De pequeña todo era diferente. Apenas teníamos miedos semejantes a los de ahora. Apenas los sueños parecían escaparse. Apenas de pequeña me levantaba de la cama sin ganas. De pequeña tenía miles y miles de razones por las que acudir al colegio riendo, y sonreír ampliamente por tener diez pesetas en el bolsillo de mi abrigo de rayas, y llegar a casa felizmente por tener cinco cromos nuevos de mi álbum. Todo era distinto. Era casi perfecto. Casi perfecto, de pequeña...

El bosque

El bosque

En él empezamos a destrozar un poquito parte de nuestro hígado. A caernos sobre las raíces, a perder pertenencias personales (pendientes, chaquetas, abrigos, camisetas...) A perder también aire de pulmón y medio con "Masculino singular" y a emocionarnos con Marea. Dejamos muchas de nuestras noches, dejamos mucha emoción y mucha voz en cada canción. Nos enamoramos del rock. Nos enamoramos de EUQZ y nos gustaba estar ahí. Nos gustaba cada trago de esa querida y favorita mezcla de los 16 (vino y coca-cola), pero era perfecto. No queda tan lejano. Fue hace 3 años. Y éramos nosotros. Éramos felices. Éramos los 5. Éramos pequeños, y a la vez, tan grandes. Cantábamos, bailábamos, caíamos, fotografiabamos... Recuerdo con mucha añoranza todo aquello. Fue una importante parte de mi vida, que me hizo ser muy muy feliz. Tenía que recordarlo, y escribir sobre ello. Tengo muchisimas fotos ene ste ordenador de esa época, tengo muchas sonrisas clavadas, muchas canciones grabadas, muchas noches memorables. Tengo mi mente llena de cosas, de entre todas ellas, estas... éstas que añoro tanto. Hace poco me enteré que cerraron, que ese pequeño y verde local donde pasábamos las mejores noches había cerrado para siempre. Sentí pena. Sentí que en la próxima magdalena no podríamos volver allí. Sentí que querían robarme un recuerdo. Y si un día paso por allí y no encuentro ese tejadito, o la inscripción de "·El bosque·", no me importará porque yo tengo mis recuerdos, yo decido cuales guardar, con cuales quedarme, cuales mimar, cuales llevarme. Sí. Teniamos 16 años, y disfrutamos todo lo que pudimos. Inocentes, alegres, locos. Así éramos. ¿Marcha atrás? Claro. La daría sin duda. Y volver a reír de aquella manera, a chocar con las jarras, a pelearnos por un taburete, a saltar... A vivir. Sin duda.

Aclarándose...

Aclarándose...

Nacieron siendo negros, muy negros, profundamente negros. Era bebé. Con el paso del tiempo se tiñeron de gris. Parecía una gata, o eso decían. Querían que se quedaran así, así de grises. Claros, casi transpartentes. Pero esos ojos decidieron que todavía tenían que cambiar, y sí, siguieron cambiando, sin duda. Castaños. Pero castaños claros, a veces, tan claros, que la gente se atreve a afirmar que son verdes. Que el sol los torna verdosos, que su rostro cambia y el contraste entre el color de sus ojos y el color de su piel se adormece. Ya no hay contraste. Sin embargo, sus ojos siempre transmiten lo mismo. Normalmente transmiten tristeza. Normalmente lloran de tristeza. Y se van aclarando cada vez más. Sólo tú podías parar que mis ojos siguieran igual, que perduraran con su color natural. Pero temo que sigan aclarándose aún más. Porque no se convertirían en unos bonitos ojos grisáceos, eso jamás. Eso es imposible. únicamente transmitirían más tristeza, y yo no quiero eso. Quiero que empiecen a reír. Quiero que suelten una carcajada. Tal vez ocurra. De momento, así están...

Piernas cruzadas

Parece que las madres tienen un sexto sentido, que te hacen esas preguntas que tú no quieres escuchar, ni tampoco responder. Al final no respondes, al final te tragas tus palabras. Al final acabas harta de oir interrogantes, de tus silencios, de los silencios de los demás y de todo lo que hay en ti, de todo lo que se acumula. De la pena, de la rabia, de la alegría que en su día era mucho mayor que ahora. Y eso te inunda en la pena y en la rabia que sí sientes, y que tu te encargas de mimar involuntariamente. Y sin darte cuenta, todo ha cambiado. No sabes qué camino tomar, qué recta seguir, qué flecha atender, qué frases elegir... Todo cambia y acabas sentada, con las piernas cruzadas, te da miedo moverte, mucho. Además, piensas que aunque des un par de pasos no te servirá de nada. Hoy sigo así, con las piernas cruzadas. Me cansé de los paseos. Nunca llego a donde quiero llegar. Tampoco nunca me buscan, y yo me cansé de no encontrar.

Vuelco

A veces dejamos de ser imprescindibles. A veces dejan de necesitarnos. A veces todo se vuelca y nada puede recomponerse.

iLuSi0n

iLuSi0n

Escucho esta palabra día y noche, noche y día. La sueño, la imagino, la evoco, la tengo, la suelto, se me escapa, se me esconde y corro tras ella, no logro atraparla, no logro acogerme a ella, no logro conseguir que se quede conmigo. La escucho, procede de otras bocas, nunca de la mía... Nunca de mí. No emerge de mí. No puede. Ahora resulta imposible. Y la escribo de esta manera, no puedo escribir de otra manera, no puedo escribir mejor. No puedo conseguir el equilibrio que me hace falta para escribir cada letra adecuadamente. No tengo el valor suficiente para poder conseguirla, para poder convivir con ella, y vivir a partir de ella, sin tenerle miedo, sin temer que se vuelva a perder. Ahora temo no encontrarla, temo haberla perdido, temo que me la hayan robado, temo que se encuentre perdida y no sepa volver por sí sola o no sepa yo verla, temo tenerla cerca y no poder advertirla. Temo volver a escribir con miedo esta misma palabra. Temo temblar. Y temo ilusionarme. Y quiero lo contrario, quiero dejar de temer ilusionarme cuando no hay nada que perder.

Me has soltado

Me has soltado, voluntaria o involuntariamente; pero lo has hecho. Quizá sin remordimiento, sin pensarlo, sin desearlo, pero lo has hecho. Me has dejado escapar, y no has vuelto. No has recordado mi frágil mano, ni mis muñecas que antes te parecían tan graciosas. Me has soltado y me he quedado sola, pendiente del hilo que ahora parece estar roto. Has seguido caminando pero solo, sin mí. Me has soltado sin pensar que yo podía caerme y quedarme quieta y encogida y con miedos y más miedos consumiéndome. Me has dejado con lo más triste. Me has dejado con casi todo, y lo bello te lo has llevado tú. Pero tampoco lo quieres. No quieres seguir agarrado a mis manos, y recuerdo que tú me sueltas, que podrías volver, y que quizá lo hagas... Avísame, quiero estar de pie para cuando regreses, quiero estar de pie, y quiero construirme una sonrisa que valga la pena, que al menos se asemeje a una tímida media luna de verano. Quiero eso, que me veas aparentemente feliz. Quiero que al llegar me vuelvas a regalar una de tus caricias en mis estrechos dedos, y que los estreches aún más, que los afines, que los adelgaces, incluso, te doy mi permiso para hacerlos desaparecer si quieres, y desgastarlos con tus caricias, y con las yemas de tus propios dedos. Te doy el permiso para que vuelvas, para que vengas a buscarme y para que me des una razón que me explique por qué, y por qué tan pronto, y por qué conmigo... Mi mano se siente demasiado desnuda, y yo demasiado sola. Demasiado frágil ahora. Mucho. Y tanto... Pero escribir no me sana, o tal vez sí y yo no me de cuenta porque creo que a veces no puedo sentir ya mucho más dolor del que he ido sintiendo. El dolor se ha calado en todos los poros de mi piel, y creo que está impregnado, totalmente impregnado, y ya no cabe más. Los poros lo absórberán, todo ese dolor innecesario, y volverá uno nuevo. Otro dolor. Pero no quiero que llegue ahora, ni quiero que llegue por ti, no quiero que seas una de las causas por las que mis ojos se aclaran cada noche. No quiero esa almohada húmeda de nuevo. No quiero taparme hasta la nariz. Paso demasiado calor, y no quiero refugiarme, no quiero construirme una pequeña cueva en mi cama, ni quiero encender lapequeña lámpara, porque no puedo sentir más miedo, ni más desesperanza. Si vuelves, llámame, grítame, repite mi nombre si lo recuerdas. Estaré aquí. Yo estaré aquí. Todavía tendida en el suelo. Todavía débil. Pero sabes donde estoy.