Blogia

Pequeña

Sola no puedo

Sí Niña... sí... Ha llovido poco desde que yo te mostraba en mi casa todo aquello que me hacía ilusión. Todo lo que me hacía vivir. Todo lo que conseguía sacarte lágrimas de emoción y alegría. Si, siempre emoción. Y ternura. Y entonces me decías que todo era bonito. Y hasta yo creía que así era. Y hasta yo consideraba que mi vida tenía ese punto de dulzura que no todos tienen ni todos pueden aportar. Pero hasta llegué a pensar que nada cambiaría tanto, que mi alegría no se iría tan rápido...que las imágenes y las palabras y las canciones o las frases cantadas servirían de algo... Pero dime...después de este tiempo ¿qué he conseguido? dañarme, hacerme daño que podría haberme evitado si yo misma me hubiera diseñado un camino, libre de complementos. Pero yo siempre me los busco. Me busco caminos que aparentan ser perfectos, o quizá cometí el error de dejar apartado mi propio carboncillo y seguir el más fácil, o mejor dicho, el que me habían indicado. Pero yo creia que era el correcto, y podría haberlo sido; si la voluntad hubiera persistido, y si de verdad todo fuera como yo creia que era. Yo me lo había tomado todo tan en serio... Tu niña sol había puesto tanto de todo en cada segundo. Emoción, cariño, pasión, amor, locura, tiempo... Y pensamiento. Siempre pensaba, nunca dejé de hacerlo. Ni en el trabajo ni en el autobus ni viendo cualquier programa de la televisión. Siempre pensé. Y siempre me sacaste tú del apuro, también siempre estuviste dándome apoyo e infundiendome ese empujoncito para actuar. Y cuando por fin lo hice, me choco contra un muro lleno de gotas gruesas. Cada gota un golpe, cada golpe un moratón, cada moratón una lágrima, cada lágrima un vacío. Y volvemos a los estúpidos vacíos! Tu niña no sabe por qué hace dos meses te regalaba una sonrisa delante de esa tele, y ahora todo ha dado un vuelco. Un giro de 180º que me ha descolocado, de repente y a la vez poco a poco. Y el dolor, tan poco a poco, sabe muy amargo. Y no me gusta lo amargo. Calma. Eso debo pedirme, eso necesito. Para poder caminar en equilibrio, quizá un nuevo camino. Ayúdame a trazarlo, porque sola no puedo.

De vuelta

He vuelto. He vuelto con alguna sonrisa demás, y serena. Muy serena. Podría ser incluso feliz, pero de momento me conformo con estos días de paz y de tanta risa junto a la persona que ha compartido conmigo este viaje, mi madre. He viajado con ella, no he ido sola. Me hubiera ahogado en mil lagunas (lo sé). Ella me dejó elegir destino, yo elegí Zaragoza, aparentemente cerca, pero recorrer 6 hroas en autobús te dejan sin fuerzas y con el 90% de tu cuerpo dormido. Ha valido la pena. Ha valido la pena madrugar, caminar tantos kilómetros y viajar durante tantas horas. Ha valido la pena porque veo las fotografías y veo lugares preciosos y veo mis sonrisas. Y eso siempre me hace sentir mejor. Días de tranquilidad, de no pensar en nada, o mejor dicho, de no pensar tanto en tantas cosas. Siempre es difícil desconectar, pero cuando te alejas para poder aislarte de todo y de todos, descubres que a veces es posible. He estado disfrutando del sol, del cielo tan bonito de Zaragoza, de las esculturas de Goya y de César Augusto, de los amantes de Teruel, de la Basílica, del Ebro (de día y de noche), de los teatros, termas y foros romanos y del Palacio de la Aljafería (mudéjar) que me pareció tan precioso, semejante en jardines al de La Alhambra de Granada. Elegí bien. Y en el hotel me sentía bien. Era reconfortable y aunque algunas noches me costaba dormir, el agotamiento y el deseo de pensar un poco en mi me conducían al sueño más lindo. Creo que era lo mejor que podía hacer, alejarme y vivir durante unos días en otra ciudad, entre otras calles, con otros aires... Zaragoza en plena fiesta es precioso. Ir caminando y que un hombre con gafas azules fluosforescentes te griten "!guapetonas"!. De repente, a mi madre y a mí nos roba una sonrisa ese hombre de curiosas gafas azules... De camino al hotel contemplamos los dulces típicos de la ciudad. Y seguimos riendo. Me hace falta reir. Allí, y también aquí. Pero aquí de nuevo convivo con la rutina. Con los días, que todos son iguales. Pero cuando me venga de nuevo abajo miraré esas fotos, esas expresiones, esos jardines tan alegres...Esos días tan azules y tan brillantes. E intentaré no sentirme perdida, e intentaré volver allí con los ojos cerrados. Al puente de piedra, y caminaré también con los ojos cerrados. Y dejaré de pensar para no gastar tanto tiempo en cosas que se han ido porque querían irse. Yo no puedo permitirme que mi vida pierda parte de sentido. No puedo permitirme caer.

Me ha encantado el viaje. Pronto pondré alguna de las fotografías que he hecho. Un lugar precioso para evadirte. En compañía. En esta época. Con este sol. Vuelvo a casa con ganas de viajar dentro de un tiempo y volver a pensar en mí.

Viaje

Creo que ya me toca. Creo que toca viajar, cerrar los ojos fuerte, llenarme de carga positiva, fuerzas e ilusión por conocer otra ciudad. Y abrir los ojos al llegar. Gastar horas en mis lecturas, en dormir, en mirar a través de la ventana y contemplar los paisajes. En fotografiarlos después. En reirme. En descansar. En pasear por toda la habitación del hotel. En emocionarme y pensar en mí misma. En cansarme en todo lo que me proporcione alegría. Caminaré, conoceré lugares y el tiempo seguirá volando, pero, por ahora, me tomo un respiro. Me marcho. Van a ser unos días para mí. Respirar otros aires. Estar sobre otras calles y pisar otros caminos. Sí, ya toca. Despejarme y desconectar. No mirar el reloj. No estar pendiente.

Me voy. Vuelvo dentro de unos días. Buena semana a todos.

Y lloré

Y LLORÉ      (Murfila)

Tú me dejas, yo me quedo
Tú me dejas, yo me espero
Tú me dejas, yo te quiero
Tú me dejas, yo me muero

Tú no lloras, yo me empeño
tú no sufres, tengo miedo
tú no sientes, yo lo veo
tú no entiendes mi deseo

Y lloré por tí
y lloré para tí
y lloré sin tí

y lloré las tardes de café
y lloré las mousse de praliné
y lloré esas risas al sol
y lloré noches en el balcón

Yo me quedo sin tu risa
tú te vas con tus prisas
Yo me quedo a la deriva
Yo me quedo sin espinas

Y te sueño y te tengo
y te pienso y te anhelo
y te espero y te quiero
yo te espero, sino muero

y lloré tus cosquillas al son
y lloré, de esas charlas con ron
y lloré tus caricias con miel
y lloré el olor de tu piel

y lloré tus cuentos, tu canción
y lloré, noches de rock´n´roll
y lloré esos baños de pie
y lloré, con gel de hojas de té

Despistes

El tiempo se despista. Se deja llevar. Empieza a correr. Corre. Como nunca. Con furia, con fuerza, con ventaja, con demasiada velocidad. Y llega demasiado pronto. Llega siempre. Tu no. Tú nunca llegas. Olvidaste que el tiempo se olvidó de mí. Olvidaste que te olvidaste de mí.  Y tú tmbién sufriste un despiste. El despiste de tu vida? No..Eres demasiado joven para pararte a pensar en una persona que, al fin y al cabo, es una persona más de entre todas que te han admirado y amado. Mi mayor pena es que mi amor todavía está aquí, ahogándome con sus gruesos dedos, aplastándome sin remordimientos. Dejándome sin nada. Llevándose todas mis muecas alegres. Robándome todos mis buenos momentos. Estoy luchando por anudar esos dedos, por desprenderme de él. Del amor que quedó por ti y que tú no necesitas ya. Me quedo aquí, con los pies descalzos y con las manos vacías. Con mis manos más débiles que nunca de tanto forcejear con el amor. Amor que está cansado, pero está. Débil también, pero con más fuerzas que yo, menos para abandonarme. Es cobarde. Mi amor. Lo es. Y yo también. Yo más que él. Siempre ha sido así. Siempre he ido por detrás. Como tú, que vas por detrás del tiempo. Que vas por detrás de todo, menos de mí. Echaste a correr, tus piernas parecieron alargarse y comenzaste a alejarte de mí. El tiempo te empujó a despistarte. El despiste que tu sufres, el despiste de mi vida. Creyendo que podía quedarme anclada aquí, disfrutando. De ti, de tus ingles, de tus manos, de la suavidad de tu piel. Del intenso color de tus ojos. De tu calor y mi calor juntos. Ahora tu despiste es mi único despiste. Me influye, me afecta. Sólo a mí. Tú estás lejos, tú estás muy delante de todo. Demasiado. De mí. Ni siquiera ves a lo lejos los rizos que se adueñan de las puntas castañas de mi cabello. Ni siquiera buscas mis últimas huellas en la playa que dos veces observamos los dos. Ni siquiera intentas moverte hacia mí. No quieres que el tiempo te juegue malas pasadas, que no te mienta ni te adelante. Pero siempre lo hará. Pero tienes suerte, estás a punto de pisarle los talones. Yo dejé de contemplar tus tobillos. Echaron a correr tan rápido tus pies, y tus tobillos parecieron decirme “Adiós” porque tu boca no se atrevía. Pero de nuevo me estoy engañando, jamás dijiste adiós, jamás te inventaste una despedida. Jamás me anunciaste que esto pasaría. Jamás me adelantaste que sufriría, que estaría pensando en ti, que no me necesitarías. Jamás volveré a desear algo de este modo, jamás volveré a entregar mi amor de una sola vez. Me quedo vacía. Y no quiero huecos en mí. No quiero vacíos profundos, quiero llenarlos, de cualquier manera. Escapando. Escribiendo. Pero no quiero pensar en el tiempo, en el despiste, tuyo (que se ha convertido en el mío). Difícil resulta entenderme, difícil descifrar el significado que se encuentra detrás de mis palabras. Significados que temen salir a la luz porque tampoco estarás ahí aunque la oscuridad se rompa. Tú sólo sabes caminar. Yo sólo sé esperar. Yo sólo sé quedarme anclada, pensando que las cosas siempre mejoran, que las cosas siempre cambian. Me canso de cansarme y seguir esperando. Me canso de seguir escribiendo a la nada. Y la nada me ahoga. El blanco me ahoga y siempre lo he adorado. El mar me queda lejos. El sol me queda lejos. Todo lo bello me queda lejos. Tú eras también parte de la belleza que yo amaba y ansiaba tener en mi vida. Tú eres ahora parte de la belleza que no podré contemplar. Perdí tu belleza, y perdí también la belleza que según tus palabras, me definía. Mis ojos están claros. Llevan tiempo estando así. Van a perder su color natural, y creo que eso me asusta. Creo que me aterra despertarme a medianoche y ver que mis labios se están afinando y perdiendo su expresión. Quiero que mi rostro no pierda su expresión. Quiero matar el despiste del tiempo, y quiero deshacerme de tu despiste que ahora convive conmigo. Quiero abandonar esta sensación que me inunda. Sensación que aborda veinte sensaciones más, y diez sentimientos anudados entre sí que no quieren soltarse. Como yo de ti.Que no quería soltarme. Que necesitaba anudarme a ti. Que necesitaba tu espalda, y tus manos, y tu cadera. Y mis pies descalzos empiezan a coger frío. Creo que voy a borrar por hoy tu recuerdo. Otro día, otro mes volveré a él. Y si tu vuelves a aparecer ante mi vida, ella te hablará. Yo me encuentro sin voz. Creo que mis cuerdas vocales han perdido todas sus funciones. Creo que mi silencio te podrá hablar. Y él no te dirá adiós. Él mantendrá el coraje, y el amor que todavía queda. Y te lo llevarás. Te lo llevarás todo. Y entonces volverás a tu camino, y volverás a perder mi imagen, y yo te veré marchar, a ti, a tus ojos, a tus tobillos.

El 1er amor [Texto traducido]

Se ha de embestir al rojo firmemente, con una espada. Dañarle. Recordarle que toda nuestra vida depende de él. Que somos el toro y la capa. Rojo u otra clase de rojo, qué importa? El rojo lo es hasta la locura. A lo mejor miramos al azul, pero abrazamos siemrpe con el rojo. Poned al rojo con heridas, para que sangre. El rojo no tolera ningún otro color. Mata a quien intenta ponérsele delante, como los toros. El rojo es un toro. El toro es rojo. El rojo es el único color que nos mira de cara, no de reojo como el amarillo o con los ojos bajos como el lila. Nuestra esperanza es roja, hipócritas cuando decimos que es verde. Figuraros al rojo con una espada en la mano. Exprimí el rojo en mi primer amor.

 Este texto lo analizamos en clase, después de leer uno de Picaso que hablaba sobre el verde (más adelante lo pondré en el blog). El autor quería demostrar que amamos y odiamos, a la vez, con el rojo. Que el rojo es capaz de cualquier cosa. Que él mismo se deshizo de toda la esperanza, que agotó toda su pasión con su primer amor. Es con el rojo con el que abrazamos, porque abrazamos con pasión. Y con ternura. Lo triste es cuando no queda nada de esto, cuando no queda cariño, ni color rojo que apurar hasta la última gota.

 

El 1er amor [Text de Palau i Fabre]

Cal envestir el vermell de dret, amb una espasa. Fer-li mal. Recordar-li que tota la nostra vida depèn d´ell. Que som el brau i la capa. Roig o vermell, què importa? El vermell ho és fins a la bogeria. Potser mirem el blau però abracem sempre el vermell. Poseu el vermella a la ferida perquè sagni. El vermell no tolera cap altre color. Mata a qui intenta posar-se-li davant, com els braus. El vermell és un brau El brau és vermell. El vermell és l´unic color que ens mira de cara; no de biaix com el groc ni amb els ulls baixos com el lila. La nostra esperança és vermella; hipòcrites quan diem que és verda! Figureu-vos el vermell amb una espasa a la mà. Vaig exhaurir el vermell en el meu primer amor.

Escritura automática

Ayer en una de las clases de la universidad nos dijeron que escribiéramos sin pensar. Que no nos paráramos a leer lo escrito, que escribiéramos cualquier cosa, pero sin pensar en nada. Irremediablemente, no supe, en diez segundos, realizar la denominada "escritura automática" (escriptura automàtica). No pude seguir los pasos de A.Breton para conseguirlo. Mis palabras en aquel minuto fueron éstas (sí, mi mente viajó al día anterior...creo que es demasiado difícil escribir sin pensar en cualquier cosa)

 Lluvia. Agua fría resbalando en los cristales del autobús de las 6 de la tarde. La ciudad, algo oscura, muy fría y gris. Un día un poco triste. A causa de tantas nubes. Nubes también grises.

Esas palabras escribí en apenas un minuto, creo que me invadió la nostalgia de día anterior, que sufrí en el asiento del autobus Creo que me dejé dominar por las gotas de lluvia del ventanal que me aislaba del viento. Creo que hace dos días mi ánimo no pudo mejorar porque el día me había inundado de tristeza. Siempre ocurre. Siempre me sucede. Llueve y estoy triste, y no es que me importe en grandísima medida porque siempre está ese momento preciso en el que nos encontramos mas melancólicos que nunca; por eso creo que no quiero que llueva nunca aunque sea necesario. Pero estoy empezando a detestar la lluvia. Todo se lo lleva. Todo, menos mi tristeza y mis ganas de salir huyendo.

Tu espalda

Tu espalda

Me sentía viva. Muy viva, entre tus brazos y suavizando tu espalda. Tu espalda tersa, firme y lisa. ¿Te acuerdas? Yo te dije que tenías una espalda preciosa. Era una espalda tan bonita...Tú sonreíste, como si ya lo supieras. Pero sonreíste. Admiré tu espalda y tú sonreíste. Sé que ha pasado mucho tiempo, sé que no me volveré a abrazar a ella, sé y temo que no volveré a acariciarla más. Pero supongo que la vida es así, y que las personas somos como la vida, acabamos siendo igual de complejos que ella, y nos hacemos tanto daño inútil, pensando que vamos a estar aquí eternamente, enamorándonos eternamente y conociendo a personas maravillosas todos los días, en el autobús o en la biblioteca. Sin embargo, la realidad me hace pensar que no hay suficientes autobuses para conocer a la persona que nos hace falta en nuestra vida. No hay suficientes bibliotecas como para poder volver a enamorarse. Y es que perdí tanto amor. Ha resbalado tanto...al alejarte, al ausentarte durante todo este tiempo he sentido tristeza. Estaba acostumbrada a que decidieras ausentarte, solías hacerlo siempre; pero esta vez la tristeza era muy profunda porque me veía a mí misma con demasiados sentimientos encima, tapándome la vista, impidiéndome el paso y a la vez, el descanso y el sueño que a veces logro conciliar. Y sí, sigo soñando, pero no ya contigo, ni con otro amor, ni con bibliotecas donde enamorarme ni autobuses donde conocer a la persona de mi vida. No sueño con otro tono de azul, no sueño con otra canción, no sueño con la felicidad en mis labios. Simplemente sueño. Y hace algunas semanas que quería hacértelo saber, de hecho casi todas mis palabras son para ti, pero esta sensación estúpida que se ha aferrado tanto a mí me impide seguir pensándote. No quiero sentirme idiota. No quiero serlo, ni gastar tiempo en estar esperando cosas que no llegarán. Tres o cuatro palabras me hubieran bastado. Una señal. Algo. Pero estás muy por detrás de la voluntad que a mi no me ha abandonado aún. Pronto lo hará. Yo siempre estuve aquí, nunca me fui, pero pronto lo haré. Llevo muchos días respirando este aire, viendo siempre los mismos edificios que no me dicen nada. Quiero caminar y darle un portazo a mi mente. Que desconecte de una vez. Que no me envíe ningún tipo de palabras.

Yo sólo quería amor...

...Yo sólo quería palabras...

Yo sólo quería tu espalda.

  

Algo que nunca (me) llegará

Palabras que me hubiera gustado recibir, que no llegaron, que no llegarán. Palabras que escribo para pensar que todo ocurre por algo. Hasta lo más doloroso. 

Hola, hace tiempo que no hablo contigo. Bastante tiempo, y creo que te merecías saber de mí. Ante todo debo decirte que me sigues importando, aunque no lo parezca, aunque no te lo haya demostrado, aunque no te lo haya querido demostrar, es así. Y se me acumulan las frases de “lo siento” y “perdón”. He dejado de lado todo mi cariño y me he acostumbrado a vivir sin ti. Sin tu voz, sin tus palabras, sin tu risa y sin tu amor cada día. No deberías quererme. No. No me merezco tu amor, ni tu espera ni tus esperanzas. Siento que nuestras vidas están ya muy lejanas. Pero también siento que cuando sentí tu mano pude cogerte, decirte mil verdades, llevarte a cualquier sitio y hacerte promesas que sí podría cumplir. Ahora todo está tan diferente. Mi cabeza ha comenzado a dar vueltas, por eso hoy he empezado a escribirte. Te deseo. Lo sigo haciendo porque nunca he besado a unos labios como los tuyos. Son perfectos. Me faltó decírtelo. Decirte que amo tus labios, tu textura, o, por ejemplo, que también amo tu nariz.  Casi desapercibida, inadvertida...Pequeña y recta. Como toda tú. Tampoco nunca he visto una espalda similar a la tuya. Es lo más parecido a un alto tobogán. Está compuesta por una sinuosa y ondulada curva que te hace ser preciosa. Lunares. Tú posees lunares claros y oscuros. Redondeados, perfectos. Los amo también, pero nunca te lo he dicho. Nunca te lo digo. Y creo, creo que ahora es tarde, porque has necesitado mi amor y no lo has tenido. No te lo he dado, habiendo podido hacerlo. Al principio me faltó ilusión, luego me faltaron ganas y luego me sobró vida. Empecé a vivirla, sin ti. Me deshice de palabras que acostumbraba a gastar contigo. Seguí concibiéndote como un gran freno, cosa que me impidió llamarte y decirte que te necesitaba. Y no, no me preguntes por qué empecé a dejar de echarte de menos. Me centré en mis cosas, en mi carrera, en mis salidas y mi tiempo. Todo mi tiempo. En el que tenía libre, en mi propio tiempo de ocio, en ése, en ése tampoco cabías tú. No te dejé entrar. Ni en mi mente. Por eso mismo te pido perdón, pequeña. Lo siento mucho. Me duele no haber sabido valorarte ni haber podido ser la misma persona que te ofreció y diseñó un camino, para ti, junto a mí. Siento no haber querido estar para ti. Y sé que tu corazón no puede decidir ni tú puedes tirar de él porque yo me he alejado y no he pronunciado tu nombre. Pero no lo he olvidado. No sé qué más puedo decirte, sólo se me ocurre darme una bofetada y buscar cualquier recurso para hacerte saber que sigo vivo. Que no estoy bien. Pronto recibirás esto... Mientras tanto, me comprometo a pensarte, soñarte, imaginarte y anhelarte. Prometo volver al amor. Prometo volver a ti, porque sé que voy a necesitarte. Porque sé que necesito oirte respirar. Siento todo. Faltó que sonrieras. Faltó verte feliz.Lo siento. Y te quiero, te quiero mucho todavía, pequeña.”   

Cuando lloras

Es una canción de Despistaos. La recomiendo. Quizá porque son palabras que me gustaría oir cuando lloro, o mejor dicho, porque siempre es mejor que haya ALGUIEN cuando lloras, y no sentirte tan sola, y no hundirte más de lo debido, para después, poder (con o ayuda o sin ell) salir de nuevo a la superficie, y volver al mundo, y volver, sobre todo, a la vida que dejaste antes de salir de ella. Con una nueva sonrisa.  

Cuando lloras se para el mundo y nunca sé qué decir,cuando lloras me derrumbo y no me sale fingir,cuando lloras las horas le da la vuelta al reloj,cuando lloras a solas me muerdes el corazón.Piensa en lo que piensas cuando llorascuando me dices que no,piensa lo que quieras pero ahora... Cuando lloras se tuerce el rumbo y no tengo adonde ir,cuando lloras yo me hundo y tardo en volver a salir;cuando lloras las horas le da la vuelta al reloj,cuando lloras a solas me muerdes el corazón.Piensa es lo que piensas cuando lloras. Cuando me dices que no,piensa lo que quieras pero ahorael que llora soy yo....

Mi vida sin mí

Mi vida sin mí

Te quiero.

Me he enamorado de ti. Y sé que el mundo es menos malo porque existes.

Sé

 

 

...Porque sé que puedo volver a sonreír de esta manera...

Odio y aprecio

Tengo un sentimiento contradictorio: odio y a la vez, aprecio al silencio. Me ayuda a pensar, reflexionar y decidir. Me alarga las noches y me roba tiempo. Me empuja a gritar, a abrir las ventana y a hacer ruido con mis pies descalzos. Me infunde gramos de miedo y a la vez nostalgia y tensión. Es un sentimiento puro, pero contradictorio. Y casi todos los días intento hacerlo desaparecer con cualquier canción que me llegue tan tan adentro, que en cuestión de segundos mi mente ya está volando hacia ese recuerdo que sí logré vivir. Sí, te hace recordar, el silencio, las canciones, el aire y las paredes de tu cuarto. Las fotografías, una palabra y un gesto particular. Todo eso te hace pensar en lo que has tenido y ya no tienes, pero con suerte, al final, después de tanto recordar, nace en ti una sonrisa. Sólo tú has vivido ese momento que irremediablemente se iba a convertir en un recuerdo más de tu propia vida. Pero es tu vida, y sólo por eso merece la pena recordar. Y merece respeto el silencio, a veces, sólo a veces. Y siento que a veces las contradicciones son buenas.

De memoria

Lejos. Muy lejos. Tan lejos que apenas me ves. Y pequeña. Mi sombra quiere dejar de existir. Mis brazos no quieres moverse. Mis manos quieren quedarse quietas pero mis dedos quieren tener vida propia. Quiero palabras, pero no sé cuáles exactamente. No sé cuáles son las que mejor me hacen sentir: compañía, calor, abrazo, sol... No sé qué es lo que necesito ahora. Tampoco sé lo que necesita mi vida en estos momentos. Vuelvo a estar lejos. Vuelves a no querer encontrarme, pero he estado delante tuya. Y pequeña, hoy más pequeña que ayer. No sé si más que mañana. No sé si quiero saberlo. Si me hace falta. Mi cuerpo descansa y mis sueños me acompañan esta vez. No me escapo de mi vida, sueño con ella y con las cosas que la componen todos los días. Y todas las noches quiero conciliar temprano el sueño. No quiero minutos para pensar. No quiero minutos para recordar. No quiero imágenes, no las quiero. Quiero tiempo libre, quiero mis palabras, dejé pasar demasiado tiempo para leer las tuyas y las tuyas no llegaron. Y el tiempo ha seguido pasando y tú has provocado los cambios, los cambios de los estados... No quiero quedarme aquí. Quiero volar lejos. No puedo. Nunca puedo. Me lleno de impotencia y vuelvo a estar lejos. Tan lejos que ni siquiera yo quiero verme. Me sé de memoria donde existen todos y cada uno de los lunares que pueblan mi cuerpo. Me sé de memoria como son mis labios, y mi nariz, y mi frente. Me sé de memoria cuanto miden mis piernas, y mis pies. Me sé de memoria el tamaño de mis tobillos y mis muñecas. Tú también lo sabías. Al menos te aferraste a mí más de una vez para hacerme tuya. Ahora creo que te equivocaste. Que yo no te hacía falta. De lo contrario, no hubieras dado todo por acabado. O no hubieras establecido esta pausa estúpida. Idiota. Es así también como me he ido sintiendo y siento (todavía). Sí, todavía. Y me sé de memoria este sentimiento porque lleva conviviendo conmigo muchas semanas. Semanas que no se me olvidan porque se han convertido en eternas. Siempre me acompañarán. Pesarán más que todas las semanas anteriores. Y tu silencio pesará más que tu voz. Y dentro de poco se me olvidará como era. No quiero esforzarme en recordar porque de nada me sirve ya. Y creo que si estuvieras aquí, dentro de mi mente, lo sabrías. Pero te doy la oportunidad de estarlo, de estar ahí, en mi mente. Ahora mismo, si te encuentras leyendo esto, es que te encuentras dentro mío también. Estas palabras definen completamente de qué estoy hecha.

Tristeza. Pena. Amargura. Decepción. Desolación. Rabia. Impotencia. Más tristeza. Y más pena. Me sé también, de memoria, estos sentimientos; y creo que ni siquiera puedo cambiar esto. Poco a poco. Tal vez. Sin ti. Porque no apareces, y no puedo dibujarte enfrente mío. No quiero imaginarte. No quiero pensar como llevarás hoy el pelo o qué sonrisa llevarás puesta. No quiero porque hasta eso me hace daño y más daño me hago al pensar que tú no piensas en mí. No quiero ya intentar manejar tus pensamientos, y hacer que pienses en mí. Con un pensamiento no puedo reconstruir ese mundo que hace tiempo quedó roto. Con un pensamiento más, en tu vida, hacia mí, tampoco puedo cambiar estas sensaciones que me inundan ininterrupidamente. No puedo cambiarte, ni quiero. No puedo con un pensamiento más, creer que me has amado tan férreamente como un día, cualquiera, pero feliz...me hiciste creer.

Conformista

Siempre fui alguien conformista. Siempre. Cuando te conocí, dejé de serlo poco a poco, a medida que tú me exigías hechos, y yo te exigía palabras. Ahora he vuelto a abandonar a ese conformismo. O quizás tú me has obligado a conformarme con lo que ahora existe, con lo que ahora hay. Aunque no sé si es bueno o malo ser conformista, de todas formas, no creo que ahora deba o tenga que importarme. Sólo quiero tener días en los que sonreír no me parezca cuesta arriba. Estoy harta de esas cuestas, después, cuando pasa demasiado tiempo y ya tu piel está llena de heridas innecesarias; te encuentras repentinamente con una cuesta abajo que tú sabías que existía pero que la habías olvidado, y tienes que recorrerla, como la que has recorrido muy poco a poco anteriormente. La cuesta abajo es diferente, vas muy deprisa, apenas captas los detalles de cada cm del camino que te destina a cualquier lugar. Tú siempre esperas que sea el mejor, el más bonito, el más cálido. Lo único cierto es que ese camino dura apenas segundos, y si en ese camino disfrutas de la felicidad, no puedes enterarte de ello al 100%. Pero me quedaría siempre con esa cuesta abajo, mil veces, la recorrería mil veces, antes que subir una cuesta arriba durante toda mi vida. Cuando ésta la recorres, te quedas sin aliento, sin la respiración que te hace sentir viva, sin ganas de dar un paso más: renunciando a la vida, a nuevos caminos. Te conformas con haber llegado al punto culmen, y entonces te desvaneces.

Yo no quiero desvanecerme, no quiero esas subidas aparentemente interminables, no quiero pérdida de tiempo, no quiero sufrir por ti. No quiero historias que no merezcan la pena y no quiero lágrimas saladas. Yo quiero sonrisas dulces, muy dulces, que sirvan de postre para alguien que sepa apreciar mis hondados hoyuelos y mis ojos claros tornándose más pequeños. Creo que debo deshacerme de esos días de cuesta abajo y construirme yo misma, con mis propias manos, los días de cuesta arriba. No tengo suficiente fuerza én construirme un mundo, un mundo como el que tú creaste para mi. Ya no me sirven otros mundos, ni otras palabras, porque aunque lleguen lo harán tarde. Sólo puedo aprovechar estas pequeñas fuerzas que dejé de lado, para salir y hacerme un camino plano. Sin sobresaltos, sin baches que me hagan tropezar ni caer ni volver de nuevo al principio, al principio de todo: las heridas.

Empujones

Me falta tiempo y me sobran ojeras. Me duele toda mi espalda, me duelen hasta los párpados. Me odio por confiar, por volver a levantarme sabiendo que al próximo empujón, caeré. Me dejaré caer y volveré a herirme. Volverás a herirme. Lo sé. Sé que lo harás, aunque no quieras. Aunque no te des cuenta. Aunque no quieras darte cuenta o aunque ni siquiera te importe que yo necesite vivir. Como antes. Me dejaré caer antes de que tú me proporciones ese empujón que ya me has dado y me ha hecho caer. Me falta mucha paz y me sobra mucha tristeza. Me odio por volver a dejar abierta la puerta. Por pensar que todo esto es una espiral, que va enredándose y que, en estos momentos, me toca vivir con la línea más estrecha. Pero se está alargando demasiado. Demasiados días. Creo que puedo tener fuerza si me lo propongo, y creo que debería desdibujar tu sonrisa de mi mente, sólo así puedo entornar la puerta un poco, y pasar, yo, a respirar. Profundamente. Con tiempo y algo de silencio. Con los dos pulmones. Con ganas de vida. Creo que el hecho de haber formado parte de ti me obliga a querer nunca perderte, pero sé que ahora, de esta manera también me estoy haciendo daño. Me atrapas. Sabes hacerlo. Pero hoy digo no, hoy sí consigo cerrar la puerta y desconectar. Hoy sigo teniendo palabras para ti, pero tú no lo sabes. Algún día.

Y algún día cuando quieras abrir los ojos ampliamente y ver lo que has ido formando tan rápidamente, piensa, piensa todo cuanto quieras y en todo lo que quieras, pero dedica unos minutos a este mundo, al real. Y echa un vistazo a lo lejano que ha quedado el que tu creaste, con parte de mi ayuda. ¿Lo ves? Solo pedazos. A raíz de tus empujones, a raíz de mis caídas.

Lo eras todo

Eras el dueño de muchos de mis sentimientos. Eras el liberador de mi miedo. Eras el soñador más optimista. Eras el libro de respuestas referente a mi libro de preguntas. Eras un gran idealista. Eras un perfecto diseñador de viajes. Eras la persona más plena de ilusión que he llegado a conocer. Eras un par de palabras. Eras el principio y el final. Eras emoción. Eras pura y extrema expresión. Eras capaz de cualquier cosa, eras capaz de todo y de nada. Eras alguien dispuesto a escuchar, a estar, a quedarte, a esperar. Eras paciente. Eras alguien pendiente de cumplir parte de tus sueños, eras alguien que pedía hechos. Eras alguien que amaba. Eras tú. Eras casi perfecto.Lo eras todo; y todo lo estropeaste con los ojos abiertos y las manos cerradas. Con tu vida distante a la mía, con tu voluntad. Lo eras todo. Y te encargaste de dejarme con nada.

Diseñadora de sonrisas

Sin pedirte nada a cambio diseñaste una sonrisa para mí. Una sonrisa única e irrepetible compatible a su vez con mi boca y mi garganta como tú dijiste. Planeaste el croquis, el boceto perfecto. Nunca obviaste la amplitud de mi boca y mi posible sonrisa. Sí. Mi sonrisa te importó. Sigue importándote que se extinga, por ello tú las creas. Las mías. Mis sonrisas. Y yo me acostumbraré y comenzaré a temblar si te marchas, al ser, yo, incapaz de crearme una para mí. Sin pedirte nada eres mi diseñadora perfecta de sonrisas aparentemente infinitas. Sin esperarlo, ya han nacido hoyuelos en mis pómulos, ya me has oído reir.

Sueño eterno

En su sueño él le visitaba, le abría los ojos, provocaba el nacimiento de una nueva y bella sonrisa en su rostro. Sus ojos quedaban iluminados y sus labios desprendían vida. Sus brazos parecían flotar en aquella ciudad marcada por tanta humedad y sus pies dejaron de notar la dureza del suelo agrietado que componía la acera en la que ambos se encontraban amándose. Él estaba como siempre, con su pelo castaño y sus ojos castaños también. Con sus labios finos y su vitalidad primando por encima de todo. Él aparecía vivaz, más vivaz que nunca; ella sabía que eso sólo podía estar formando parte de un sueño. Ella sonreía, y contenía sus nervios y su felicidad. Era una extraña pero lógica reunión de sentimientos guardados pero a punto de salir por los poros de su piel. Esos sentimientos, mezclados, tenían también una especie de conformación: su felicidad lo ocupaba todo. Absolutamente todo. Sus nervios quedaron un poco más aplacados, detrás de esa felicidad, impulsándole a acariciarle con las dos manos su rostro dorado. Él siempre había sido así, vivaz. Esa era la única palabra que ella utilizaba para definirle. Ella amaba la capacidad que él tenía para vivir la vida, para aprovechar cada segundo, para dominar al tiempo... Ella moldeaba en pensamientos su cuerpo, sus piernas, su torso y su cara. Sus cabellos rebeldes, sus ojos rasgados y sus pequeñas orejas. Se acordaba perfectamente, aún cuando estaba 9 largos meses sin verle, en cada facción suya, y cada parte de su cuerpo. En este sueño ella debía marcharse, él se adelantaba a frenar sus pasos y sellarle los labios con su dedo índice y al mismo tiempo, hablarle, y anticiparle a decirle que había una cosa que debía escuchar. Ambos se quedaron en silencio. Él esbozó una preciosa sonrisa. Una melodía comenzó a sonar, comenzó a oirse en toda la ciudad. El sonido parecía llegar de lejos, pero se escuchaba a la perfección. Él había conseguido que en la ciudad colocaran altavoces enormes, y había conseguido que sonara la melodía que quería hacerle escuchar. No era concretamente la canción que años atrás habían bailado, pero era una melodía que en cuestión de segundos les había transportado al máximo punto del amor. Su beso pareció eterno. Y su felicidad también.