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Pequeña

Tu alimento

Tu indiferencia es tu alimento, y temo decirte que asi no vas a llegar a ningun sitio, o al menos, a ningun sitio que merezca la pena. A ninguno en el que tu vida sea plena, y tu felicidad aparentemente inagotable. Pero todo se acaba. Hasta pienso que llegamos a olvidar la ultima vez que fuimos felices, ya sabes, el tiempo juega malas pasadas. Asi como tambien lo hacemos las personas, pero hay unas mas crueles que otras, y dentro del saco de las mas crueles, las mas insensibles, frias o simplemente malas por naturaleza, estás tú. Tu indiferencia, tu capacidad innata para ser el dueño y amo de todo, te ha servido, pero el tiempo, además de pasar malas jugadas, tambien pasa velozmente. Y cuando lo haga delante de ti, te darás cuenta, y te quedarás asombrado, de todo lo que arrasaste con tu paso y tus palabras. Casi más malas que tus actitudes. Tu indiferencia es tu alimento, junto a otro cumulo de cosas que no concuerdan con mi forma de ver, y vivir la vida. Me ha costado darme cuenta, pero se que hay mas personas como tu en este mundo, y ahora mismo, daria lo que fuera, LO QUE HICIERA FALTA, por no cruzarme jamas con ellas.

Ni contigo, claro.

Entre tu y mil mares

Ya sí es tarde

"Debo marcharme. N quiero que me veas llorar. Al fin y al cabo, es mío, mi sufrimiento, y tú no viniste a este mundo para hacerte cargo de él, ni estar dia tras día calmándome o luchando en 1000 intentos por demostrarme que la vida sí es lo que tú quieres que yo piense. Como por ejemplo, que me guarda sorpresas en los lugares más insospechados. Me gustaría pensar así, y también quedarme, pero no quiero arruinarte la vida a causa de mi tristeza. Lo siento. Pero ya es demasiado tarde. No debiste coger ese autobus. No debiste enamorarte de mí ni dejar que yo lo hiciera contigo. Espero sepas perdonar mi huida, pero necesito encontrar mi sitio. Aunque sea tarde."

Podemos gastar el tiempo (inutilmente)

Podemos gastar el tiempo en desquiciarnos martirizarnos culparnos por algo que dejamos pasar o vivimos o hicimos mal. Podemos gastar el tiempo en desera cambiar las cosas o volver atrás. Podemos soltar nuestra rabia rompiendo las cosas que nunca nos pertenecieron o aquellas que nos dieron y ahora no queremos mantener con nosotros. Podemos atarnos las manos cual ladrón a su rehén, o tirarnos a un lago de agua helada a ver si de una puta vez resucitamos del caos en el que nos han introducido. Podemos gastar el tiempo inutilmente, haciendo cosas que no nos llenan, o hablando por hablar... un sinfín de cosas no productivas y autocastigarnos también por la cantidad de errores que cometimos. Pero también podemos destaranos las manos. Lavarnos la cara. Deshacernos de la leche caducada que reposa en uno de los estantes internos de la nevera y abrir la puerta. La de casa, la del corazón, la de la vida. Y no volver al suelo aunque volvamos a equivocarnos. No volver a dar más ventaja a la vida. No matar el tiempo. Porque tenemos muy poco.

Se enciende la lámpara

 Se enciende la lámpara que me regalaste en nuestra última y única noche. Se enciende la luz y quiero morirme. Empieza a correr la sangre más fluidamente por mis venas, y mi tez empieza a quedarse más pálida. Abro la puerta para dirigirme a cualquier parte de la casa en la que no haya estado contigo. Recuerdo la última noche como la más feliz de mi vida. Me regalaste la vida que perdí en algún lugar, sin darme cuenta. Se enciende la lámpara y mi mente deja de pensar. Dejo de perderme. Dejo de ser irracional. Dejo de pensar en la cantidad de motivos posibles por los que pudiste coger tus llaves y dejarlas sobre la mesa color ceniza de la entrada. Dejo de pensar ya en la nota que no dejaste, y en las palabras que no dijiste. Dejo de pensar en las razones por las que pudiste apropiarte de mi piel, para llevarte su aroma y dejarme, después, a solas con ella.   Se enciende la lámpara y se apaga mi vida. Me quedo sin aire, y se notan mis venas. Azules. Me miro las muñecas y me miro los pómulos. Nunca se habían notado tanto. Las venas. Mis venas. Y los pómulos. Mis pómulos. Me escondo debajo de cualquier mesa en la que no haya estado encima contigo. Me escondo debajo de cualquier edredón que no te haya tapado anteriormente. Me escondo y me quedo en silencio. Me ahoga el silencio que proviene de los vecinos que no han vuelto. Me inunda el miedo del silencio que reina en el descansillo y me aplasta la soledad que me has dejado en la cocina. Se enciende la lámpara y trato de no acordarme de ti. Y también trato de no recordar la única y última noche a tu lado. La única. La última. Pero quizá la más larga.  

Se enciende la lámpara y suena el teléfono. Eres tu. Quieres volver. Volver a darme la vida que prometiste darme aquella noche y todas las siguientes. Pero cuelgo el teléfono y me echo a llorar. Prefiero verme ahogada entre mis propias lágrimas, que repetir esta escena otras tantas noches mas, sin tu presencia. Prefiero no tenerla. Prefiero no tenerte. Prefiero aprender a como estar sin ti. Prefiero renunciar a ti. Y quedarme con mi piel y con mi aroma y con mis venas haciéndose notar. Con mis ojos parpadeando, con mi vida a punto de esconderse.

Desprecio

Desprecios. Esa sensación que nos incita a regalar gestos o palabras de algo parecido al odio. Pero no sé qué palabra se adecua más con este tipo de sentimiento. En realidad no deberíamos sentir desprecio por nada ni por nadie. Pero lo sentimos. En realidad, son las personas que nos tratan mal las que nos obligan a tener este tipo de sensación, y acrecentarla. Y hacerla mayor. Ojalá las personas fueran más conscientes de sus actos, de las palabras que sueltan para creer que así pueden ser mas libres, y más felices. DESPRECIO. Desprecio en mayúsculas para las personas que nos dejan tiradas en el suelo, con las manos vacías, con los ojos empapados, inundados. Con los brazos rasgados, y el cuerpo ardiendo. Desprecio en mayúsculas para las personas que hacen que los demás veamos la parte más mala de sí mismas. Desprecio para las personas que nos dañan y lastiman hasta el punto de tocar ese fondo que ya tocamos alguna que otra vez. Y pensar que es mejor no salir que salir. Que es mejor no respirar que hacerlo. Que es mejor que nuestros pulmones se llenen de agua, que darnos otra oportunidad a nosotros mismos. DESPRECIO para las personas que se encargan de hacernos pensar que no valemos nada.

En un mismo lugar (después de 7 años)

Se cruzaron una cierta tarde, en una calle, al mismo tiempo. Él la reconoció, sutilmente. Él quiso acercarse y preguntarle sobre cómo le iba la vida. Ella no quería pararse, tal vez no quería reconocerle. Tal vez de tanto desear no reconocerle jamás, le confundió con un antiguo conocido que se había presentado años atrás en su vida, en una de las aulas de la facultad. Él sabía que no le quedaba un gramo de vergüenza, tenía la idea fija de pararle y decirle si era feliz. Él tenía la vida solucionada, seguramente no la más alegre, pues era un experto en confundirse de sueños y en seguir las flechas marcadas. Ella era cabezota, cabezota e idiota, pero sensible. Se entregaba, amaba, enloquecía y hacía enloquecer. Claro, muchos años antes. Antes de volverse completamente madura. Se cruzaron en un mismo lugar. Ella se culpó por haber salido aquella tarde de casa. A él le picaba la curiosidad por saber si ella tenía el trabajo que siempre había querido tener, si estaba casada, si le esperaba un cocker canela detrás de su puerta o si se dirigia a recoger a sus hijos al colegio. En realidad él se culpó mucho más que ella. Él era consciente que años atrás habia destrozado su vida.

Le había anulado y además, le había robado todas las razones por las que ella había aprendido a sonreír como nunca.  Se cruzaron en un mismo lugar. Ella le vio, también. Se cruzaron sus ojos. Él seguía casi igual. A ella le brillaban los ojos y caminaba sonriendo. Se paró, para pensar qué podía hacer para poder darse la vuelta y no verle más. Él caminó más deprisa, para acercarse a ella. Seguramente no tenía pensado decirle “lo siento”, ni excusarse por el paso de aquellos 7 años. Ella se giró y siguió el camino de regreso a casa. Sonriendo. Sus piernas iban perdiéndose en el fondo, y el sol iba iluminando los mechones de su pelo y el tono de su piel. Él se paró, se resignó, y por primera vez en 7 años, se dio cuenta que ya no podía cambiar nada.  Ella , por su parte, ya no se acordaba de nada. Ella ya era feliz.

Hay canciones

Hay canciones que te llenan, otras que son capaces de vaciarte al segundo de comenzar a  escucharlas. Hay canciones que te recuerdan mucho y a alguien, hay otras que no te traducen nada. Hay canciones que te enamoran, y otras que te sirven para enamorar. Hay canciones que te llevan a otro lugar, otras que te hacen imaginártelo. Hay canciones que te ayudan a pensar qué palabras son las idóneas para empezar o acabar con algo o con alguien. Hay canciones que te incitan a hacer eso que nunca hiciste y canciones que te recuerdan quien eras antes de que todo se truncara. Hay canciones que te enseñan lo que verdaderamente te empuja a saltar. Otras que te obligan a sentirte bien. Hay canciones que te hacen el camino más corto, y otras que consiguen que el viaje sea todavía más largo de lo esperado. Hay canciones que al principio te hacían sentir bien, otras que acaban haciéndote sentir muy mal. Hay canciones que nunca permanecerán en tu cabeza, otras que siempre estarán. Hay canciones que querrás mantener para darte cuenta de lo mucho que fuiste capaz de vivir y hacer vivir. Otras que te harán añorar lo que nunca tuviste o tuviste y no volverás a tener. Hay canciones que te hacen sumirte en el mundo de los errores, otras, en el mundo de los amores/desamores. Hay canciones que lo son todo, y otras que no son nada. Y después están esas canciones... ésas  llenas de las letras perfectas que  te muestran el mejor modo de vivir.

Los años 80

Falsa belleza

Te miro a la cara y no sé si siento mucho o siento nada. Te miro y no quiero mirarte porque creo que en realidad me transmites miedo. O tal vez sea desprecio, y por ello no quiera cruzarme más contigo. Te miro a la cara y no te puedo reconocer, no eres lo que creía que eras, ni eres lo que pensaba que tú querías ser. En realidad todos decidimos en parte lo que queremos ser, y como queremos que sea nuestra vida. Vamos buscando (y encontrando en contadas ocasiones) esos complementos que queremos tener en todo momento, aunque no emplearnos continuadamente. Queremos tenerlos ahí, pacientes, esperándonos. Y elegir antes de salir a la calle. Y embellecernos a través de la belleza del otro. No sé qué tipo de belleza pude hallar en ti. Es evidente, me equivoqué. Pero trato de no martirizarme por ello. Todos nos equivocamos en algun momento de nuestras vidas. Lo duro es que esos momentos se conviertan en etapas de tu propia vida. Y despues es mucho mas que imposible borrar esas etapas. De todas formas no quiero perder la esperanza, quiero creer que no encontrare una belleza tan falsa, de nuevo. Ni una vida tan vacia de ilusion. En realidad nunca poseiste ilusion. Porque tu vida carece del sentido que yo crei que tenia.

Y ahora lucho porque la mia lo tenga todos y cada uno de los dias que me molesto en vivir por y para esas personas que me alumbran, que me dan calor y me ofrecen kilos de cariño.

Amantes de un festival

Se conocieron en un festival, en una ciudad perdida entre miles y miles de personas. Se cruzaron descubieron conocieron pertenecido sobre un manto de tierra humeda poblada de flores alimentadas de alcohol. Si se les miraba desde lejos, reflajaban la imagen de los tipicos llaveros partidos en dos mitades que siempre se ven pensando que son el mejor regalo para alguien que queremos y está lejos, y así obligar a que se acuerden de nosotros al abrir su puerta. Parecian eso, ese tipo de llaveros. 2 mitades univdas por el tiempo y un concierto ansiado al que asistieron y sin embargo no atendieron. Parecían un par de amantes extraídos de cualquier historia inacabada ambientada en el siglo XII. Y como tales, vivieron su casualidad, su existencia, su amor, sus vidas.

¿Querrás aprender conmigo?

-No quiero que me subas a las nubes, no quiero que te inventes otros mundos para mi porque eso ya lo tengo muy visto y ya no puedo creer en nada de eso. No soy capaz de confiar en un amor que no puedo ver. Y se que el amor, se basa en sentirlo, notarlo y escucharlo, pero necesito mucho mas que esto, mas que caricias y mas que palabras. Más que verdades y más que miradas. En realidad no quiero que me subas a las nubes ni me lleves lejos ni me digas cosas que ya oí en mis últimos años. Ha pasado mucho tiempo, y me asusta pensar que no me conformo con nada. Y temo que nadie sepa exactamente lo que quiero... Tengo miedo de eso y de asustarte ahora que me estoy sincerando delante de ti...

-Yo tampoco pretendía subirte a las nubes, de hecho, nunca me lo plantée porque no he subido nunca a nadie allí, y si lo hice alguna vez, fue sin querer. Sólo intento vivir la vida con la mejor de las sonrisas para poder conseguir lo que todo el mundo quiere, que, indudablemente, es ser feliz. Pero una mañana me desperté y me asusté de verme solo, pensé que ya estaba cansado de no encontrar cada mañana a la misma mujer al lado mío. Y aquel día apareciste en mi vida, sí, raro, casual, como en las películas, pero apareciste y desde ese momento quiero compartir mi tiempo contigo, intentando, también, y por encima de todo, que nunca temas nada, que no tengas miedo de fallar o caer o hacerme caer. Sé, estoy seguro, completamente, que aunque uno u otro o ambos caigamos nos levantaremos, y no por ello dejaré de verte sonreír. Y viceversa. Te quiero por encima de todo y sé que aunque el tiempo pase, jamás me cansaré de estar delante de ti, y oirte todo cuanto quieras decirme. Y aunque sigas temiendo, te seguiré amando con todas mis fuerzas. Siempre. Por eso llevo cinco minutos pensando, desde que comencé a pensar qué podía decirte para calmarte, que no debes temer nada porque siempre te he querido, y no veo motivo alguno para dejar de hacerlo.

-No quiero perderte nunca. No quiero seguir temiendo, y sé que tú eres la persona que más feliz puede hacerme en esta vida.-Eso es un buen paso. Comienzas a mirar a la vida sonriendo, y me siento orgulloso de ti. Yo tampoco quiero perderte nunca. Pero aprendí a no temer por ello, y gracias a ello he aprendido a ser feliz.

-¿Querrás aprender conmigo?

-Por supuesto.

Iluminándome

Nunca debí rechazar su invitación al circo. De esa manera, habría recordado la felicidad que se siente cuando se es pequeño, y las preocupaciones no van mucho más allá que de simples y aparentes problemas como los de no tener suficientes cromos para intercambiar o un compañero para la próxima excursión al campo. Nunca debí rechazar su invitación a la vida. De esa manera habría recordado que yo también tengo vida, y que tengo mis días, y que debiera gastarlos en ser feliz, o al menos, en intentarlo.

Cuántas veces he oido que por intentar no se pierde nada.Cuantas veces he oido tantas risas procedentes de mi boca y palabras derrochando felicidad de mi voz. Y la siguiente más alegre que la anterior... Pero cuantas veces oido que el  “tempus fugit” y cuantas veces he esperado a que viniera alguien y me dijera: “Todavía queda tiempo para ti”, “tu vida va a cambiar” o “confia en los milagros, porque de verdad que existen”.En realidad no se si es eso lo que quiero escuchar, o solamente quiero ganas de vivir. A lo mejor me quedé anclada en aquella tarde, jugando al escondite, queriendo encontrar esas ganas que quizá escondí en algun rincón de algun césped de algun parque.

No sé si volviendo a ver un circo, si viviendo, o simplemente esperando que pase el tiempo, encontrare el escondite. No sé si tendré suficientes fuerzas para intentarlo de nuevo, no sé si estoy esperando algo, y mucho menos, si lo estoy haciendo, por qué... No sé si todavía me quedan palabras felices, o risas finitas. No sé si quiero hablar de la vida que cada vez me dice menos, o quiza sea por dias, y en este momento no tenga en mi cabeza mas ideas para escribir sobre otras cosas muy diferentes a estas.

No sé si quiero que venga alguien y me pinte de rojo las mejillas y me abra la ventana a la vida. Y escaparme, sin alas, pero escaparme, y volver cuando asi lo crea necesario. Sin lagrimas, sin pena, sin rabia. Sin alas, pero con ganas de vivir, al menos, un dia entero de mi vida. Con los ojos bien abiertos, a poder ser, brillando. Con la boca abierta, sonriendo, adquiriendo la luz del dia, iluminándome. Y, si puede ser, cuando vuelva...que pueda empezar yo a iluminar. Y sin alas, sin lagrimas.

Cosas que nunca te dije

(Por Isabel COIXET)

Puede pasar de todo ¿verdad? cualquier cosa. Puedes amar tanto a una persona que
tan sólo el miedo a perderla haga que lo jodas todo y acabes perdiéndola. Puedes
despertarte al lado de alguien a quien hace unas horas ni siquiera habías
imaginado conocer y mirate ahora, es como si alguien te regalara uno de esos
puzzles con piezas de un cuadro de Madrid, de la foto tuya o de unos ponnies o
de las Cataratas del Niagara y se supone que ha que encajar pero... no.

Retroceder

Retroceder

Retrocedimos. Volvimos a la mejor etapa de la vida. Quizá no la mejor, no, porque no tienes suficiente memoria, porque todo o casi todo son lapsus, y no te acuerdas de lo mucho que sonrieron al verte nacer, y de la felicidad que reina a tu alrededor cuando mides menos de 50 cm.

Elegimos ser bebés. Por 2ª vez. Y por fin un disfraz en mis manos. Una noche muy feliz. Lo fue, sin dudas.

Gracias

Gracias

No se me ocurre otra clase de título. Quizá este no sea el mejor, ni el más original, ni el que más te mereces; quizá esté algo cansada y el día de hoy me haya influido para que me cueste dibujarme una sonrisa. (que siempre es así, siempre me cuesta), pero sé que volviendo a casa estaré mejor, no sólo porque las clases hayan llegado a su fin, sino porque vuelves a ser mi vecina, por poco tiempo, muy poco, pero una vez oí que es mejor valorar los pequeños instantes que se viven en la vida, porque esos instantes son los sinónimos de la felicidad que siempre queremos tener, y ahí la tenemos.

No se me ocurren más palabras, ahora mismo, para decirte que tanto en este momento de la fotografia, como en otros más (captados o no captados por nuestros fotografos...) he sido muy feliz en tu compañia, contigo, a tu lado, junto a ti. No se me ocurren más palabras para decirte que sé que si te marchas se me encoge un poco el corazón y ya no sé recomponerlo. He aprendido, por segunda vez en la vida, a luchar contra la distancia, y es muy difícil, y me creo fuerte demasiado pronto, y pronto caigo, y me doy cuenta que la espera siempre se hace larga, y que nos pasamos toda la vida dependiendo, sin embargo, dependiendo de alguien como tu... no me importa.

Esta noche te veo. Vamos a tomar el último helado del invierno...¿vaaaale? :)

 Foto: compartiendo nuestra locura y nuestras risas en fiestas.

 

T´estimo tot i més del que et pugues imaginar,

t´estimo més que d´ací al punt més llunyà del planeta,

t´estimo perquè m´escoltes i en cada silenci saps el que pense, el que vull dir

i a la millor no dic.

T´estimo perquè sempre, d´alguna o d´una altra manera, estàs,

i m´ho fas saber.

T´estimo perquè ets tu, i tot això me resulta suficient.

T´estimo perquè sé que per sempre serà així.

 

 

De haberlo sabido

 

De haberlo sabido no hubiera dado un solo paso. De haberlo sabido al menos una de las partes de un todo, hubiera ideado otros caminos y aparcado la mierda de sueños que tuve y creí. De haberlo sabido no me hubiera llamado tonta, y no hubiera dado todo. De haberlo sabido, aún mantendría parte de la vida que siempre quise para mí. De haberlo sabido tendría aquellas cosas que me hacían siempre falta. De haberlo sabido, hubiera quitado muchos días al calendario, y hubiera regalado menos sonrisas. De haberlo sabido, me sentiría feliz, sin pesadillas, sin cosas todavía, por borrar. Sin rencor ni sentimientos de pena. De haberlo sabido no hubiera gastado mi tiempo. De haberlo sabido hubiera planeado otra vida que sí mereciera la pena.

 

De haberlo sabido no habría sido tan cobarde y me habría ahorrado lágrimas y capítulos envueltos de traición De haberlo sabido sería yo, sólo yo, completamente yo. Sin complementos, sin añadidos ajenos. De haberlo sabido no estaría aquí sentada escribiendo estas líneas que tanto me cuesta escribir. De haberlo sabido no estaría desconfiando de todo el mundo ni renegando de cualquier tipo de amor.

Ella

Ella se va a marchar a Galicia, o quizá a su Madrid natal. Es la enfermedad, el desamor y el dolor quienes la están matando. Y lo más triste es que ella le dice en voz alta al viento que no quiere morirse. No roza los 20 años y se está quedando sin nada. Quiere alejarse de su hogar, de las calles que con tanta alegría pisó en sus últimas navidades, sus últimas fiestas, sus días felices. Acudió al médico el lunes pasado, y por última vez. No quiere volver. No para recibir más morfina o más compasión de alguien que habla mucho de enfermedades pero nunca ha sufrido una, siquiera, similar. Le acompaña a su madre, la única persona que ha estado escuchándole en todo momento. Y recuerda que nunca las cosas fueron tan mal.

Y le cuesta no acordarse de cada hueco de su cuarto que dejará vacío y echará de menos al no volverlo a ocupar dentro de un mes. Sus pulmones cada vez funcionan peor, y ella, aunque lo niega, y se resiste, no puede más. Le duele el 90% de su cuerpo. Y sueña todas las noches con una nueva vida, con una vida mejor. Sueña que ningún tipo de virus cancerígeno se instala en su organismo. Sueña que vuelve a enamorarse y que ese amor no le hace daño. Sueña con la vida que le hubiera gustado vivir si hubiera tenido tiempo suficiente.  

Todavía está en su mano ir a Madrid o a Galicia. Su madre le conoce bastante bien. Irá  a Galicia. Todavía no conoce ese lugar, y seguramente no quiera morir sin conocerlo. Le quedan poco más de 30 días para hacerlo. Ella está terminando de hacer la maleta que tiene tumbada sobre la cama. Le cuesta no pensar en nada.

Y su madre, detrás de esa puerta entornada, no puede parar de llorar.

Planes

Descubrió una lista de cosas que había escrito hacía un tiempo, cosas que quería hacer. Sintió una mezcla de sentimientos ambiguos: liberación, pena, melancolía... Quizá por volver a recordar, o por darse cuenta de aquello que ya había cumplido con éxito.  Leyó su lista:

1.       No volver a morderme las uñas

2. Acostarme más pronto

3.       Leer dos periódicos distintos cada mañana

4.       Ir al cine todos los domingos

5.       Comer chocolate los jueves por la noche

6.       Comprarme cinco libros cada tres meses

7.       Recibir un masaje de espalda todos los 9 de cada mes

8.       Autorregalarme cualquier cosa todos los martes

9.       Emborracharme con mis amigos de manera regular1

0.   Olvidar penas

11.   Crear nuevos momentos

12.   Conocer más gente que merezca la pena

13.   No volver a enamorarme 

La lista se acababa aquí, ella comenzó a tachar, borrar... y escribió de nuevo en un folio blanco lo que aún le quedaba por hacer. Su vida, podía seguir igual, o podía empezar a marcar un antes y un después.A decir verdad, cumplió la mitad de las cosas de dicha lista; pero la más importante le quedaba pendiente.Le quedaba pendiente, pero le quedaba también mucho tiempo para demostrarse a sí misma que podía cumplir sus propias promesas. 

Se acostó, con un libro entre las manos, que estaba a punto de acabar. No le dolía la espalda. Comió una onza de chocolate, y se durmió

Temblor

Dormía todas las noches con el cuerpo tieso, inmóvil. En silencio, siempre en silencio. Por temor. A causa de dicho temor: temblores. Odiaba sus temblores, pero más le odiaba a él. Él le hacía temer, y ella no paraba de dar vueltas a la cabeza. Sabía que queria irse, escaparse, o que, por el contrario, lo hiciera él. Pero él era tan cobarde que nunca se atrevía a irse. Ella lloraba la mayoría de las noches en la habitación de al lado, con su particular miedo que no le abandonaba ni aun cuando las cosas iban bien. Trataba de no hacer ningún ruido, pues ya se encargaba él de hacer temblar, tmbién al suelo de la casa con sus golpes, sus gritos, sus pisadas, sus patadas: su ira. Era un hombre agresivo, insensible, frío y calculador. Su mayor expectativa era hacerle daño, hacerle pequeña, hacerle insignificante. Ella ya no podía hacer el amor con él, solamente se abría de piernas para complacerle y dedicarle 15 minutos de besos vacíos, no pasionales, fríos, como él.

Ella estaba llena de dolor y de miedo. Era su vida ola de él. Él siempre le estuvo amenazando, siempre se acercaba con ganas de producir dolor y más dolor. Ella nunca contemplo donde podia estar el fin. Quiso desaparecer, despues prefirio que lo hiciera él. Pues tenía una niña a su cargo, y era su mayor tesoro. Él siguio haciendo daño, con el paso de los años, a las dos.

Y más temblores. La casa llena de temblores. Los armarios rotos, los cristales rotos, las fotografias rotas, los telefonos, jarrones y cuadros rotos...todo roto, y su corazon, tambien, el de ella y el de su pequeña, su tesoro.

Habia roto todo lo que la mujer valiente habia construido. Si, seguia siendo valiente, pero tambien dolida. El dolor no  logro abandonarle.

Siguieron los temblores, los miedos.... y nunca cesaron.