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Olvidar(se)

Olvidar(se)

...no es que sea el alcohol la mejor medicina, pero ayuda a olvidar, cuando no ves la salida...

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La verdad

En realidad pienso que nunca me has querido, o no lo suficiente. Ahora estarás poniendote las manos a la cabeza, o la palabra "loca" estara parpadeando en tu mente, en tu cabeza, como esos típicos rótulos grandes, gigantescos de Las Vegas. Pero, es la verdad. No me quisiste lo suficiente como para ilusionarme, al menos eso era lo que tu querias hacer, ilusionarme. Has aprendido tarde, a lo mejor. No sé... Sólo sé que si pudiera dar un paso atrás, cambiaría casi todo lo que he hecho en mi vida. He podido aprender de muchas cosas, pero lo miro de frente y de cerca, y nada, no puedo sonreir ampliamente. Ahora escucho, sé y oigo cosas que me hacen sentir que nada valio la pena, que nunca nada fue suficiente. Y yo quería sonreir, y pensar que valia la pena, todas aquellas cosas que yo hacia y a la vez, esperaba que vinieran de tu parte. ¿Donde fue lo mas lejos que llegamos? Dimelo tu...

Me hecho a reir por no hacer otra cosa. Por no decirte que es demasiado vacio, y vacio tambien en el pasado. Que poco me dice ya... o poco se refleja tu nombre alrededor de los recuerdos en los que formaste parte. Pero ya no. Las cosas han cambiado. Puedes llamarme loca, pero creo que no me hiciste sentir demasiado especial. Es una pena, pero es así. Seguro que si lo piensas detenidamente, durante varios minutos, llegarás a la misma conclusión. Pero ni quieres ni te voy a hacer pensar. Yo también me he ido. Era la mejor opción. No vas a tener que preocuparte por si dejo huellas en el camino o si alguna de mis flechas se cruzan con las tuyas. No, ya no.  Y nunca más.

Hora de decir adios

Me resulta facil no mirarte a los ojos, ni a las manos, a ti, en general, y me asusta, pero lo he admitido. En estos dias se ha escapado todo el cariño que habia en mi por ti, no he podido controlarlo, ha sido como uno de esos coladores que la gente suele comprar para evitar asi tomarse el cafe con la nata que queda de la leche demasiado caliente. Pues asi ha sido... un colador en mi vida, mi cariño, hacia ti...perdido...quiza para siempre.

Ahora te miro y no veo a ese chico que antes si veia, al chico que me hacia sonreir con una palabra, el chico que se preocupaba por mis dias, por mi estado, por todo. Han faltado muchas palabras, y han sobrado muchos actos que me han ido haciendo daño cada mañana y cada noche, no he podido parar la herida, la sangre ha ido corriendo, derramando dolor que no podré olvidar. Nunca pensé que esto podría pasar, no, eso no lo piensas cuando llevas muchos años compartiendo con alguien demasiadas cosas, cosas que no se deben olvidar facilmente, pero que si se puede, es decir, se pueden despreciar recuerdos cuando comienzas a pensar que ya no te sirven de nada. Porque si, me pueden unir contigo, pero yo no puedo vivir del pasado, ya lo he hecho durante mucho tiempo, y no, ya no, no me veo con ese deseo en mis dedos. Lo que quiero es sonreir, y tu has perdido la capacidad de provocarme sonrisas, te has llevado muchas, y tambien las has ido perdiendo, porque dejaron de decirte cosas.

Podria haber sido todo diferente, es decir, mas y mejores palabras entre los dos, miradas mas sanas, algun abrazo, aunque sin demasiado entusiasmo, pero igual me hubieras sanado. Y has llegado tarde, y en realidad, sabes que? no has abierto del todo los ojos, y a lo mejor ni siquiera soy importante para ti y todavia lo ignoras, pero yo no voy a quedarme esperanod en esta silla, para verte llegar. Tampoco puedo decirte que dentro de un tiempo, meses, años... me encontraras. Necesito mi tiempo, mi espacio, mis cosas, y entre todas ellas, ahora tu no puedes estar. Nunca pense en esto, en que tu, la persona mas sensata, comprensiva y generosa, pudiera provocarme tanto daño. El dolor nunca ha reinado entre los dos durante mucho tiempo y ahora todo eso ha cambiado y no puedo aceptarte ahora, no puedo porque me hago daño, y no quiero hundirme. Porque tu no vas a venir a sacarme de aquí.

Te has desentendido y has gastado tu tiempo en ser feliz, lo sabes hacer, y me alegro, porque no es nada fácil. Ya casi no podemos hablarnos, porque en realidad es como si fueras un desconocido para mi. No quiero contarte mis cosas porque creo que tampoco va a servir de mucho. Tu no vas a escucharme siempre, y yo no voy a pararme tampoco. Es una manera de decir adios, supongo, a muchas cosas. Atrás cosas que tu mente ha ido borrando, pero todavia no te has dado cuenta.

Quedate con lo que quieras, y pideme recuerdos, si quieres, porque te los regalo. Creo que deshacerme de ellos es lo mejor que ahora puedo hacer, mas que nada, por cultivar mi sonrisa, y enseñarla a personas que sepan apreciarla, y mirarme a las pupilas con el ruego de: "Laura, por ti, ya, joder, sé feliz, que te toca". No sé...no has sabido leer en mis labios ni tampoco en mis ojos y no puedo culparte por ello porque entre nosotros no queda nada, y si queda, yo no puedo verlo, o peor, no quiero verlo. Quisiera poder decir lo contrario, pero has oido alguna vez que solo basta un momento para estropearlo todo? Asi ha sido... y me da lastima, y en parte, rabia, y no puedo solucionarlo, porque gaste fuerzas en pensar qué podia hacer para recuperar parte de la alegria que ciertos dias me dejaron sobre mis brazos.

Y si me ves, no pienses que soy la de ayer, ni la que conociste cierto dia de otoño. No, ya no. Soy diferente. Y si, supongo que esto es parte del adios que nunca nos hemos dicho. Aquí queda. Ahora solo te queda que te despidas de esta persona que ya no volvera a ser la misma. Que ya no volverá esa parte que conociste. Si, di adios.

Deseos

...Nunca es tarde para pedir un deseo...

Increíble, pero cierto

Resulta que hace tiempo que no encontraba egocentrismo en nadie, ni mucho menos en personas que me rodearan, y supieran a cada momento qué sentía y por qué lo sentía. Del modo en que lo sentía y a consecuencia de qué. Resulta que las personas confunden las cosas, y se vuelven ciegos, y dejan de ser las personas naturales que eran. Y todo son añadidos, etiquetas, cosas que no se adecuan con la personalidad que un día les definía. Una buena personalidad, por cierto. No del todo correcta ni perfecta, pero sí buena. Una personalidad que te incitaba a ser feliz, y a pensar que le importabas a la gente.

Resulta que hacía tiempo que no veía tanto narcisismo comprimido en un solo cuerpo, y siento pena, por ello, y en parte desilusion. Nunca piensas que las personas pueden cambiar en 24 horas, ni que tu dejas de ser algo, a ser nada. Y que personas lo dan todo por perdido (contigo), simplemente por dejar de luchar y no querer esforzarse en recuperar algo, que, después de un tiempo, te hará falta tener a un lado. Pero despues de un tiempo sera tarde, porque habran pasado muchos meses, tal vez algunos años, y ...he llegado a la conclusion de que nadie esta por encima de otro. Que ni mucho menos aquellos que se creen mejores y mayores, pueden estar por encima de mí. Y no, no porque me hundo, y si me hundo es de nuevo volver a empezar, y prefiero empezar de cero por una buena causa, por algo que merezca la pena, y he llegado a una segunda conclusion, y es que lo que pienso ahora es que eso, precisamente eso, nomerece la pena, ni tampoco la persona que no se preocupa siquiera si esto es lo que merezco, o lo que imagine que pasaria alguna vez.

Resulta que hay personas que se equivocan mucho y facilmente, y que facilmente, tambien, provocan que los demas dejemos de confair, y sobre todo, en querer dejar de confiar. Es un sentimiento de: "no, no me vales la pena, no eres lo que creia que eres", y, un : "no tienes ni puta idea de quien soy", y resulta que la gente deja de conocerte, pasa una semana, y dejan de decirte ¿que tal estas?, pasa otra...y un "hola" en bajito es tu desayuno, y despues...despues las miradas solo cargan con indiferencia y algo de pasotismo que revienta las arterias de quien sigue viviendo con los pies en la tierra y la realidad en puñaditos sobre las manos abiertas. Resulta que dejo de querer, y a pasos agigantados, y no se si esto ya me da pena, porque cuando alguien te demuestra todo eso que nunca quisiste para ti, comienzas a dudar si esa persona fue realmente la que estuvo cerca tuyo, y empieza a tambalearse todo, pero entonces, pongo esta cancion, y me siento mas viva. Porque, al fin y al cabo, tengo que vivir. Y sonreir, ¿por que no? Nadie va a venir a decirme que lo haga.

Resulta que, por esta vez, llevo razon, y me quiero sentir fuerte.

Hoy, y siempre.

Pronto

Me he preguntado últimamente por qué la gente se enamora tan pronto... es decir, ¿en cuestión de 2 días puedes enamorarte? Me hago esta pregunta porque durante un par de meses han pasado por delante mis ojos varias personas que en apenas una semana, por ejemplo, han realizado un cambio en su vida, un cambio que implica otra persona, otros sentimientos, y otro tipo de vida. Esto genera felicidad en la propia persona que lo vive, pero también un mar de dudas en aquellos que lo ven todo desde fuera. De repente ves que personas que hasta hace poco te miraban, te deseaban y te proponían algo decente, pero bajo unas sábanas blancas;... eligen otro camino, toman otro rumbo y se presentan con otra persona, que, sin saber cómo ni por qué ni cuándo, empezaron a desear y querer.

Yo creo que el amor es una cosa más complicad que todo esto, y me alegro que la gente lo vea más sencillo, pero el amor implica muchas más cosas, no me vale que de repente alguien se interese por otra persona porque le ha conocido un poquito más a fondo, y eso le basta. Para mí el amor es otra cosa, y claro, tampoco podía esperar que personas de las que yo también espraba otra cosa, lo vieran con otros ojos, parecidos a los míos, y afirmaran, que, el amor, también es diferente, vamos, cualquier cosa menos fácil. Porque el amor va más allá, va más allá de una simple mirada, una simple cita o una imperiosa necesidad de sentirse satisfecho partiendo de la base de cualquier necesidad. Supongo que para mí el amor significa mucho más, y no una conversación, una dependencia no curada y unas ganas de sentirse atado a algo o a alguien. Eso no es amor, eso es otra cosa, y lo sé porque he vivido lo suficiente en el amor como para saber qué es amor y qué no es.

No logro comprender por qué la gente admite que quiere sin querer, o se monta un espectáculo, una vida que está compuesta de un 67% de mentiras. Pero, claro, los ojos ciegos no pueden verlo. Y tu tampoco puedes acercarte a regalar un consejo, porque nunca se lo tomarían como algo así, supongo que se lo tomarían como una ofensa. Yo creo que el amor es complicado, y bastante sincero cuando es de verdad. El amor no comprende de cambios en 24 horas, de un cambio repentino de unos ojos por otros ojos, de una boca por otra boca...simplemente porque una esté dispuesta a besar, y la otra quiera esperar. No sé... demasiadas dudas inútiles que me hacen pensar en muchas personas que tratan de vivir de esta manera, porque piensas que merece la pena, pero, en realidad, y bajo mi humilde punto de vista, no vale la pena.

El amor es mucho más. Muchísimo más. Lo he experimentado y cierto es, que para mí, el amor no es dar un paso y obligarte a querer a alguien. El amor debería  nacer ya con un pozo de cariño preestablecido. La gente quiere demasiado pronto, y eso, a veces, es meter la pata sin darse cuenta. No sé... Quizá no me sepa expresar bien, ni sepa decir ahora lo que pienso ypor qué lo pienso, pero sería todo mucho más sincello si la gente fuera justa consigo misma, y se quitara la venda de los ojos por momentos, para verlo todo con mucha más claridez. Pero me cansé. Y cuando una se cansa de esta manera, deja de mirar atrás, deja de preguntarse por qué, comienza a olvidarse de la decepción, y empieza a vivir.

 

Útiles

Podría haber sido más seria con todo esto, pero también podría haber sido menos sincera, y no haber pensado que quería enamorarme de ti. No quería una oportunidad, simplemente quería quererte, saber qué podía sentir, hasta donde podía llegar por ti. Podría haberme plantado delante de ti y haber sido más cabezota. Podría haber sido todo de otra forma. Podrías haber cerrado la puerta, pero dejándome a mí dentro, o podría haberme deshecho de mis principios durante ocho horas, pero no lo hice, y, a estas alturas, desconozco si me equivoqué, o no. Lo que sí sé, de lo que estoy segura, es que todos tenemos cosas para dar a los demás, pero a veces damos tres pasos atrás, y no volvemos. Llegamos tarde, y nos cansamos a la primera de cambio. Podría haber descolgado el teléfono y decirte que sí, podría haber cambiado algo, o no, muy poco. No tenía tanto poder, como para que, después de unas horas, supieras qué es lo que yo sentía. Y tirar mis pensamientos de medianoche por la borda, no, no me apetecía. Prefiero quedarme con ellos, y con mis errores, y con mis ideas, y con mi forma de ser, porque, al fin y al cabo, gracias a todo eso, soy como soy, y puedo aguantarme, que no es poco. Podría haberte dado mis letras, o haberme tragado las verdades. Podría haber oido menos, y visto, también, menos. Podría haber ignorado, pero ahora ya no tengo más dudas. O, al menos, no quiero tenerlas. Te las regalo, por si a ti te sirven.

Hace falta vivir (y equivocarse)

Sé que no es fácil que alguien consiga que me enamore. Sé que no es fácil, al menos, hoy por hoy, porque necesito más que palabras, y más que hechos. Necesito más que demostraciones y más que tiempo. Necesito miradas, necesito que me estrechen la mano sin yo pedirlo, que me tapen a tiempo cuando aparento tener frío, que se queden hasta tarde para hablarme y sonreírme al mismo tiempo, que me sorprendan a la salida del trabajo, que me regalen una estupidez que para mí puede resultar una grandeza el día menos esperado, un día cualquiera, un día en el que no cumpla años, o no sea mi santo, o no sea navidad. Un día cualquiera. Sé que no es fácil que un día de éstos alguien consiga que me enamore. No es fácil porque no resumo todo al tópico del 50% amor y 50% sexo. Supongo que dentro de ese 100%, hay cabida para mucho más. No sólo placer, pasión, verdades y complicidad. Supongo que la ilusión, la confianza y la necesidad deben tomar un gran papel en todo esto. Supongo que todavía hay mucho más. Y supongo también que aún sigo esperando ese mucho más...y no llega. Pero no me quiero lamentar por ello. No es fácil que una mañana cualquiera venga alguien a decirte que eres lo más bonito que ha visto en lo que lleva de día, o que te alivie un mal día llevándote por sorpresa al cine, o te haya hecho un pequeño pastel de queso y te lo haya dejado en el frigorífico con un post-it en el que hay escrito “Lo hice pensando en lo dulce que resulta tu sonrisa cuando me miras”. Todo esto es muy difícil, pero quizá no imposible, y sólo por ese motivo, hace falta vivir. Y decepcionarse, e intentar, y reintentar, y renovarse, y cambiar, y seguir soñando, y seguir viviendo la realidad de cada día, esperando que cualquier día puede ser el día. Esperando que tal vez, sin avisar, y de la manera más inesperada y más tonta, aparezca la persona que pueda hacerme feliz, feliz como nunca. Y por esta razón, no hay que cerrar los ojos.

Nunca, nunca, nunca.

Mi mente

La mitad de mi mente me dice que todavía recuerdas quien soy, que te acuerdas de mi nombre y del primer momento en que nos vimos. Esa misma mitad me cuenta que sabes perfectamente qué día es mi cumpleaños, el último día en que nos miramos a los ojos y la infinidad de veces que te dije “te quiero”. Esa mitad me dice que de sobra sabes cómo soy, sabes cómo pienso y cómo actúo. Cuáles son mis metas, mis sueños y mis mayores miedos. La otra mitad de mi mente me dice que nunca me has querido, que quisiste inventar una historia llena de mentiras fáciles, dolor y vacío. Esta última mitad me cuenta que en realidad nunca sentiste nada, ni aprecio, ni afecto, ni admiración. Me dice que sólo perseguiste mi dolor, mi resignación, mi limitada alegría, y de nuevo, más dolor. Me dice que lo controlabas todo, y que te producía diversión y entretenimiento tener ese tipo de vida. Me dice que te hacía sentir grande, poderoso y mejor. Pero, ahora es cuando debería decirte yo, y no cualquiera de las dos mitades que componen mi mente, que en lugar de ser mejor persona, te convertiste en la peor persona que hasta ahora he llegado a conocer. Generas todo tipo de sensaciones, pero todas ingratas, y por ello prefiero no sentir nada. Seguro que alguna vez, alguna noche, habrás pasado minutos y minutos pensando en por qué no rebobinaste y cambiaste un poco las cosas, al menos, lo suficiente como para reparar parte del daño que ya habías causado en una de las personas que había aprendido a quererte tanto en tan poco tiempo, a darte y prometerte tanto, sin pedirte nada a cambio. Sin pedirte absolutamente nada a cambio. Digo seguro... pero si no se te ha pasado por la cabeza la imagen de mis ojos llorando, mi vida, o cualquier recuerdo ya inútil que creamos los dos... es que dentro de ti no hay corazón, y que tu piel no es piel, y simplemente es algo que cubre tus músculos y tus huesos. Me cuesta imaginar que tú hayas imaginado mi vida, la de ahora, y que pienses en algún momento de la tuya, por qué tuviste que hacer lo que hiciste. Me cuesta imaginar que en algún momento te has llegado a arrepentir... pero lo más importante es lo que yo pienso y siento, lo que llevo creyendo durante tanto tiempo. Y creo que si tuviera el poder de dar marcha atrás y cambiar las cosas, lo haría, sin duda. Nada como la experiencia y el error para aprender cosas nuevas, pero nada como errores que te obligan a ser infeliz durante un tiempo que resulta ser valioso para ti, pero no logras darte cuenta, y lo inviertes en martirizarte, en devaluarte por completo, y en dejar de querer. Y querer es muy bonito. Mucho. Supongo, que, como oí hace poco, es más bonito querer que que te quieran, y tal vez sea así. Pero te aseguro que en todo este tiempo, lo que más falta me hacía es que viniera alguien ante mí y me quisiera. Tampoco me han quedado fuerzas para querer a los demás con locura, demás, que son las personas que saben si soy feliz, o no lo soy y que, se preocupan cada día porque sí lo sea.

Resulta que ahora ya ha pasado mucho tiempo, y no me preocupa cómo andará tu vida. Yo nunca te he preocupado, por lo tanto, todo está bien. Además, aunque algo andara mal, el mundo ya está bastante jodido como para que yo me obligue a decirle a alguien que sufro por algo que me impide caminar hacia delante. Por suerte, tengo dos pies que se han vuelto menos revoltosos, perezosos y desobedientes, y actúan al compás de mis brazos, y con parte de alegría que le presta la comisura de mi boca. Y en los días bonitos, camino de manera más alegre, y me vuelvo más feliz. Y sonrío, y todo es distinto. Porque me doy cuenta, que por fin has desaparecido.

Me dices y te digo

Me dices que no sea tonta, me dices que no llore, me dices que no me ponga triste, me dices que no abandone mis sueños, y que siga adelante. Me ves tambalear, pero sólo me regalas tu voz. Sabes que tengo miedo, sabes que no puedo ilusionarme con nada porque cada día me inundan más y más temores que no puedo controlar. Presiento que no vas a quedarte para enseñarme a controlarlos. Para poder empezar a decir “no” y controlar también, y de paso, mi vida. Sé que no vas a quedarte porque tú no quieres esto. Tú no quieres gastar esfuerzo y tiempo en algo que resulta nada más que un atajo. O eso me has hecho pensar. Sé que tú quieres una vida fácil, una vida prevista, una vida con planes anteriormente establecidos. Tú quieres unas pautas marcadas, unos sueños fijos que perseguir, unas palabras a tiempo, y adecuadas según tu gusto, tú quieres algo perfecto. Pero perfecto no hay nada. Y fácil, tampoco. Aún así, prefieres quedarte con la sencillez de la vida que puedes elegir si te quedas con todo lo demás, con todo eso que ya conoces, y que, seguramente volverá a hacerte feliz. ¿cuánto tiempo? No lo sé. Tampoco tú lo sabes. Tal vez te obligues a ti mismo a ser feliz con algo que no te gusta, pero eso depende sólo de ti. Sólo tú sabes todo lo que puedo darte, todo el amor que hay en mí, todas las palabras que todavía se han quedado aquí. Sólo tú sabes cómo nace el amor en mí, como progresa y hasta donde me hace llegar. Sólo tú decides entre una vida sin emociones, o una vida que merezca la pena, que tenga el mérito vivirla, porque así tendrás algo que contar cuando seas mayor. Me dices que no sea tonta, y que no llore, que no me lo tome a mal. Y yo sólo puedo decirte en voz baja, y antes de colgar, que nunca nadie me había hecho saltar de un tren estando éste en marcha. Y eso, dependiendo del lugar, de la etapa que una vive, no puede perdonarse nunca. Ni olvidarse.

Me dijiste que no fuera tonta, y yo te digo que no vuelvas más.

Podías haber sido tú

Me quedo con ganas de decirte que ojalá hubiera podido verte con otros ojos, que ojalá hubieras sido distinto, que ojalá me hubieras mentido, que ojalá hubieras actuado de otra forma, y no hubieras caminado tan delante de mí. O tan detrás. Que ojalá hubiéramos ido al mismo compás, y que ojalá hubieras sabido leer en mi boca sellada, y escuchar en mis ojos. Todo lo que quería decirte.

Me quedo con ganas de decirte que te he soñado, y que has aparecido antes y después. Antes de saber quien eras, y después de pensar que quizá no eres tú. Y es que el tiempo me dijo que tal vez podías ser tú, que podías servir a mi corazón, y a mi interior, y a mis manos. Y es que siempre el tiempo se equivoca conmigo. Siempre me pone a prueba, y siempre es la misma. Pero siempre caigo. Soy como esos ratoncitos de los dibujos animados, que saben que probar durante un segundo esa porción de queso les va a matar, y aún así, prefieren morir. Pues, bueno, más o menos, y aunque en cierto modo yo no lo prefiera, me quedo con el dolor y la decepción, mientras durante un segundo imagino cómo hubiera sido todo contigo, si me hubieras mirado a los ojos y me hubieras dicho que querías disfrutar de la vida, pero no cómo tú querías. Tenemos diferentes modos de concebirla, y de vivirla, claro. Tú prefieres saborear la miel en bocas que digan “te quieros” donde detrás no hay un sentimiento que se mantenga quieto y estable en el último de esos escalones que hay que subir juntos y al mismo tiempo para que todo pueda salir bien. Yo prefiero escuchar un “te quiero” que se asiente en la verdad y en las ganas de que esa voz siga repitiéndose, viéndose acompañada de una caricia cálida y un abrazo de noche. Por esto, y por mucho más, estoy segura, somos diferentes. Pero tampoco el tiempo me muestra cómo es cada uno hasta que no pasan unos días, sólo unos pocos me sirven, para saber qué hay detrás de cada persona. Sin embargo, no fue culpa tuya, fue mi error, mi gran error el pensar durante un par de meses que eras esa persona que yo quiero encontrar, y que no está por ningún lugar de esta ciudad. Te otorgué muchos valores, muchas palabras que quería escuchar de tu boca. Te otorgué una manera de vivir similar a la mía. Y no, no quiero a alguien como yo, no quiero a alguien que piense, actúe y viva igual que yo, pero sí quiero a alguien que me haga sentir especial, única de entre todas las demás. Alguien por quien la otra persona vive. Uno de los primeros motivos en su lista por los que se levanta y se viste rápido para salir a encontrarme. Uno de los primordiales alicientes por los que la otra persona ni se plantea el hecho de tener miedo a la vida. Una de las cosas más preciadas que la otra persona se niega a perder, por nada del mundo.

Me quedo con ganas de decirte, que con diferentes matices, podrías haber resultado perfecto, y te hubiera comido en la distancia, a unos pocos metros, el uno del otro. Y a lo mejor no te hubieras dado cuenta, pero lo habría hecho. O tal vez ya lo he hecho, pero tampoco has sido capaz de verlo. Me quedo con todo el tiempo del mundo para pensar por qué no has tenido que ser tú, pero intento que no me preocupe. Porque quiero creer que tienes muchas cosas buenas en ti que sí pueden hacer feliz a otra persona.

Me quedo para decirte que en realidad no me arrepiento de haberte pensado como te pensé, ni de haberte besado. Tal vez fueron los más cortos pero más intensos minutos que he vivido en estos últimos meses. Y sólo por eso, aunque para ti fuera mentira, aunque no te supiera a nada... te doy las gracias. Las gracias más sinceras que ha podido darte nadie.

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Explosion

Una explosión de sentimientos. Una explosión entre guitarras, voces y miradas. Una explosión entre ganas, deseo y realidad. Una explosión entre verdades, sueños y cosas por contar. Fotografías que me relatan tu felicidad. Imágenes que recrean tu sonrisa, la más bonita de todas. Palabras que no llegaron, por temor a no ser escuchadas. Frases que llegan ahora, y que me hacen feliz. Y que te sirven como puente para decirme que estás aquí, y que quieres que te coja. Que te coja como a nadie y como nunca. Y sin soltarte una décima de segundo. Una explosión de sensaciones que aguanto con las dos de mis manos, para que no se me escape ninguna, porque si no, me muero. Y me muero sin ti. Sin tus labios, sin tu lengua, sin el brillo que desprenden tus ojos cuando se abren, y ven cualquier cosa que te hace sentir bien. Tampoco sin tus brazos que parecen infinitos, y tus manos que palian todo el posible dolor que pueda haberse quedado sobre mi cuerpo, mi pecho y mi espalda. Y sobrevivir a través de tu respiración en cada mañana, y cada noche. Y escuchar mientras tocas. Mientras cuelas tus finos dedos entre las cuerdas de esa guitarra de la que no quieres desprenderte, porque ya forma parte de ti. Y no es tu pasado. Es tu futuro. Y en tu penúltima canción aparezco yo, como, también, tu futuro. Y lloro. Pero lloro de emoción, de la felicidad que me produce haberte encontrado y que pueda tenerte como te tengo. Una explosión de lágrimas y sonrisas contenidas. De risas que oyes lejanas entre el ruido de tanta gente. Una explosión de tiempo vivido al máximo, de cosas que he escrito en esta libreta para contártelas cuando tengamos tiempo, y puedas escucharme entre sábanas y la voz dulce que te sale en noches como éstas. Una explosión de luces entre estas paredes que me hacen sentir grande, contigo.

Laura no está

La idea de vivir

Se han perdido muchas cosas en sus caminos, que han ido entrecruzándose rápido y de manera continua. Se han hecho daño, se han hecho reír y se han amado. Pero ya no lo recuerdan con los ojos brillando, porque sus vidas cambiaron, y los caminos comenzaron a separarse, cada vez más. Se han dado mucho y a la vez se han quitado tanto. Se han mirado y se han obviado. Se han extrañado y se han encontrado. Se han sincerado y se han deseado. Se han escrito y evitado. Los caminos cada vez más lejanos. Las palabras ya no son las mismas, ni las miradas (si es que existen), ni la manera de tratarse, o de contarse qué es lo que ahora les mueve por dentro. Se han perdido mutuamente a grandes pasos. Y la carrera continúa. Calzan diferentes zapatillas, corren a distintas velocidades, y ningun radar les identifica, ninguna multa les penaliza. No existen frenos para ellos, ni guardias civiles que les hagan pararse para mirarse a la cara, y aclarar qué es lo que está pasando en sus vidas, qué es lo que les provoca alejarse y vivirse como extraños, como completos desconocidos. Se han perdido el uno sin el otro, y en el fondo, están tomando distancias que les ayudará.

Se han ido perdiendo lágrimas y sonrisas en alguna esquina de algún cine al que acudieron sonriendo la última vez. Se han ido separando y alejando mientras trazan diferentes planes. No coinciden en nada, ahora, más que en la idea de vivir. Pero ya no hay más que les una de manera directa y profunda. No comparten objetivos. Él quiere desear y seguir rozando la felicidad con la palma de las manos; ella mientras sigue huyendo de cosas que ya no quiere a su lado. Y a lo mejor sin mirarse ya no se hacen daño. A lo mejor, sin soñarse, dejan de pensarse.

Incomprensión

Se siente incomprendida, y no puede gritarle nada a nadie. Se siente incomprendida y no sabe si salir, si saltar, si viajar, si escapar. Sueña cada tarde con marcharse lejos, con conocer otros lugares, con pisar otros suelos. Y quizá soñarlo no le baste. Se siente hundida porque nadie se molesta en comprenderle, y tampoco nadie le tiende la mano que, tal vez, podría salvarle. Se siente incomprendida y cansada de estar siempre hablando de lo mismo. Su madre le mira con ojos de pena, y a ella se le saltan las lágrimas mientras alisa su cabello delante del espejo al que no quiere mirarse. Sabe que nadie merece su llanto, sabe que ni la incomprensión de aquellos que no se esfuerzan en preguntarse por qué siente lo que siente, merece que ella llore. Y se pregunta si todo esto, es vida. Se pregunta si existe alguna manera de cambiar todo esto. Pero sólo llega a una conclusión,  y es que quiere vivir. Quiere hacer algo y sentirse orgullosa, y ante todo, contenta. Tampoco exige felicidad, porque sabe que para llegar a ella, hay que caminar demasiado. Y también está cansada como para caminar tanto.

Se sincera entre lágrimas y palabras llenas de sabor a verdad. Comienza a echar de menos, comienza a desechar recuerdos que ya no le valen, comienza a mirar hacia delante, y deja de mirar atrás. Se siente incomprendida y tampoco puede cambiar esto. Se siente impotente porque nadie comprende su manera de hacer las cosas, y cada día se levanta con la intención de hacerlo todo lo más correctamente posible. Piensa en los demás, y deja de pensar en ella, y hasta eso nadie lo logra comprender. Es como si todo el mundo tuviera un antifaz sobre los ojos y no pudiera ver nada. Ella camina y sabe que lo está haciendo bien, sabe que le falta oxígeno, sí, sabe que le falta aire, alegría y vida, pero intenta que esta situación no le supere. Se siente incomprendida, y sabe que no puede perdonar. Tiempo atrás hubiera preferido la indiferencia, pero ahora sólo quería un poco de respeto, de entendimiento y empatía. Y no llega. Y ella ya no sigue esperando delante de la puerta. ni al lado del teléfono, ni con la boca abierta. Ella comienza a vivir por y para ella, porque sabe que nadie vendrá a salvarle. Nadie vendrá a escucharle y a decirle que no sienta lo que siente, que eso le oprime y le hace un daño enorme. Ella se escucha a sí misma e intenta cambiar la temática de la conversación con su madre, que se preocupa y no deja de decirle que no le gusta verle llorar.

Las lágrimas mueren en la punta del mentón, y ella sale a la calle con una nueva sonrisa puesta. Hace sol, y a duras penas, puede sonreír.

The nothing

Barcelona

Barcelona

Un modo más para sentirse bien

Y sientes que no puedes más, sientes un dolor en el fondo de ti misma encadenado a tus manos que no pueden seguir tirando de ningún otro recuerdo. Sientes que el cielo cobra otro color, que el sol ya no es amarillo y que tus ojos dejaron de hablar. Sientes que la vida es más larga, que tus días están vacíos y que no hay nada que sea urgente. Tienes la agenda vacía de cosas que te hubiera gustado hacer mucho antes. Y tienes la mente llena de todos esos pensamientos que revelan las cosas que te hubiera gustado que alguien te hubiera plantado delante de ti, y que te hubiera incitado a hacerlos realidad a su lado. Piensas que sobró tiempo y faltaron cosas, viajes, sorpresas y más cosas que para ti eran básicas, pero nunca llegaron. Te sorprendes viéndote tan feliz en esa fotografía que está intacta en el corcho que compraste para acumular buenos recuerdos. Ahora, lo miras a una distancia de metro y medio y ves que, como mínimo, la mitad de esos recuerdos han perdido mucha fuerza, y comienzas a quitar unas fotos para poner otras que a lo mejor tampoco dicen mucho, pero te sientes más agusto. Y que no te hacen pensar demasiado ni estar triste. Quitas unas cosas para guardarlas en alguna caja de la que, despues, no te vas a acordar. Y lo sabes. Sabes que no te vas a acordar, sabes que eres despistada y que se te olvidará mirar en esa caja. Y algun dia, tal vez, quieras recuperar esas fotos y volver a mirarlas, sostenerlas sin que las manos tiemblen y los dedos bailen unos con otros. Pero, por el momento, no quieres esos ojos, o esa boca o esos momentos de felicidad delante tuyo, porque ya no los sientes como tuyos. Es como si ni siquiera los hubieras vivido, de lo tan lejano que lo sientes todo. Y no te culpas porque sabes que la vida es así. Que todo funciona así. Y sigues sin mirar el reloj, porque las horas parecen interminables y aun asi, sigues esperando que venga alguien a salvarte, toque el timbre, y empiece a gastar su tiempo en preocuparse. Por ti, claro.
Pero sientes que no puedes más, y los pensamientos menos negativos se esfuman, y queda dolor, y queda oscuridad, y quedan ganas de encerrarse en el baño, de una ducha fría o un baño demasiado caliente. De sales con olor a fruta y una canción acústica cerca de tus oídos.

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Maneras, y maneras...

Tenemos diferentes maneras de enamorarnos. Tenemos diferentes maneras de mirar a alguien, y hacer sentir. Tenemos palabras y más palabras, para decir o expresar aquello que queremos que alguien, en concreto, oiga, y escuche atentamente. Puedes decir la misma frase pero con diferente entonación o expresión en los ojos, y, dependiendo también, y aparte de esto, de la situación, podemos conseguir que la otra presona interprete una u otra cosa, y así, conseguir que se enamoren de nosotros, o, por el contrario, que nos dejen. Que se marchen y nos regalen libertad. Tenemos diferentes maneras de sobrevivir. Y tenemos diferentes maneras de desear algo. Y de decir lo que sentimos, lo que pensamos, y lo que realmente queremos hacer. Y a veces decimos la verdad, pensando que pronto se convertirá en mentira, o viceversa. Y aprendemos a nadar así, con olas que vienen por sorpresa, con otras más pequeñas y leves, y otras altas y fuertes. Nos desvanecemos cuando recibimos ese golpe de ola inesperada en la cara, y nos quedamos abatidos. Creemos que no vamos a estar a la altura del mundo que está ahí afuera, y por eso preferimos quedarnos dentro del agua, navegando en compañía de algas, de pequeños peces y de la sal, que nos cura las heridas a marcha forzada. Tenemos diferentes visiones sobre la muerte, y también sobre la vida, porque la vemos de una u otra forma, según el presente. El pasado influye, y el futuro produce ciertas sensaciones que, a veces, y solo a veces, nos paralizan, pero sigue siendo el presente el que ocupa el primer puesto en la lista de factores que nos influyen directa y profundamente para valorar a la vida de manera objetiva. Pero a veces es mejor no valorar a la vida en días que sabes que no serás demasiado justa con ella, por el hecho de que siempre has sentido que no fue lo suficientemente justa contigo. Dejas pasar los segundos, que parecen minutos, y las horas, que parecen días... y te quedas inmóvil, y no caminas, y esperas o no algo o a alguien, y descansas en el lugar favorito de la casa, pensando que tenemos diferentes maneras de enamorarnos, pero no sabemos si en realidad queremos hacerlo, si queremos mirar a alguien y hacer sentir, o si tenemos que decir la verdad para que todo vaya mejor. Tal vez mañana no nos encontremos con grandes olas que nos rasguen y nos dañen superficialmente, y tal vez así siga pasando la vida...
Y aun asi, me quedo con esas olas violentas y agresivas, que me dañan en la cara y en la piel que recubre mi alma, mi corazón y mis huesos. Y prefiero que sea este tipo de dolor, a que traspase hasta el fondo de mí misma, y me deje vacía de cualquier cosa que pueda bastar para salvarme. Me quedo con esas olas y me quedo dormida. Pensando...que a lo mejor también existen muchas maneras de soñar...pero no lo sé...

Y resulta que hablo de ti

Te quedas inmóvil y me miras en silencio, respiras silenciosamente y dudas sobre la clase de palabras que quieres decirme para intentar arreglar lo que ya has desordenado. Intentas hacerlo de la manera más correcta y sabes que ha pasado más tiempo del debido para darte cuenta de todo. Para adivinar que mis ojos no estaban mojados de lluvia, que no estaba cansada de estudiar, y que no suspiraba por falta de sueño. Debiste saber que la última noche la pase llorando, que no pude estudiar porque gasté mis horas en recordar la manera más bonita en que aprendimos a conocernos y enamroarnos casi sin darnos cuenta, y no pude conciliar el sueño porque me perdí entre recuerdos de tardes soleadas. De agua en tu pelo, de sonrisas permanentes en mi boca, de dos coca-colas a las siete de la tarde en la ciudad llena de calles aún desconocidas para mí. Debiste saber que sí, que me muero de sueño, de cansancio, de espera, de esprar que llegues y me digas de una vez que es lo que te sucede y por qué a veces me haces sentir tan y tan bien... y otras veces logras dejarme a la altura del subsuelo. Prefiero tu silencio a tus palabras sin mirarme a los ojos. Prefiero tu indiferencia a tu manera de tratarme cuando decides que haya dos espacios de tiempo y un lugar entre nosotros, y gasto tiempo tambien en tratar de entenderte. Y explicarme a mi misma por qué. Si son estos los frutos que recojo,k si esto es lo que tú quierse que haya, si me quedan muchas mas noches de este tipo. Te quedas inmóvil, y me miras en silencio, no dices nada. Dejamos de hablar sobre las cosas que más improtany  podrían salvar muchas de las cosas que dejamos aparte.

Y dejamos correr los días, y se van agolpando los recuerdos de malas frases y gestos feos en nuestra memoria.

Y pasará el tiempo...y no dejaré de preguntarme por qué...

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