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Órdenes de preferencia

Me pregunté si prefería perder(te) a olvidar(te). Me pregunté al cabo de diez segundos, si ambas cosas no terminarían por significar lo mismo. Tampoco me importó. Dejé de pensar, pero no de preguntarme. Ilógico, tal vez. Pero tampoco me importa (ya).

Me pregunté si prefería quedarme al margen o seguir contando en tu vida. Me pregunté si era mejor mirar para atrás con el fin de coger impulso, o de mirar hacia delante ignorando la cantidad de hostias que podrían esperarme si avanzaba. Me pregunté si era eso lo que yo quería, o retroceder y pedirte que cambiaras. Me pregunté si eras de verdad así, o era la vida. Que todo lo jode,deforma,cambia,mueve de sitio y transforma de una manera alucinante. Me pregunté si era aquello lo que tenía que pasar para mirar a la vida con otros ojos, o si simplemente eras tú, viviendo otra vida, preocupándote por ti, por ti, después por ti. Me pregunté si era eso lo que más me dolía, o si era la ausencia de tus ojos en mis ojos. Me pregunté si yo me lo merecía, o si lo que debía hacer era salir corriendo.

Y de alguna manera, lo he hecho. No estoy demasiado lejos, ya sabes, físicamente. Pero en realidad, estamos a años luz. No ya sólo de entendernos, como me gritaba en silencio hace meses. Sino que estamos a años luz de todo, de volver a saber mirarnos a los ojos sin dolernos, de volver a creernos cuando lancemos cualquier palabra, aunque estúpida, al aire que juntamente respiramos. A años luz de oxigenarnos. A años luz de querer aprender de nuevo cómo podemos recomponer(nos), como volver a constuir el muro. A años luz de volver a ser quienes éramos, si es que aquellas dos personas valían demasiado la pena como para compartir tanto tiempo juntos. A años luz de sentarte a diez cm de mí, en la misma alfombra que siempre para sacarme de quicio diciendome que esa no era la película que querías ver. A años luz de volver a compartir las tardes de los domingos. A años luz de marcar nuestro número de teléfono y escucharnos. A años luz de rozarnos la mano o mantenernos en silencio, diciéndonos todo a la vez. A años luz de que seamos personajes importantes, con un deseable guión y un bonito escenario.

Y quizá yo esté todavía a más distancia. Supongo que es así y no me da miedo admitirlo. Tampoco rabia. Podría ser diferente, sí, pero yo estoy bien así, y mentiría si dijera que no me ha costado aprender a no tenerte. Y sobre todo, aprender a restarle importancia al hecho de no poder confiar en ti. Siempre imaginé que no llegaría este momento, en el de tenerte a mi lado y no querer contarte mis problemas, porque no puedo depositar en ti la confianza que antes me sobraba (y a raudales). Pero es así. Creo que tú también lo has admitido, y estarás de acuerdo conmigo en que no hay nada mejor que eso. Bueno, igual mejor que eso sería que todo fuera más o menos como antes, pero yo ya no quiero eso. Sinceramente, no me apetece, no tengo ganas, y más que ganas, no tengo fuerzas. No puedo volver a empezar de 0, no puedo empezar de nuevo otra casa y comenzarla por el tejado no nos saldría rentable. Por lo tanto, sólo puedo dejarte palabras. Ya no suenan a cariño, tampoco a necesidad, ni a bienestar. Pero tranquilo, yo estoy bien, y seguiré estando bien porque todo está casi en calma. Mi vida no toca la tuya, y es así como quería que estuvieran las cosas. No he tardado demasiado ¿verdad? Nunca quise estorbar, nunca quise estar donde no me tocaba, y menos, donde no me apetecía.

Y entre mis órdenes de preferencia, se encuentra, y en los primeros puntos de la lista, el respeto. Es lo más preciado, lo más importante. Lo que debemos guardarnos aunque los años pasen y no sepamos (re)encontrarnos. Y en otro de los puntos, el esfuerzo mutuo de no volver a recordarnos reproches, ni a mencionar ciertas palabras que escuecen, a pesar de no sentir ya nada. Que el tiempo te cuide.

Yo estaré bien.

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1 comentario

Spender -

"No estoy demasiado lejos, ya sabes, físicamente. Pero en realidad, estamos a años luz."

Con esto no conozco a nadie que no pueda sentirse identificado. Este texto es terriblemente humano, pero a la vez puedo ver un rayito de luz que va a cambiar las cosas. Ya verás...
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